16Noviembre2018

Revista Crítica

Usted está aquí: Inicio La Revista Monográfico Análisis El miedo en niños y adolescentes

El miedo en niños y adolescentes

Escrito por: Rosa M. Valiente, Bonifacio Sandín y Paloma Chorot
Enero - Febrero 2012

El interés por la investigación de los miedos en la infancia y la adolescencia ha adquirido una importancia creciente en las últimas décadas por tratarse de fenómenos muy frecuentes, asociados al desarrollo infantojuvenil, que pueden perturbar significativamente sus vidas provocándoles sufrimiento y siendo la causa de serios trastornos futuros.

Aunque el miedo puede ser considerado como una respuesta normal y adaptativa, esta también puede ser desadaptativa y patológica, pudiendo incluso ser un primer paso en la génesis de otros trastornos como las fobias y un factor general de vulnerabilidad psicopatológica. A continuación comentaremos algunos aspectos relacionados con la naturaleza evolutiva de los miedos, los factores de predisposición, y el papel de los factores ambientales, tres focos de interés relacionados de forma particularmente relevante con la psicopatología de los miedos y fundamentales para la comprensión de los miedos normativos y de los que requieren atención clínica.

Naturaleza evolutiva de los miedos

El miedo tiene un carácter evolutivo por excelencia, tanto desde el punto de vista filogenético como ontogenético. El significado filogenético de los miedos denota que el ser humano está preparado (filogenéticamente) para asociar fácilmente respuestas de miedo a determinados estímulos y situaciones que pudieran significar algún peligro para la supervivencia. El temor a esos estímulos es, por tanto, un aspecto normal y adaptativo para la especie (véase Sandín, 1997).

Aunque el aspecto filogenético es importante en la adquisición de los miedos, también lo es el proceso ontogenético, siendo este incluso más importante por determinar, a nivel evolutivo, los momentos más vulnerables para la adquisición de los miedos. Ciertos miedos, como por ejemplo el temor a la separación de los padres, pueden favorecer la protección y el vínculo con los padres durante cierto periodo de la vida del niño. Otros pueden obedecer a meros procesos madurativos; p.ej., es probable que ciertos temores aparezcan a medida que el niño experimenta cierto desarrollo en su capacidad cognitiva para reconocer los peligros inherentes a las situaciones potencialmente peligrosas. Por tanto, los miedos se van adquiriendo a lo largo del desa-rrollo en función de las nuevas exigencias y retos de cada etapa evolutiva, de modo que un miedo determinado puede ser normal a ciertas edades y convertirse en patológico en otras.

Algunos autores han estudiado la evolución de los miedos durante los primeros años de vida, encontrando un marcado patrón evolutivo en los mismos, con notables diferencias en la frecuencia de determinados tipos de miedos en función de la edad, con máxima incidencia en torno a los 3 años, de modo que unos tipos tienden a desaparecer a partir de los 6 años (sobre todo algunos más específicos, como el miedo a lo desconocido, a las tormentas, a los monstruos, etc.) y otros tienden a incrementarse. Además de darse algunas diferencias de género en la experiencia de determinados tipos de miedos (Valiente et al., 2003), y con independencia del contexto cultural, las niñas refieren más miedos (tanto en frecuencia como en intensidad) que los niños (Sandín, 1997; Sandín et al., 1998, Valiente, 2001, Valiente et al., 2003). Desde el punto de vista clínico, las chicas tienen más del doble de probabilidad que los chicos de desarrollar alguna fobia. Las diferencias de género comienzan a divergir a edades muy tempranas (hacia los 4 años de edad), siendo muy manifiestas a partir de los 6 años.

