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Producir más o buen vivir

Escrito por: María Cobos
Mayo - agosto 2014

Dos modelos de crecimiento, uno que apuesta por el aumento de la producción inagotable en una espiral de la acumulación poniendo en peligro el bienestar de la población; y otro, el de la humanización de la economía que se aventura en un crecimiento que tiene al planeta y a la humanidad como protagonistas y que demanda un cambio de paradigma ante la amenaza de tratar a la naturaleza como un objeto de explotación.

¿La producción de recursos materiales de las empresas es infinita?, ¿hay que transformarlo todo en mercancía para crear necesidades?, ¿para qué tantos productos consumidos?, ¿para qué tanto gasto de energía?, ¿qué pasaría en el planeta si todos sus habitantes imitasen nuestro sistema de producción e hiperconsumismo?

Las últimas décadas se han caracterizado por un modelo de consumo exagerado basado en la máxima producción y explotación ilimitada de los recursos ¿Podremos vivir al actual ritmo de consumo indefinidamente en un planeta finito? Actividades extractivas legales e ilegales, acaparamiento de tierras agrícolas para fines industriales que perturban gravemente los ecosistemas y los ponen en peligro por el crecimiento acelerado de la industria desmesurada, la devastación de los bosques, el efecto invernadero, el empobrecimiento de los suelos fértiles, la creciente escasez de agua, la contaminación del aire y del agua... A mayor crecimiento, mayor erosión de los recursos y a mayor acumulación de riqueza de los países ricos, más intensa es la pobreza en los países empobrecidos. Vivimos una insondable separación entre la naturaleza y las personas, donde la primera es reconocida como un objeto de carácter utilitario y no como protagonista y titular de derechos. Preocuparse de la humanidad implica responsabilizarse y respetar el entorno natural como fuente de vida, el derecho a regenerar su biocapacidad acorde con sus ciclos evolutivos. Significa revertir la lógica perversa del capitalismo que tiene como finalidad la máxima producción y la acumulación de beneficio.

Las necesidades creadas… de las cosas que no necesito

Hemos creado necesidades, las empresas en el marco de sus publicidades y marketing, dentro de su crecimiento ilimitado nos proporcionan necesidades que no son reales y si no las alcanzamos nos provocan ansiedad, frustración y depresión. Tenemos la necesidad de tener necesidad y ese estado nos anula el poder de ser libres. El afán de acumular y consumir bienes y servicios, es el vivir para trabajar y trabajar para consumir… moda, alimentos, bebidas, propuestas de ocio, cultura. Los medios de comunicación influyen en la decisión de compra de los consumidores, y tienen ausente, en el proceso informativo, el discurso de un planeta sostenible que hace compras conscientes y responsables.

El concepto de desarrollo sostenible utilizado por primera vez en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992 –la Cumbre de la Tierra y la Declaración de Río– hace referencia a un crecimiento económico susceptible de satisfacer nuestras necesidades hoy en términos de bienestar, sin afectar, ni comprometer a las generaciones futuras para satisfacer la suyas. Valora la vida humana y tiene a las personas como el centro y sujetos del desarrollo. Para ello tiene como tarea la modificación de pautas insostenibles de consumo y producción, y protección y gestión de la base de recursos naturales del desarrollo económico social.

Para alcanzar un consumo y una producción sostenible, los gobiernos, la industria y las personas que consumimos tenemos la responsabilidad de cambiar nuestras conductas hacia un modelo de consumo más responsable, solidario y sostenible que contemple los aspectos ambientales y sociales de cada producto y que requiere a su vez de la reducción del consumo pensando en las necesidades reales de cada persona. Significa que debemos optar por productos y servicios de menor impacto ambiental y social; elegir entre bienes que valoran la justicia social, la solidaridad, la dignidad humana y la protección medioambiental. Cambiar las prácticas económicas y el sistema cultural es un imperativo ético, hay que rechazar la actitud que promueve un crecimiento sin tener en cuenta los daños a la vida de la naturaleza y a la humana. Actualmente se da la paradoja que las ciudades son consumidoras de recursos provenientes del medio natural, y a la vez depositan en éste los deshechos que ellas producen.


Claves para un desarrollo sostenible

  • Acelerar el cambio hacia modalidades de consumo y la producción sostenibles con objeto de promover el desarrollo económico y social dentro de los límites de la capacidad de la sostenibilidad de los ecosistemas.
  • Multar y sancionar actividades que son fuente de problemas medioambientales.
  • Aumentar las inversiones en métodos de producción menos contaminantes y medidas de eficiencia ecológica en todos los países.
  • Promover la industria para que sea más ecoeficiente, y reduzca sus necesidades de materiales y costos, reduciendo la emisión de gases tóxicos y consumo de energía eléctrica.
  • Fomentar el desarrollo local dado que contribuye a disminuir el número de intermediarios y aumenta el beneficio de la zona.
  • Producir bienes que sean durables y se puedan reutilizar. No a la obsolescencia programada de los productos.
  • Evitar la producción de desechos o reducirla al mínimo y aumentar al máximo el reciclado y el empleo de materiales alternativos.
  • Utilizar de manera racional los productos químicos y proteger la salud humana y el medio ambiente, reduciendo al mínimo los efectos adversos.
  • Capacitar a las comunidades y a los gobiernos para implementar las metas y objetivos de sostenibilidad.
  • Integrar los procesos del desarrollo sostenible en políticas y programas, en todos los niveles y sectores.
  • Lograr de manera ecológicamente sostenible, el incremento de la producción de alimentos y el mejoramiento de la seguridad alimentaria.
  • Promover la aplicación del Programa de Acción Mundial para la protección del medio marino.
  • Lograr la ordenación sostenible de los bosques, para reducir la deforestación y la pérdida de biodiversidad.
  • Proveer una administración eficiente para construir la base para el desarrollo sostenible y la capacidad para mejorar los estándares de productividad.
  • Reducir los costos medioambientales y proveer una mayor conciencia.

