25Septiembre2022

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La educación hoy: un tesoro en nuestras manos

Escrito por: Rosa Elosúa de Juan
Noviembre - Diciembre 2011

Nosotros, que tenemos “la cabeza y el corazón en el momento presente”1.

Lo más necesario, difícil, e incluso rentable es la educación. Ésta es la clave para avanzar juntos en humanidad y la oportunidad nueva que tenemos cada día. Este artículo se escribe celebrando el I Centenario de la Institución Teresiana, fundada por el “pedagogo y humanista español”2, Pedro Poveda, sacerdote y santo.

En este contexto, me gustaría contribuir, desde esta reflexión a ver mejor qué podemos hacer hoy, personal y como colectivo social por, a través y para mejorar nuestra educación. Voy a referirme sólo al educando, dadas las limitaciones de espacio con las que cuento.

Partimos de que tenemos que evolucionar, a partir de la integración de todos los aspectos que siguen siendo válidos. Pero habrá que hacer también los cambios necesarios e incorporar algunas respuestas inéditas a las necesidades de las nuevas generaciones. Hoy tenemos educandos que son nuevos protagonistas, en nuevos espacios y con nuevas formas de innovar en educación. El Congreso EDUCA 2011, que se ha celebrado en Madrid (del 8 al 10 de diciembre), recoge muchos desafíos actuales para el óptimo desarrollo del potencial educativo.

Del término “educar” siguen siendo válidas las dos acepciones que nos ofrece el Diccionario de la Real Academia Española y que provienen de sus raíces etimológicas, educere y educare. Por una parte, se trata de desarrollar las facultades intelectuales y morales del educando (de dentro hacia fuera) y, por otra, se trata de enseñar (de fuera hacia dentro). Pero ¿educar y enseñar para qué, qué y cómo? Éstas son cuestiones claves. Digamos, de entrada, que la finalidad requiere que los educandos lleguen a realizarse plenamente como personas y sean libres, responsables y felices. Esto conlleva recuperar el sentido y los fines de la educación, a veces hoy ausentes. Del difícil arte y tarea de educar, sigue siendo válida la perspectiva de educar para transformar la sociedad. Pero educar ¿para qué sociedad?

Para conseguir esa persona libre, responsable y feliz, es necesario educar la persona entera con su dimensión cognitiva, emocional y afectiva, corporal y física, sexual, social, ética y espiritual, estética y artística. Ahora bien, actualmente no están todas las facetasde la persona igualmente potenciadas. Como ya escribimos hace algunos años3: Una de las claves educativas para el siglo XXI es la necesidad de restablecer la relación entre el conocimiento científico-tecnológico y el conocimiento de las ciencias humanas. No hay problema más urgente que la reconciliación entre la cultura tecnológico-científica y la humanista. Esta brecha no ha hecho más que acentuarse, aún más, en los últimos años.

Dimensión cognitiva

En este arte y dedicación permanente en la tarea de educar a la persona entera, de la dimensión cognitiva, hoy se necesita ampliar la educación y enseñanza de las operaciones mentales, desde comprender, crear, comparar, experimentar, reflexionar hasta valorar. La cognición humana es situada y encarnada, como nos dice la Psicología Cognitiva actual. Es evidente que hoy, más que ayer, necesitamos aprender y enseñar a leer libros e hipertextos en pantallas digitales, de manera más creativa e innovadora; es imprescindible también el conocimiento y uso de las diferentes lenguas para comunicarse y trabajar en una sociedad globalizada. Asimismo, tenemos que incorporar la neurociencia cognitiva4 sobre el cerebro y el aprendizaje a la educación5.