Las diferentes fases evolutivas del niño/adolescente se asocian de forma más o menos específica a tipos característicos de miedos, que por su contenido, parecen reflejar un proceso continuo de maduración cognitiva a medida que avanzan las etapas (véase Sandín, 1997). Así, los bebés no suelen experimentar miedo antes de los 6 meses de edad; es a partir de entonces cuando comienzan a expresar miedos evolutivos importantes como los miedos a las alturas, los extraños y la separación. Se ha considerado que estos tres tipos de miedos son innatos en gran medida. No obstante, su aparición denota un proceso de maduración. Por ejemplo, el miedo a las alturas no sólo depende de la edad sino también del desarrollo locomotor del bebé (esto se ha demostrado con el fenómeno del acantilado visual, equivalente al miedo a las alturas que suele observarse entre los 4 y los 9 meses). El miedo a la separación tiene un valor adaptativo-evolutivo, así como el miedo a los extraños. Estos miedos perduran en el inicio de la niñez, surgiendo además el miedo a los fenómenos naturales y a los pequeños animales.

En las dos últimas fases dominan los miedos de tipo social, los cuales denotan la progresiva inmersión del individuo en el mundo de los adultos; aparecen los miedos relacionados con los aspectos sociales, y muchas fobias sociales se originan en estas etapas.

Los miedos tienden a extinguirse espontáneamente a medida que avanza el curso evolutivo del niño. Sin embargo, por alguna razón algunos miedos no desaparecen en ciertos niños o siguen un curso que no se adapta al desarrollo natural de estos, pudiendo deberse a diferencias individuales (p.ej., determinadas genéticamente) que influyen en la adquisición y mantenimiento de tales miedos, o bien a factores ambientales. Podríamos decir que el miedo (patológico) está en función, tanto de características constitucionales, como de las variables ambientales que afronta el individuo, lo cual determinará el curso individual de las fobias y los miedos a través del proceso madurativo. Entre los factores constitucionales, existen factores generales, como la inhibición conductual y el neuroticismo, y factores más específicos, como la sensibilidad a la ansiedad y la sensibilidad al asco. Los factores ambientales se plasman fundamentalmente a través de procesos de aprendizaje y mediante factores familiares vinculados al apego y los estilos de crianza.

Factores de predisposición de los miedos

Existen diferentes factores de riesgo o predisposición hacia el miedo que, en último término, favorecerían la adquisición del mismo mediante la intervención de diferentes vías de aprendizaje asociativo. Aunque los factores que predisponen en el niño el desarrollo y/o mantenimiento de los miedos pueden ser múltiples y diversos, por su especial relevancia desearíamos resaltar la inhibición conductual y la afectividad negativa, como factores generales, y la sensibilidad a la ansiedad y la sensibilidad al asco como factores más específicos.

La inhibición conductual es un rasgo temperamental que puede observarse tempranamente en algunos niños, y consiste en una tendencia a reaccionar con elevado miedo y retraimiento en situaciones nuevas o no familiares (véase Sandín, 1997). La investigación ha demostrado que los niños y adolescentes que manifiestan inhibición conductual poseen elevado riesgo de desarrollar algún trastorno de ansiedad. Existe evidencia de que la inhibición conductual posee base genética, es estable en el tiempo (desde edades muy tempranas), y constituye un marcador claro de vulnerabilidad a múltiples trastornos de ansiedad (especialmente fobia social y fobias específicas). La inhibición conductual se ha evaluado fundamentalmente en situaciones de laboratorio, aunque también mediante pruebas de autoinforme y a través de informes de los padres.

La afectividad negativa o neuroticismo (y en un aspecto más específico el rasgo de ansiedad), al igual que la inhibición conductual, es un factor general de vulnerabilidad hacia los miedos y los trastornos de ansiedad, y ha sido asociada a un factor genético general de predisposición hacia estos trastornos. Cabría afirmar que la inhibición conductual es una manifestación perceptible de la afectividad negativa o neuroticismo (una dimensión general del temperamento/personalidad). La afectividad negativa representa un factor de malestar, con predisposición a experimentar sentimientos negativos como el disgusto, la ira, la culpa, el miedo, el nerviosismo, la insatisfacción, etc. En adultos se asocia al pesimismo, la baja autoestima, la insatisfacción personal (marital, laboral y vital), la evaluación negativista de sí mismo y de los demás y las quejas somáticas, lo cual parece indicar que se trata de una dimensión emocional amplia y generalizada de la experiencia subjetiva.

