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¿Cómo responder al Califato?

Escrito por: Carmen Fernández Aguinaco
Septiembre - Octubre 2014

El ciudadano medio estadounidense posiblemente ni sabe, ni contesta. Pero más posiblemente aún no quiere saber nada de más acciones de guerra en países demasiado lejanos. Las sucesivas intervenciones en Oriente Medio a juicio de muchos, no han dado al país ningún motivo de orgullo.

Demasiados marines muertos, demasiado caos tras la retirada de Irak, más las abominables escenas de Abu Graib o la vergüenza inacabable de Guantánamo, y el fracaso de la libertad y la democracia tanto en Afganistán como en Irak, representan un saldo difícil de asumir por el orgullo nacional. De modo que la indecisa actitud inicial del presidente Obama podría interpretarse como la expresión de lo que sienten sus compatriotas.

No queda más remedio

La reacción ante las atroces imágenes de degüello no fue mucho más allá de la condena verbal y la amenaza… Queda lejos el sentimiento colectivo ante el horror del 11S.

No obstante, en una de sus más recientes alocuciones semanales el presidente, enfatizó, como ya lo hiciera en su discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el liderazgo indiscutible del país para oponerse a la tiranía y hacer frente a la injusticia… en todo el mundo. Lo cierto es que tanto los países considerados como moderados y prooccidentales (aún con su peculiaridades escasamente democráticas), como las naciones europeas, se encuentran incapaces, por completo para hacer frente a la amenaza del radicalismo islámico. “Eliminar de raíz un cáncer como el Estado Islámico no será fácil ni rápido”, ha dicho Obama “Estamos urgiendo a los países de la región para que apoyen a los iraquíes en la lucha contra estos terroristas bárbaros, y con este objetivo estamos construyendo una coalición internacional”.

EE UU, que se retiró de Irak en 2011, ha regresado a este país para bombardear al EI (siglas con las que se conoce al llamado Estado Islámico) y lo ha hecho con el permiso del Gobierno iraquí. El secretario de Defensa, Chuck Hagel, ha anunciado que siete países —Albania, Canadá, Croacia, Dinamarca, Italia, Francia y Reino Unido— se han sumado a EE UU en el compromiso de suministrar armas y equipamiento a las fuerzas kurdas, que combaten a los insurgentes suníes en el norte de Irak.

Obama no querría meterse solo en Siria ni afrontar unilateralmente la amenaza yihadista en el vecino Irak. De ahí que la Casa Blanca haya lanzado una campaña diplomática en busca de aliados. The New York Times detalló la lista de países cuya colaboración EE UU ha pedido: Australia, Reino Unido, Jordania, Qatar, Arabia Saudí, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos. Algunos de estos países aumentarían la ayuda a la oposición siria moderada; otros, como Reino Unido y Australia, participarían en los ataques aéreos, según fuentes oficiales citadas por el Times.

Las lecciones de la última década pesan en cada decisión del presidente Obama. En su visión de la política exterior, un ataque unilateral, aunque sea aéreo y excluya el despliegue de tropas, como es el caso en Irak y Siria, es anatema. Los debates en la Administración Obama giran en torno a los riesgos de las operaciones —¿debilitan o a la larga refuerzan al EI?—, a qué objetivos elegir para bombardear y a la efectividad de un ataque.

En Irak, el objetivo era frenar el avance del Estado Islámico hacia Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, aliado de EE UU, y prevenir la matanza de la minoría yazidí. En Siria los objetivos parecen menos definidos.

Según el Frankfurter Allgemeine Zeitung “sin Estados Unidos la Otan no puede hacer nada”. Los países miembros no dedican a defensa el gasto al que les obliga su pertenencia a la organización y no disponen de medios para hacer frente a una guerra.

Esto es una guerra

Porque lo crea o no Obama, esto es una guerra y no una lucha contra el terrorismo. No tiene nada que ver con Al Quaeda, ni con la persecución a Ben Laden aunque las imágenes de degüello hagan pensar en un grupo enloquecido de criminales.

“Ya no estáis combatiendo contra una insurgencia, somos un ejército islámico y un estado que ha sido aceptado por un gran número de musulmanes en todo el mundo”. Estas fueron las palabras pronunciadas a cámara por el ejecutor del periodista James Foley, un yihadista miembro del Estado Islámico (EI), antes de seccionar el cuello de su víctima. Y lo más terrorífico es que tiene razón: el califato decretado por el líder del grupo, Abu Bakr Al Bagdadi, lleva camino de convertirse en un estado con sus infraestructuras, su Administración, su sistema de justicia, sus fuerzas armadas y sus propias fronteras.

En el mes pasado, las acciones conjuntas del ejército iraquí, los milicianos kurdos peshmerga y los bombardeos aéreos estadounidenses han conseguido expulsar a los combatientes del EI de la presa de Mosul, el embalse y la refinería de Haditha, y la localidad de Akashat, en la provincia de Anbar, rica en minas de fosfatos. Los tres lugares tienen un elemento en común: todos ellos son puntos estratégicos en términos económicos.

No ha sucedido lo mismo en otros lugares, como Tikrit, donde los yihadistas repelieron por tercera vez a las tropas iraquíes. El Estado Islámico mantiene bajo su control otra presa, la de Faluya, así como cuatro importantes refinerías en Irak y Siria, además de numerosos yacimientos de petróleo y gas, y alrededor de una decena de bases militares. Y tal vez lo más inquietante es que este grupo ha conseguido unir por carretera todos estos puntos en un territorio homogéneo, con la salvedad de la ciudad siria de

Deir Az Zor, donde siguen teniendo una importante presencia tanto el ejército sirio como los opositores del llamado Frente Islámico.

