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La sociedad del desasosiego

Escrito por: Manuela Aguilera
Julio - Agosto 2010

En la sociedad actual, el estrés se hace más evidente que nunca. No es que no haya existido antes, pero aún con todas las comodidades del presente, la vida parece ser cada vez más difícil. Son tantos los compromisos que tenemos en nuestros trabajos y en nuestros hogares, que no logramos encontrar tiempo para relajarnos. Vivimos atrapados en solucionar problemas. Sin embargo, el objetivo no debe ser el eliminar totalmente el estrés de nuestras vidas –aunque la palabreja viene del inglés stress, que significa tensión, o estado del organismo caracterizado por la falta de tranquilidad ante una posible amenaza–, sino aprender a manejarlo y usarlo para nuestro beneficio. El estrés puede agregar a nuestra vida expectativas y entusiasmo, puede ayudarnos a conocernos mejor, a madurar y crear. Pero cuando esta tensión supera la capacidad de la persona para soportarlo, se produce en ella el desasosiego que impide que pueda sentirse bien y es responsable de infinidad de enfermedades.

El uso del término estrés se ha popularizado sin que la mayoría de las personas tengan claro en qué consiste. Para su clarificación hemos hecho la revista que tiene entre sus manos, porque los seres humanos hoy, viven exigiéndose cada vez más hasta el punto de acelerar desmedidamente sus ritmos de vida, dejándose consumir por grandes demandas físicas, mentales y emocionales. Pareciera que en la actualidad está de moda dejarse llevar por este mundo cada vez más globalizado y sumergido en el consumismo sin darse cuenta de que esta acelerada rutina diaria trae consigo un alto precio.

Pérdida de identidad, tanto personales como colectivas, época de relativismo y de individualismo; abandono de los grandes proyectos, de las utopías, de los relatos de sentido; aparición de fenómenos nuevos, como el alcoholismo juvenil y la difusión del consumo de drogas; “farandulización” de la política; corrupción pública abierta y evidente, exhibida a veces como trofeo; televisión-basura con altos índices de audiencia y entronizamiento de las modelos y actrices como ideales a emular; desdibujamiento de las normas sociales bajo la presión del placer y el beneficio inmediatos, estimulaciones visuales e informativas de talantes variados e indiscriminables… No sólo “todo vale”, sino que todo “da igual”. Estos son apenas algunos de los fenómenos socioculturales que tenemos a la vista en casi todas las sociedades contemporáneas. En suma, una transformación epocal fortísima, cuyo resultado final no es previsible y ante la cual los anteriores modos de respuesta resultan insuficientes. No somos capaces de asumir la monumentalidad del cambio al que asistimos, quizá porque nosotros mismos estamos formando parte de la oleada gigantesca que pretendemos interpretar. Ésta es la actual era del vacío. Pero tras la fiesta, la resaca.

La soledad del sujeto postmoderno es una de sus grandes miserias. Los hijos del nuevo milenio padecemos de una forma espeluznante el desconcierto hasta parecer más bien hijos de un pasmo prolongado que nos inmoviliza. Vivimos bajo la dictadura de la incapacidad de pensar, la amoralidad y la hiperexcitación. Sin ilusiones. Muchos se estancaron en la conquista necia de lo cotidiano, buscando el éxito, la fama, el bienestar, la riqueza… y queriendo obtenerlo sin trabajar demasiado, sin la conciencia del esfuerzo. Otros, se abstuvieron de la cosa pública, nada queriendo y nada deseando, e intentando llevar como podían la cruz de existir, simplemente. Otros se entregaron atareados al culto de la confusión y del ruido, creyendo vivir cuando les atenazaba el miedo, inmersos en una sociedad que les da facilidades para hacer el amor pero no para enamorarse. Vivir, hoy, parece que duele.

Tenemos que aprender a sazonar la vida con el optimismo y la alegría. Pero para acercarse a la felicidad es imprescindible romper las ataduras. La atadura de competir consigo mismo y con los demás; la atadura de ganar dinero, la atadura de mantener el estatus, la del éxito… El optimismo es el más próximo familiar de la esperanza. Por debajo de estos mares de quebrantos y amarguras, hay quienes creen con firmeza que también corren ríos de agua clara y transparente, por debajo del individualismo, el desasosiego y la agresividad hay quien confía en la tenacidad del bien, la generosidad, la solidaridad y la ternura. ©


Manuela Aguilera

Directora de la revista Crítica


 

 

Atrapados por el estrés

Atrapados por el estrés

Ansiedad, estrés, emociones negativas y salud; ¿Qué hacer con el estrés?; Estrés positivo y afecto positivo; La tensión de la vida; Estrés laboral, en el niño, en la vejez; Una filosofía de la vida para la superación del estrés, serán algunos de los artículos complementados otros artículos de opinión y experiencias en primera persona.


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