La sensibilidad a la ansiedad constituye uno de los constructos más innovadores en el campo de los trastornos de ansiedad. Se define como el miedo a los síntomas de ansiedad, miedo que se supone debido a la creencia de que la ansiedad y sus sensaciones poseen consecuencias peligrosas o dañinas. No debe confundirse con el rasgo de ansiedad (muchas personas tienen un elevado rasgo de ansiedad, pero sin experimentar miedo a los propios síntomas de ansiedad). Un aspecto característico de la sensibilidad a la ansiedad es que se trata de un “miedo fundamental”, en contraste con otros miedos (no fundamentales o miedos derivados). Por ejemplo, el miedo a los perros o el miedo a hablar en público no son miedos fundamentales, ya que no dependen de ellos otros miedos (p.ej., nadie dice que aumenta su miedo a hablar en público porque tiene miedo a los perros). En cambio, la sensibilidad a la ansiedad incrementa cualquier otro miedo (p.ej., sí es posible afirmar que un niño tenga miedo a los perros o miedo a hablar en público porque tenga miedo a los síntomas de ansiedad). Actualmente se conoce que la elevada sensibilidad a la ansiedad es un claro factor de vulnerabilidad infantojuvenil hacia los trastornos de ansiedad y el miedo.

La denominada sensibilidad al asco ha emergido recientemente como una nueva dimensión de vulnerabilidad hacia ciertos tipos de trastornos de ansiedad, especialmente hacia ciertos miedos y fobias. La sensibilidad al asco se ha asociado a determinados tipos de miedos a pequeños animales, conocidos comúnmente como “animales asquerosos”, tales como las arañas, los gusanos, las cucarachas, las babosas, las culebras y otros animales relacionados con la posible transmisión de suciedad y contaminación. Así mismo, la sensibilidad al asco también parece ser un factor de vulnerabilidad hacia las fobias del tipo sangreinyección- daño. Estas fobias poseen un patrón de respuesta similar a las reacciones de asco, i.e., reacciones de aversión, náusea e incremento de la activación parasimpática (con posible desmayo). Es probable, por tanto, que algunas reacciones de miedo impliquen también reacciones de asco (para una revisión, véase Sandín et al., 2008).

Todas estas variables pueden predecir el nivel de miedos en los niños y adolescentes. Tanto la afectividad negativa, como la inhibición conductual y el rasgo de ansiedad son variables que pueden predecir el nivel general de miedos, si bien la sensibilidad a la ansiedad parece ser una variable de predisposición individual que se relaciona con el nivel de miedos de forma más específica que las anteriores variables de diferencias individuales. Por otra parte, la sensibilidad al asco podría desempeñar un importante papel en relación con los miedos a ciertos animales y los relacionados con la sangre, las heridas y los procedimientos médicos.

Factores ambientales

Los factores ambientales relacionados con la adquisición o mantenimiento del miedo implican las diversas experiencias de estrés y familiares vividas por el niño, y pueden relacionarse con sucesos vitales altamente traumáticos (p.ej., experiencias de victimización, maltrato, etc.), con los estilos de crianza, y con el apego (p.ej., ciertas formas de apego inseguro se han asociado a experiencias de victimización y trastornos de ansiedad; Magaz et al., 2011). No obstante, en los niños, al igual que en personas adultas, el miedo parece adquirirse fundamentalmente a través del aprendizaje.

