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El miedo que nos genera la crisis económica

Escrito por: Margarita Olmedo Montes y Javier Monje Arenas
Enero - Febrero 2012

A través de estas páginas proponemos una breve reflexión sobre el miedo que está generando esta crisis que, en los últimos años, caracteriza la economía de nuestro país y que atañe a la mayoría de los ciudadanos. Para ello partimos de tres premisas fundamentales que iremos desglosando, para terminar presentando algunas soluciones que pueden ser factibles para hacerle frente.

En primer lugar, cabe señalar que los miedos jamás duermen, nos acechan a lo largo de toda nuestra vida. La segunda premisa parte de la observación de que los miedos cambian en función de la cultura y de los tiempos, y la tercera radica en el análisis de cómo estos miedos se canalizan a través de la divulgación utilizando los diferentes medios de comunicación predominantes en las sociedades donde surgen y que denominaremos el “tráfico del miedo”.

Miedo a morir, miedo a vivir

Con respecto a la primera de las premisas mencionadas cabe decir que el miedo es una emoción que nos protege, que nos ayuda a sobrevivir ante las adversidades que nos presenta el ambiente. Sin miedo nuestros ancestros ha brían sucumbido al ataque de otras especies animales, catástrofes de la naturaleza e incluso frente a la agresividad de sus congéneres. El miedo nos permite, incluso actualmente, seguir vivos, por eso podemos considerarlo no solo una emoción negativa, sino también benefactora en cuanto a la protección que nos ofrece.

Pero dado el cariz vertiginoso del mundo en que nos desenvolvemos, es tremendamente complicado determinar a qué debemos tener miedo. Incluso dentro de una misma cultura, lo que disparó ayer un miedo generalizado, mañana podría no tener sentido. No obstante, cabría matizar, como ya argumentaba Víctor Frankl en el pasado siglo, que cada época tiene sus miedos característicos, siendo la pérdida de sentido o vacío existencial lo que predomina en las últimas décadas. Esta frustración existencial parte, según Frankl, del hecho de que el ser humano, a diferencia del animal, no tiene apenas instintos que le digan lo que tiene que hacer y, a diferencia de los seres humanos del pasado, tampoco tiene tradiciones que le digan lo que debe ser. Vivimos en tiempos de miedo global. Como afirma el escritor Eduardo Galeano “Quién no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas tiene miedo a andar y los peatones a ser atropellados. Es tiempo de miedo… miedo a los ladrones y miedo a la policía, miedo a la puerta sin valla, al tiempo sin relojes, al niño sin televisor, miedo a la multitud, miedo a la soledad… Miedo a morir, miedo a vivir”.

Lo que está claro, es que el valor predominante entre otros es “la sociedad del bienestar” vinculada de forma estrecha a la economía, una cuestión ineludible desde las más diversas esferas, partiendo de las más básicas como la salud, la vivienda, la educación… hasta otras más complejas como la propia autoestima.

Malestar y crisis económica

Dadas las circunstancias es factible deducir el malestar de muchas personas, de familias enteras, envueltas en las penurias económicas acontecidas. Son muchos los trabajadores que no hace mucho tiempo disfrutaban la citada “sociedad del bienestar” y que ahora se encuentran en una situación paupérrima, cuando no amenazados por el fantasma del paro.

Los que trabajan tienen miedo a perder el trabajo y los que no trabajan tienen miedo a no encontrar nunca trabajo. Pero, incluso las personas que no están inmersas en estas consecuencias tan lamentables, se encuentran afectadas por un miedo generalizado en cuanto a la seguridad económica se refiere. En este sentido, podemos hilar con la tercera cuestión antes mencionada “el tráfico del miedo”. Los políticos son ya incapaces, como antaño, de ofrecernos una visión optimista. Ya no reparten sueños, ni garantizan la inexistencia de pesadillas. Cada vez son más los que pierden su fe en las ideologías. En los últimos años estamos atemorizados con una gran alarma “la crisis económica” cuyo caldo de cultivo se encuentra en los medios de comunicación más modernos. Internet, prensa escrita y televisión son estupendos divulgadores de este desasosiego generalizado. Pero si nos preguntamos acerca de las consecuencias de esta crisis económica en la vida de un ciudadano medio, la respuesta puede ser difícil. Tenemos desconfianza ante lo que acontece, pero el miedo es difuso, no concreto. Es por ello que la única cosa a la que debemos tener miedo es al miedo (una reflexión que ya nos dejó Franklin Delano Roosevelt en 1933).