Entre las necesidades actuales de los educandos, hoy no suficientemente atendidas, tenemos que señalar la dimensión emocional y afectiva, a pesar de que se han dado pasos. Tenemos que aprender y enseñar a gestionar mejor su capital de emociones: reconocer las diferentes emociones humanas y saber comunicar a los compañeros y amigos las alegrías, penas, sorpresas, miedos, preocupaciones y deseos. Es necesario aprender y enseñar a ser y tener amigos; afrontar y superar las dificultades y los desengaños; cultivar el sentido del humor, la risa y la sonrisa y saber compartir lo bueno y lo malo. Hay que enseñar a gestionar emocionalmente el saber ganar y perder; aprender y enseñar a colaborar y competir; aprender y enseñar a ser protagonista y a estar en un segundo plano; aprender y enseñar a ser el primero y también el último; aprender y enseñar a equivocarse; aprender y enseñar a enfadarse y a contentarse de nuevo; aprender y enseñar a ser tolerante, paciente y pacífico; aprender y enseñar que la autoestima personal es compatible con la estima de los demás y con la autocrítica.

La finalidad de la educación es conseguir que los
educandos lleguen a realizarse plenamente como personas
y sean libres, responsables y felices. Esto conlleva
recuperar el sentido y los fines de la educación, a veces
hoy ausentes. Del difícil arte y tarea de educar, sigue
siendo válida la perspectiva de educar para transformar la
sociedad. Pero educar ¿para qué sociedad?

Corporeidad y sexualidad

De la dimensión corporal y física, quisiera resaltar la necesidad actual de aprender y enseñar hábitos y estilos de vida saludables, con el ejercicio físico y el desarrollo de la educación deportiva (que implica trabajar en equipo, superarse, esforzarse, concentrarse y ponerse metas alcanzables). También hoy, más que ayer, es necesario aprender a comer bien porque las opciones son muy amplias y vivimos con un ritmo rápido, e incluso acelerado, que incide en la forma de alimentarnos. Hoy, más que ayer, es necesario aprender y enseñar a gestionar bien los tiempos de trabajo (incluyendo las posturas corporales que son más monolíticas y homogéneas), descanso, ocio y recreo. Debido también a nuestra mayor esperanza de vida, hoy más que ayer, es necesario educar la integración de lo que es la condición humana, incluyendo la enfermedad (física, psicológica y mental) y también el límite de la muerte, como seres vivos que somos.

De la dimensión sexual, hoy como ayer, es preciso aprender y enseñar a querer a los demás y mantener vínculos afectivos con las personas que amamos. Pero hoy, más que ayer, es necesario aprender y enseñar una educación sexual y afectiva amplia y completa. Y también hoy, más que ayer, por una parte, es indispensable aprender y enseñar a respetar las diferentes formas de amarse los seres humanos con las opciones de heterosexualidad y homosexualidad. Por otra, es muy necesario avanzar en el respeto de la igualdad en dignidad y derechos entre los dos sexos, separando sexo y género, desterrando con tolerancia cero todas las discriminaciones contra la mujer y todo tipo de violencia sexista física, simbólica, psicológica o cultural.

Vivir en sociedad

De la dimensión social, hoy como ayer, es necesario una educación para la responsabilidad social. Sin embargo, la sociedad globalizada que vivimos hace imprescindible, hoy más que ayer, el aprender y enseñar a trabajar en equipo, incorporando una educación intercultural, ecológica y ambiental, una educación vial y una educación para la ciudadanía6 (a escala local, estado, contexto geográfico cultural -en nuestro caso la Unión Europea-, pero también planetaria y universal). En este camino que acabamos de trazar, es más necesario que nunca, una educación para la gestión y resolución de conflictos7 y también una educación para la paz.

De la dimensión ética y espiritual hay mucho que aprender y enseñar. Por eso las hemos desglosado. De la dimensión ética, es necesario aprender y enseñar: los derechos humanos, incluyendo los de tercera y cuarta generación; a poner las normas de los juegos entre todos y a respetarlas; los gestos de honradez y por contraste los de engaño; a ver más allá de las apariencias y a no juzgar por los estereotipos; a desenmascarar los prejuicios que tenemos, personal y culturalmente; a discernir y a tomar decisiones; a compartir, ser solidarios y comprometerse con los demás, empezando por los más cercanos y ampliar las diferentes escalas hasta la universal. También hoy es necesario aprender y enseñar a comportarse en los momentos de riesgo (amenazas, fuego y terremotos, entre otros). Es necesario aprender y enseñar a utilizar mejor todos los bienes materiales, intelectuales y culturales.