Vías de adquisición de los miedos en los niños

La mayoría de las investigaciones sobre las vías de adquisición de los miedos y las fobias se han focalizado en adultos, existiendo muy pocos estudios realizados con niños y adolescentes. Hoy sabemos que, también en los niños, las experiencias de aprendizaje parecen constituir la principal ruta implicada en la adquisición de los miedos. En este sentido, sigue siendo válido el clásico modelo de Rachman (1977) sobre las tres vías de adquisición de los miedos, según el cual los miedos y fobias pueden adquirirse a través de vías directas (experiencias de condicionamiento) o indirectas (aprendizaje observacional y transmisión de información).©

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

King, N.J., Hamilton, D.I., y Ollendick, T.H. (1994). Children’s phobias: a behavioral perspective. Nueva York: Wiley.
Magaz, A., Chorot, P., Sandín, B., Santed, M.A., y Valiente, R.M. (2011). Estilos de apego y acoso entre iguales (bullying) en adolescentes. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 16, 207-221.
Marks, I.M (1969). Fears and phobias. New York: Academic Press.
Rachman, S. (1977).The conditioning theory of fear acquisition: A critical examination. Behaviour Research and Therapy, 15, 375-387.
Sandín, B. (1997). Ansiedad, miedos y fobias en niños y adolescentes. Madrid: Dykinson.
Sandín, B., Chorot, P., Santed, M.A., Valiente, R.M., y Olmedo, M. (2008). Sensibilidad al asco: Concepto y relación con los miedos y los trastornos de ansiedad. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 13, 137-158.
Sandín, B., Chorot, P., Valiente, R.M., y Santed, M.A. (1998). Frecuencia e intensidad de los miedos en los niños: Datos normativos. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 3, 15-25.
Valiente, R.M. (2001). Estructura y adquisición de los miedos en la infancia y en la adolescencia. Madrid: UNED (Tesis doctoral).
Valiente, R.M., Sandín, B., y Chorot, P. (2003). Miedos en la infancia y la adolescencia. Madrid: UNED.


Rosa M. Valiente / Bonifacio Sandín / Paloma Chorot

Univerisdad Nacional de Educación a Distancia (UNED) - Facultad de Psicología


 

 

Repaso a nuestros miedos

Repaso a nuestros miedos

¿Qué es el miedo? ¿Cuál es su origen? ¿Son diferentes los miedos de la mujer y del hombre? La construcción social del miedo; El miedo en niños y adolescentes; El miedo desde la perspectiva de la fe; Miedo y pobreza; Miedo y vejez; El cine y el miedo; Miedos cotidianos; El miedo a la muerte, al fin del mundo... En éste monográfico trataremos de dar respuestas a los interrogantes y tratar el miedo desde todas las vertientes.


Ver revista Descargar Suscribirse

Artículos más leídos

La educación no es neutral

La educación no es neutral

Para transformar la sociedad es necesario formar sujetos críticos y creativos, y...

Como lágrimas en la lluvia

Como lágrimas en la lluvia

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de...

Desde mi teclado

Desde mi teclado

El 93% de los internautas españoles tienen una cuenta activa en al menos una red social....

Consumo y ciudadanía

Consumo y ciudadanía

La ciudadanía no consiste únicamente en tener derechos, sino también...

Crítica cumple 100 años

Crítica cumple 100 años

Hace exactamente 10 años, en el año 2003, yo misma titulaba el editorial de la...

  • La educación no es neutral

    La educación no es neutral

    Martes, 01 Marzo 2011 13:57
  • Como lágrimas en la lluvia

    Como lágrimas en la lluvia

    Sábado, 01 Marzo 2014 13:54
  • Desde mi teclado

    Desde mi teclado

    Miércoles, 01 Mayo 2013 09:48
  • Consumo y ciudadanía

    Consumo y ciudadanía

    Martes, 01 Julio 2008 11:17
  • Crítica cumple 100 años

    Crítica cumple 100 años

    Domingo, 01 Septiembre 2013 00:00

Redes Sociales

Newsletter

Suscríbase a nuestras newsletters para recibir nuestros últimos comunicados
eMail incorrecto