22Octubre2017

Revista Crítica

El Greco

Escrito por: Francisco Vicent Galdón
Marzo - Abril 2014

Un rupturista y renovador del arte de su tiempo

Comienza el presente año con una importante conmemoración: la del IV Centenario de la muerte del Greco. Efeméride que está plagada de actos programados para 2014 bajo la denominación de “Año del Greco” y que traerá a varios museos de nuestro país y, en particular, a Toledo gran parte de la producción pictórica del artista cuya creación se estructura en tres períodos: cretense, italiano y español. Sin duda, esta celebración hará historia, será un hito en la revisión e itinerarios del artista y para su última morada, Toledo. Por nuestro país, a lo largo de 2014, pasarán casi todas las obras pintadas y catalogadas del artista cretense-español. 

Pero ¿quién fue Doménikos Theotokópoulos? (el pintor firmó siempre así sus obras), un griego nacido en 1541 en Creta, conocido en Italia como Il Greco y en España como Doménico Greco o El Griego. De ahí, que en la actualidad lo conozcamos como El Greco. Este enigmático personaje y singular artista, se erige en uno de los pintores antiguos más modernos e innovadores que hallamos en la historia del arte universal, pues fue un esteta rupturista y revolucionario con el arte de su tiempo y un impulsor y renovador de las formas y de la cromática, hasta el punto de que artistas como Manet, Picasso y Pollock quedaron seducidos con su arte e incluso bebieron de sus fuentes plásticas.

El Greco, por su peculiar estilo, por su espíritu rompedor, siempre alejado de los cánones artísticos de su época, fue tratado con desdén desde la Corte. No olvidemos que el propio rey Felipe II lo apartó de su gran proyecto destinado a decorar El Escorial. De igual manera, se sintió rechazado por gran parte de la nobleza e incluso por los artistas de su tiempo, es por lo que en la actualidad no hallemos seguidores de su técnica y estilo. Si El Greco fue entonces por alguien valorado y entendido, curiosamente ese mérito hemos de reconocérselo a personas eruditas e intelectuales vinculadas a la Iglesia.

 

Pues gracias a ellas, por su mecenazgo y estímulos, hoy podemos disfrutar de una amplia panorámica de su creación que como es evidente, al ir destinadas las obras a lugares de oración, se trata en su mayoría de pinturas de temática y contenido religioso, al margen de algunos retratos dedicados a sus mecenas y protectores. Al proponernos ahora elaborar un perfil de este artista complejo y plural, nos resulta inevitable realizar un recorrido por sus facetas artísticas. La creación del Greco pasó, a grandes rasgos, por tres momentos o facetas bien diferenciadas.

Hubo una primera etapa muy vinculada a su identidad. Aquella cretense de sus comienzos en la que su pintura acusa una notable influencia postbizantina, como consecuencia de los cánones tradicionales que predominaban en su primer entorno. En sus inicios como pintor de iconos ya se acusan algunos matices de influencia occidental, aunque los temas que trata son comunes a los de los artistas greco- bizantinos de aquel momento. Le sigue la etapa italiana donde muestra cierta influencia del arte de ya una evolución pictórica en cuyos detalles entrevemos Greco que luego descubrimos. Es en su tercera y última etapa toledana donde muestra la plenitud y madurez de su arte.

En Toledo, desde su soledad e incomprensión, va construyendo todo un universo de composiciones pictóricas en las que logra la unión de lo terrenal con lo celestial. Aquí aflora El Greco espiritual y místico que conocemos, que concede a sus personajes esa singular estilización que los eleva al cielo. Aquí nuestro fascinante artista del color y la luz, fallecido en 1614, capaz de retratar sus almas, el aire y el espacio, aunque no lograra convencer ni agradar al monarca y a los nobles de su tiempo, con el paso de los siglos ha logrado con su arte cautivar a todo el que contempla su obra.©


Francisco Vicent Galdón

Colaborador de la revista Crítica - Arte -.


 

 

El tiempo, una cuestión siempre abierta

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El monográfico de éste número trata de definir, medir y pesar aquello que se nos escapa entre los dedos como granos de arena: El tiempo. En toda su amplitud, desde la perspectiva metafísica hasta la social, cultural y humana. Encuentre una fotografía de cómo pasa el tiempo a través del ser humano.


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