Para conseguir esa persona
libre, responsable y feliz, es
necesario educar la persona
entera con su dimensión
cognitiva, emocional y
afectiva, corporal y física,
sexual, social, ética y
espiritual, estética y artística.

Apertura al Espíritu y a la belleza

Con la apertura a la trascendencia, de la dimensión espiritual y religiosa, podemos aprender y enseñar cómo la especie humana ha creado diferentes sistemas de creencias a lo largo de la historia; cómo se han formado diferentes religiones en diferentes momentos de la historia y en diferentes culturas y lugares geográficos. Asimismo, hoy más que ayer, tenemos que aprender y enseñar a dialogar a los creyentes entre sí (educación ecuménica e interreligiosa) y también con las personas ateas y agnósticas. Y para quienes lo quieran y elijan para sus hijos y educandos, hay que aprender y enseñar también una educación religiosa propiamente (cristiana, judía, islámica o budista, entre otras), que tiene diferentes ámbitos para su desarrollo pleno (la familia, la escuela, las propias instituciones y mediaciones de cada religión, etcétera). Hoy, más que ayer, es necesario aprender y enseñar: el sentido de la vida; a agradecer y perdonar a los demás; a tener esperanza.

De la dimensión estética y artística, hoy como ayer es necesario aprender y enseñar el dibujo técnico y el artístico, pero es preciso impulsar más la educación y enseñanza musical, así como las diferentes artes (escultura, pintura, poesía, cine, entre otros), incluyendo también el uso de los diferentes materiales y recordando los nuevos espacios y formas de innovar en educación. Sin olvidarnos del teatro porque desarrolla la capacidad de empatía y comprensión de los demás. Pero hoy, más que ayer, es necesario aprender y enseñar la importancia del silencio y de la soledad para crear. Es preciso aprender y enseñar a valorar: la belleza de las grandes obras y también de los detalles pequeños; las obras artísticas de tu pueblo, ciudad, autonomía y país, pero también es necesario conocer el patrimonio artístico e histórico de la humanidad.

Me gustaría terminar renovando la esperanza en nuestro compromiso en, por y para una educación mejor y más completa para todos: con el tesoro de la educación en nuestras manos, “todos podemos cambiar el mundo”8, empezando por nosotros mismos. Se trata de dar lo mejor de nosotros y poner al servicio de Dios9 y los demás, como nos recuerda Pedro Poveda hoy, nuestras pasiones, carácter y modo de ser para que nos lo perfeccionen.©

NOTAS

1. Poveda, P. Obras I. Creí, por esto hablé. Narcea, Madrid, 2005 [521].
2. Poupard, P. Pedro Poveda humanista en sus coordenadas históricas. Centenario de Pedro Poveda 1874-1974.
3. Elosúa, M.R. Tecnología y sociedad: retos educativos. Crítica, nº 918, 76-80.
4. Blakemore, S-J. & Frith, U. Cómo aprende el cerebro. Las claves para la educación. Ariel, Barcelona, 2007.
5. Nota personal de la autora: Formo parte de un Proyecto de investigación CONSOLIDER-INGENIO 2010, COEDUCA CSD2008-00048, del Ministe-rio de Ciencia e Innovación, “Cognición y Educa-ción”, en el que se incorpora la neurociencia cognitiva, además de los análisis genéticos, a la ciencia cognitiva actual, en la descripción y comprensión del fracaso educativo en España.
6. Bartolomé Pina, M. (Coord.). Identidad y ciudadanía. Un reto a la educación intercultural. Narcea, Madrid, 2002.
7. Pérez Serrano, G. y Pérez de Guzmán Puya, M. V. Aprender a convivir. El conflicto como oportunidad de crecimiento. Narcea, Madrid, 2011.
8. Cf. Este es el lema de Bill Drayton, Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2011.
9. Poveda, P. Obras I. Creí, por esto hablé. Narcea, Madrid, 2005 [43].


 Rosa Elosúa de Juan

Profesora Titular de Psicología (UNED)


 

Los menores en España

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