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El oscuro futuro de la educación

La educación está directamente comprometida en esta crisis y, una de dos, o contribuye a generar caminos para salir de ella, o puede ser el elemento que más y mejor contribuya a que la crisis deje una huella de inequidad de la que nos costará salir décadas. Si no se aprovecha la crisis para replantearse el tipo de sociedad que queremos y el tipo de educación que necesitamos para lograrla, se pierde una oportunidad de efectos devastadores. La educación es cosa de todos porque en todas partes se educa: no sólo se educa en la escuela, sino también en la familia, los medios de comunicación, las relaciones cotidianas, las empresas, la sociedad en su conjunto. Una sociedad comprometida con la educación genera una cultura de la curiosidad, del pensamiento crítico, del conocimiento, de la sensibilidad artística, de la transparencia ética.

Un profesor amigo me comentaba "la educación en España, ahora mismo, es un problemón". Pues sí, –pensé yo– seguro que lo es..., con una tasa de abandono escolar del 28%, ciertamente España tiene un serio problema educativo. Pero a los problemas, mientras nos sea posible, hay que cogerlos por los cuernos, estudiarlos seriamente, averiguar su peso y su tamaño y luego oponérseles con energía y confianza. Si tras nuestros esfuerzos nos aplastan, ¿qué le vamos a hacer? Pero darnos por aplastados de antemano, ni por un segundo debemos contemplarlo.

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Por qué nos duele la vida

Pocas experiencias humanas alcanzan tal grado de universalidad como el dolor. Su registro es tan común como inevitable. De una u otra forma, todos somos personas dolientes, desde el primer sollozo, desde esa primera bocanada de aire que nos entrega a la vida, a pesar de que el ser humano no nace configurado para herir ni para que le hieran. Pero antes de seguir, distinga primero el lector entre dolor y sufrimiento, pues ambas experiencias no son similares. No puede haber más alegría en una madre que pare a su hijo en medio de dolores de parto y no puede caber más sufrimiento en aquel o aquella que pierde a un ser querido, o recibe una ofensa, o ve sufrir a un inocente, o se sabe solo, o rechazado, o sin recursos... aunque en realidad, por todo ello, no le duela más que el alma.

El dolor es parte de nuestra vida cotidiana y tiene el poder de contribuir a hacernos caminar hacia la madurez o de derribarnos hundiendo nuestra existencia en la amargura. Nos duele nuestro dolor y nos duele el de los otros... El mundo está lleno de crucificados, está lleno de personas que sufren, crucificadas por la desgracia, la injusticia, el olvido: enfermos solos y sin cuidados, mujeres maltratadas, ancianos ignorados, niños y niñas violados, emigrantes sin futuro y mucha, mucha gente hundida en el hambre, la miseria o la guerra. Vivimos tiempos dolorosos configurados por la angustia, la incertidumbre, la precariedad económica, la violencia, la crisis de valores sociales, familiares, éticos y morales, el miedo, la indignación y la desconfianza.

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Para qué sirve una Constitución

A propósito del bicentenario de la Constitución de 1812 -llamada popularmente "La Pepa" porque fue promulgada por las Cortes Generales de España el día de San José-, la revista Crítica se adentra con este número en la actual Constitución Española, de cuya aprobación en referéndum han transcurrido ya 34 años.

La historia constitucional de España se construye entre catorce normas básicas, desde la autoproclamada Constitución de Bayona de 1808 hasta la actual Carta Magna de 1978 y aunque pueda darse que algunos lectores y eruditos no estén de acuerdo conmigo, considero que nuestra actual Constitución es la única que, verdaderamente, se puede calificar como tal, al ser la primera redactada por una comisión plural donde estaban representadas diferentes ideologías y la única que el pueblo español ha ratificado en referéndum por mayoría (salvo en Euskadi, donde triunfó la abstención). Los anteriores textos fueron impuestos, en cada época, o bien por Napoleón, o por dictadores locales, monarcas absolutistas o por el partido político de turno, buscando todos ellos imponer sus propias ideas. De ahí que nuestra historia constitucional siempre se haya caracterizado por una alternancia ideológica: a un texto conservador le seguía otro progresista y a éste, de nuevo, otro conservador. En definitiva, un constitucionalismo parcial y poco integrador.

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Río+20, crónica de un desencanto

Según un artículo publicado el pasado mes de junio por un grupo de científicos de todo el mundo, en la revista "Nature", el colapso del planeta Tierra es inminente. El artículo afirmaba que "el próximo cambio del estado global de la Tierra será muy perjudicial para nuestras civilizaciones y no habrá vuelta atrás". "En pocas palabras –continúa–, los seres humanos no han hecho nada realmente importante para evitar lo peor, ya que las estructuras sociales necesarias para ello no existen"...

Concluirán conmigo que, en la actualidad, leer cualquier cosa sobre medioambiente da mucho más miedito que leer a Poe.

En el mismo mes, junio, veinte años después de la realización de la primera Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, la histórica "Cumbre de Río de Janeiro", en la misma ciudad se reunían cerca de 190 representantes de otros tantos países con el propósito de buscar acuerdos que permitiesen la adopción de una política común para detener el intenso ritmo con que está siendo destruido el medio ambiente como consecuencia de una desmedida explotación de los recursos naturales. En Río+20 han participado 45.381 personas, más de un centenar de Jefes de Estado y de Gobierno, unos 12.000 delegados de 188 países, 4.075 periodistas, 1.500 voluntarios, la tasa de ocupación hotelera de la ciudad fue del 95%, la ciudad de Río recibió 110.000 turistas que gastaron 137 millones de dólares, se realizaron 3.500 eventos paralelos, unos 12.000 militantes de ONGD de todo el mundo participaron en representación de 9.856 organizaciones no gubernamentales, la Cumbre de los Pueblos recibió a 300.000 personas, en tanto que la exposición con temática ecologista Humanidade, organizada por empresas privadas, fue visitada por 210.000 personas... y todo ello dejó como legado unas 60 toneladas de basura, según informó el ayuntamiento de la ciudad... ¡Nadie es perfecto!

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Mujeres sin disfraz

Muchas de las mujeres y de los hombres de nuestro tiempo nutren su "saber" en Internet cuando no están interesados especialmente en obtener para sí mismos un pensamiento crítico. Es rápido y no requiere esfuerzo. El éxito de Internet está en que promete realizar el sueño de los seres humanos de encontrar una técnica que resuelva todos sus problemas de comunicación. Y la técnica puede ser global, pero las culturas y las sociedades nunca lo son. Existen identidades, tradiciones, culturas múltiples y diversas que poco o nada asoman en sus páginas. Además, el discurso actual sobre Internet es un discurso idiota, que consiste en decir: si usted está a favor de Internet, es moderno, progresista, joven. Si critica Internet, es un carcamal y un estúpido.

Pues bien, esta estúpida que les escribe, en esta ocasión recurrió a esa fuente sublime del conocimiento y de la información (aunque Internet confunde información con expresión. El hecho de que usted pueda expresarse no significa que produzca información... En Internet no hay elaboración. No se jerarquiza nada. Es puro narcisismo informacional...). Pues como les decía, recurrí a Internet para hacerme una idea de lo que se considera comúnmente "iconos femeninos de nuestro tiempo". Y me he encontrado con tantas tonterías que aún estoy impactada. Reconozco, eso sí, que navegar por Internet es siempre fascinante quizá porque la tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus límites, la tontería no.

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