20Septiembre2017

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Francisco somos todos

Escrito por: Norberto Alcover
Enero - Febrero 2014

Para que nos entendamos desde el comienzo: recogiendo el título de esta sección, ese Guggenheim imponente que es el Papa Francisco, solamente resplandecerá en la medida en que depositemos sobre su persona la confianza y el apoyo necesarios para llevar adelante todas sus propuestas eclesiales y también civiles. Habrá titanio reluciente si cada uno de noso-tros apuesta sin titubeos por el cambio que intenta llevar a cabo el nuevo inquilino vaticano y entramos en la liza que seguramente sobrevendrá porque los perjudicados por tal cambio, que serán muchos, intentarán por todos los medios poner palos en su camino para permanecer en lo de siempre. Porque nuestro eslogan es muy sencillo: "Francisco somos todos".

He comenzado de esta manera tan rotunda porque durante los días de vacaciones en un pueblo mallorquín de nombre Valldemossa, habitado por amigos y amigas de toda índole, en todos los sentidos, he percibido y ha sido materia de discusión, nunca agria pero en ocasiones acalorada, la personalidad y los modos de este Bergoglio, que combina a partes casi iguales un franciscanismo relacional y un jesuitismo pragmático.

Acaricia y besa, pero a la vez determina y ejecuta. Sonríe públicamente, pero de manera decisoria en el silencio de su despacho. Consulta a sus hermanos en el cardenalato, pero no duda en tomar decisiones personales en último término como Papa que es, Obispo de Roma y sucesor de Pedro, responsable de la unidad de los bautizados. Tal complementariedad disgusta a los dogmáticos de turno, que desearían o menos abrazos o menos decisiones, pero nunca esa eximia sabiduría, tan de Jesucristo, que se muestra en amar absolutamente a la persona a la vez que, por amor, se le exige en beneficio del conjunto y según la voluntad del Padre, que le envío. Decían unos que les entusiasmaba esa delicadeza mostrada en ponerse al mismo nivel que los demás, en la medida de lo posible, y exigían de los obispos del mundo que hicieran lo mismo, especialmente en materia de vivienda y de atuendo. Más allá, nada de nada, que para eso el eximio Juan Pablo II ya había tomado medidas pertinentes. Así, como lo escribo: simpatía sí, doctrina cerrada. Otros, sin embargo, adoptaban una postura nada complementaria, antes bien un tanto contraria: algo de simpatía y sencillez, pues bien, pero lo más relevante era poner las manos (¡en plural!) en el arado de los cambios estructurales y doctrinales, es decir, llevar a cabo todo eso que los dos últimos papas no habíanquerido o no habían podido resolver para llevar a cabo ese cambio y ese lío decididos por Bergoglio papa. Comenzando por la Curia y tanto despachismo vaticano en la Iglesia. El Vaticano II a tope, en una palabra, que ya estaba bien de retrasos y marchas atrás.

Pienso, que este papa nuestro muestra la urgencia de complementar una cercanía natural con la sociedad (los creyentes somos ciudadanos como los demás) a la vez que empujar el cuerpo eclesial hacia un cambio actual que permita otear una evangelización pronta y eficaz en esa misma sociedad. Todo junto porque nuestra Iglesia Católica está en este mundo aunque deba de proponerle el Evangelio
revolucionario de Jesucristo: acariciar y exigir, fraternidad y sermón del monte, darse la paz y escuchar la palabra, y siempre todos juntos, asumir el misterio de la consagración y comulgar a Quien es nuestro Camino, Verdad y Vida. Humanismo cristiano. Creer y hablar.

Trabajar para que esto suceda sin dejar paso a los enfrentamientos dogmatistas, es una de nuestras tareas más urgentes. Porque, como ya hemos titulado y comentado Francisco somos todos. A su lado tenemos que estar, lanzando el mensaje de una fe dinámica e interculturizada, a la vez que cercana, una fe que es capaz de besar, de acariciar, de reír. Francisco e Ignacio. Y si me urgen, con un punto de Teresa de Jesús. Titanio Reluciente.©


Norberto Alcover

Colaborador de la revista Crítica - Cultura y fe: titanio reluciente -.


 

 

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La corrupción ocupa de nuevo el segundo lugar en la lista de problemas de los españoles, detrás del paro, "Entender y combatir la corrupción en estos tiempos", "Corrupción (y) política", y firmas como la de Santiago Álvarez Cantalapiedra están recogidos en éste número.


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