El futuro que queremos: el buen vivirir

Queremos el bien de nuestra sociedad y la futura, un modelo basado en valores como el compromiso, la honestidad, la solidaridad, la dignidad humana, la justicia social, la responsabilidad y la empatía con modelos más ecológicos acordes con el sostenimiento de la vida y el bien común que se aplican a la economía social, la educación, la salud, a la conservación de la biodiversidad, la vivienda, los transportes, el consumo y la soberanía alimentaria.

La economía del bien común pasa por cambiar un modelo económico, basado en la competencia salvaje y el beneficio privado, por otro, basado en el bien común y la cooperación, donde cuanto más ecológico, social y solidario es el comportamiento de las empresas mejor es la plusvalía social y medioambiental en cuanto a reducción de la huella ecológica de empresas e individuos en el planeta.

El concepto quechua Sumak Kawsay, más conocido como vivir bien o buen vivir de los pueblos indígenas, está relacionado con la noción del bien común de la humanidad desarrollado por la Asamblea General de Naciones Unidas durante la sesión 2008-2009 y es una crítica al modelo actual de desarrollo al mal desarrollo que conduce al malvivir; para construir una mayor calidad de vida tanto en las personas como en la naturaleza. No se puede vivir bien si se explota salvajemente la naturaleza, en cambio vivir bien implica el acceso y disfrute de los recursos materiales en armonía con la naturaleza y las personas. Es una propuesta alternativa para una nueva sociedad, un nuevo desa-rrollo que consiste en satisfacer las necesidades materiales tomando de la naturaleza lo necesario para alimentarnos, sanarnos, movernos y vivir.

El desarrollo sostenible, el derecho a que se respete íntegramente la naturaleza no puede realizarse sin la participación efectiva de los humanos, se trata del “nosotros” y no del “yo” y el bien común de la humanidad es una meta donde debemos orientar nuestras acciones, hacia el consumo responsable como herramienta de cambio social. Producir en función de las necesidades humanas y no solamente de las ganancias que reportan las empresas a nivel individual. Como ha manifestado Naciones Unidas se trata de que los gobiernos y los organismos internacionales competentes, el sector privado y todos los grupos principales deben desempeñar un papel activo con miras a modificar las modalidades insostenibles de consumo y producción.

InteRed, tiene en marcha en la actualidad la campaña para la sostenibilidad: Actúa con Cuidados. Transforma la realidad”. 


Informe Global de Evaluación Ambiental (junio de 2012)

  • El mundo ha perdido más de 100 millones de hectáreas de bosque desde 2000 a 2005. Desde el año 2000, 6 millones de hectáreas de bosque primario se han perdido cada año.
  • En algunas regiones, el 95% de los humedales se ha perdido.
  • Dos tercios de los ríos más grandes del mundo se encuentran ahora entre moderada y severamente fragmentados por presas y embalses.
  • La población de vertebrados ha disminuido un promedio de un 30% desde 1970, 18.788 especies de las 52.017 hasta ahora evaluadas están amenazadas de extinción.
  • El declive tiene lugar más rápidamente en los trópicos, en hábitats de agua dulce y en especies marinas utilizadas por los seres humanos. La degradación de los hábitats naturales ha experimentado un descenso del 20% desde 1980.
  • De los 5.490 mamíferos del mundo, 78 están declarados como extinguidos o extinguidos en estado silvestre; con 188 en peligro crítico y 492 vulnerables.
  • 1.895 de los 6.285 anfibios están en peligro de extinción, convirtiéndose en el grupo de especies más amenazado hasta la fecha.

Dos tomates y dos destinos

La agricultura tradicional española se ha adaptado a un modelo moderno económico que lleva a incrementar la explotación de frutas y hortalizas a base de tecnificación para producir a costes competitivos mediante el uso de pesticidas, fertilizantes químicos y el monocultivo para la rentabilidad económica.

Un tomate transgénico y de invernadero que sale de Huelva a Barcelona y un tomate de campo, de los de toda la vida, que sale de Barcelona a Holanda, tienen unos costes de transporte que no entran dentro del gasto que asume la empresa y que tiene que ver con los “invisibles” costes medioambientales (gases contaminantes, deforestación, etc) que pagamos todos. Consumir productos que vengan de las economías locales minimiza el impacto ambiental al reducir el gasto energético, el uso de combustibles y la contaminación.

El libre comercio nos lleva a la compra y venta de frutas y hortalizas por parte de productores, empresas distribuidoras e hipermercados que confiere un dinamismo internacional a costa de la contaminación atmosférica de nuestro planeta.©


María Cobos

Periodista. Responsable de Comunicación de la ONG InteRed


 

 

Utopías del siglo XXI

Utopías del siglo XXI

El monográfico de éste número tratará de definir nuestra meta, aquello hacia lo que nos dirigimos, el motor que mueve el mundo, ese lugar que parece inalcanzable y parece alejarse un paso con cada paso que damos: Las Utopías del siglo XXI. El Ecosocialismo, el feminismo como utopía, las ideologías que abanderan utopías, la educación para todos, los Objetivos del Milenio marcados por la ONU, el movimiento de los indignados basado en otros mundos posibles, la economía sostenible, Movimiento por la Paz, el liberalismo, la utopía de vencer la enfermedad, la belleza y juventud eterna, el perfil de las personalidades utópicas…


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