“Somos soldados del islam y hemos asumido la responsabilidad de devolver la gloria al Califato Islámico”, declaró el grupo en un comunicado el pasado junio, en el que anunciaba una serie de normas de obligado acatamiento para la población bajo su mandato.

Desde el entorno de los servicios de seguridad estadounidenses se afirma que el grupo terrorista es altamente profesional y cuenta con una formación y un equipamiento excelentes. Los combatientes actúan como un verdadero Estado dotado de potentes fuerzas armadas. “Es lo más aterrador que he visto en mis años de servicio”, afirma Eric Holder, secretario de Estado de Justicia.

Sea como sea, los métodos extremos de los yihadistas resultan atractivos para miles de musulmanes radicalizados, y la rápida expansión del califato está generando un “efecto llamada” para muchos de ellos. Y aunque la comunidad internacional ya está reaccionando –le ha costado, la verdad y ha permanecido bastante impasible ante la persecución de la que están siendo objeto cristianos y yazidíes– el número de nuevos reclutas no deja de aumentar: al menos 6.300 durante el mes de julio, de acuerdo con el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, un millar de ellos venidos de fuera de Oriente Medio, que alimentan una fuerza de combate estimada hasta ese momento en apenas 15.000 hombres. Y con cada nueva población “liberada” en territorio suní, aumenta el número de voluntarios. Todo apunta a que la guerra contra el Estado Islámico será larga.

Según algún comentarista, para los no musulmanes, esta novedad reviste implicaciones complejas y espinosas. En la vertiente negativa, los islamistas violentos se sentirán animados a la hora de lograr sus repugnantes objetivos, dejando una estela de casquería a su paso. Por la parte positiva, el bárbaro fanatismo del califato surtirá el saludable efecto de despertar a muchos de los que todavía están dormidos frente a los horrores del programa islamista.

Pero Obama no acaba de verlo…

Desde que a principios de agosto empezaron los ataques aéreos contra posiciones del EI en el norte de Irak, la Administración Obama ha insistido en que la solución al conflicto ni es militar ni está al alcance de las Fuerzas Armadas norteamericanas. Obama cree que los yihadistas no sólo amenazan intereses de EE UU sino a los vecinos de Oriente Próximo y a otros aliados, entre ellos europeos.

En la conferencia de prensa diaria, el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, dijo ayer que la implicación internacional era necesaria para estabilizar la región a largo plazo. “Una operación militar dirigida por EE UU no es una solución duradera”, dijo Earnest.

Al comienzo de las acciones de EI, Obama confesó que no tenía una estrategia para luchar contra el Estado Islámico y sus avances en Irak y Siria; poco despúes el presidente presentó su plan para “degradar y finalmente destruir al grupo terrorista”.

Florentino Portero, profesor español y comentarista de política internacional afirmaba recientemente: “plantearse luchar contra un movimiento revolucionario e insurgente como si nos enfrentáramos a unas células terroristas no augura nada bueno. El orden del ISIS no se eliminará solamente con drones y unidades de operaciones especiales. El presidente no quiere reconocer que el ISIS es un movimiento islámico. De hecho, no deja de ser verdaderamente sorprendente que el presidente de los Estados Unidos se arrogue la autoridad teológica que le permita definir quién pertenece al islam y quién no. Una cosa es afirmar, como hizo en su día George W. Bush, que no todos en el islam son terroristas y otra muy distinta creer que el terrorismo islámico no es islámico. ¿Cómo explicar entonces los discursos de sus líderes, las referencias al Corán, sus rezos y prácticas, la aplicación de la sharia y sus referencias alcalifato? El ISIS no es un grupo nihilista, como el presidente y su secretario de Estado han repetido incansablemente. Muy al contrario, es un movimiento de creyentes”.

En junio de 2009 el Presidente Obama pronunció un discurso en la Universidad de El Cairo que tuvo gran repercusión en los medios. Fueron palabras conciliadoras, llenas de alabanzas al Isam y de deseos de diálogo… Tal vez obedecieron a un cálculo político o tal vez reflejaron alguna convicción íntima o una indisimulable simpatía hacia una religión y una cultura que no le sonmuy ajenas. Tal vez sus propias vivencias de niño y joven cuando ocasionalmente acompañaba a su padrastro Lolo Soetoro a la mezquita, o cuando se relacionaba cordialmente con uno de sus hermanastros, Malic Obama del que se comenta su proximidad a los Hermanos musulmanes. Cinco años después de aquel discurso la situación presenta unas aristas mucho más amenazadoras… y el presidente ha tenido que decidirse a actuar.©


Carmen Fernández Aguinaco

Actualidad desde Chicago


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¿Qué nos convierte en una especie inteligente? ¿Qué serie de procesos han desembocado en ello? Porque se ha puesto de manifiesto de forma repetida cuáles son las diferentes inteligencias: la interpersonal/ intrapersonal, musical, espacial, lingüística, lógica matemática, naturalista y corporal cinestésica, CRÍTICA, en éste número atraviesa la barrera de su enumeración y definición para comprender qué suponen realmente y el valor del equilibrio entre todas ellas. Acompáñenos a un viaje al interior de nuestro cerebro, responsable de todas las manifestaciones humanas.


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