Cierto es que muchos “nuevos ricos” se han convertido en “nuevos pobres”. La “nueva pobreza” engloba a todos aquellos que perdieron su trabajo al quebrar la empresa dónde trabajaban, los que han visto recortadas sus jornadas laborales y el autónomo que entra en una espiral de morosidad. Hay que añadir también las familias que se separan cuyo nivel de vida se reduce a niveles nunca antes sospechados y las parejas que ni se pueden separar por verse unidas por el destino a pagar una hipoteca “hasta que la muerte las separe”.

Todos ellos se han encontrado con una experiencia de caída libre, sin una red de seguridad. Lo que distingue los nuevos pobres de los pobres tradicionales es el efecto sorpresa, y esto tiene unas consecuencias psicológicas cuyo estudio se remonta a los años treinta, tras la Gran Depresión. Para empezar, cabe matizar que la causa del deterioro de la salud mental es el desempleo, no pudiéndose considerar una previa salud mental deficitaria la causante de no encontrar trabajo. En función de la edad, en la franja que va de los 30 a los 50 años, los desempleados presentan mayor deterioro de salud mental. Asimismo, podemos decir que es en los primeros meses del desempleo cuando aumenta de forma progresiva el deterioro.

El desempleo provoca tristeza, falta de interés, pensamientos de indefensión, sentimientos de culpabilidad y desprecio hacia uno mismo. La autoestima disminuye, incrementa la dificultad para tomar decisiones, y surgen pensamientos de muerte, suicidio… La ansiedad se hace manifiesta a través de problemas de insomnio, preocupaciones, dificultades en la atención y la concentración y conductas de evitación y escape (se evitan situaciones, personas y lugares relacionados con el acontecimiento que nos ha llevado a la crisis: evitamos encontrarnos con antiguos compañeros de trabajo, si ahora estamos en paro; encontrarnos con el casero, si no podemos hacer frente al alquiler; el encuentro con amigos a los que hemos pedido puntualmente dinero que no podemos devolver).

Estos síntomas reflejan la reacción de un organismo que ve amenazado su equilibrio interno ante estímulos externos como mecanismos de defensa... Son muchas las ocasiones en que estos cambios de conducta pueden convertirse en patológicos, interfiriendo en la vida cotidiana del individuo y dificultando sus relaciones sociales y familiares. En la práctica clínica se ha encontrado una estrecha relación entre el desempleo o las dificultades económicas sin más y las conductas adictivas, llegándose a concluir que el exceso de ansiedad y tensión, en definitiva de miedo, favorece las adicciones. El alivio de una preocupación con sustancias químicas resulta muy reforzante y necesita pocos ensayos de aprendizaje para que se convierta en una conducta habitual del sujeto.

Familias deterioradas

Por otra parte, dado que los problemas económicos atañen a la familia estos encuentran su reflejo en la alteración de las relaciones entre sus miembros. Parece que los hijos de personas desempleadas también pueden ver afectada su estabilidad emocional aumentando su estrés y cambios de humor, así como las dificultades escolares y sus tensiones en las relaciones con los compañeros. También se ha encontrado alguna relación entre los problemas económicos y la violencia o malos tratos. No obstante, el aumento de la tensión familiar no es siempre una consecuencia directa de este tipo de problemas, que actúan más como intensificadores de las relaciones familiares anteriores. La familia, en definitiva, puede ser tanto origen de tensión como de apoyo social.

Para hacer frente

A pesar de las consecuencias mencionadas, incuestionablemente vinculadas a la crisis económica que nos acontece, desde la psicología podemos comprender el uso del miedo que nos provoca y encontrar las herramientas apropiadas para responder al mismo.

Aunque la psicología se ha ocupado más de las emociones negativas que de las positivas, últimamente se está desarrollando la denominada psicología positiva como una rama incluida en su vertiente científica que tiene como objetivo mejorar la calidad de vida y prevenir los problemas físicos y mentales. Por ejemplo, es un dato demostrado que las personas optimistas esperan que las cosas salgan bien y consideran que tienen mayor control sobre la situación. Este modo de ver las cosas los empuja a perseverar, a hacer frente a los obstáculos y a no rendirse con facilidad, experimentado así, un mayor bienestar a la vez que aumentan sus posibilidades de éxito.

Partiendo de la premisa de que cada caso, cada familia víctima de las dificultades económicas, tiene unas particularidades que requieren medidas diferentes, y asumiendo que algunas circunstancias son tremendamente desafortunadas, podemos facilitar algunas pautas que pueden resultar de utilidad para hacer frente a la crisis.

De forma general, podemos decir que ante esta coyuntura, nos conviene:

  • Conservar la calma, no adelantando acontecimientos que nos puedan llevar a incrementar nuestro miedo y, por tanto, la falta de autocontrol. El miedo y la falta de control nos incapacita para buscar soluciones.
  • Planificar las actividades vinculadas a los gastos. Como ser social el individuo necesita también desarrollar actividades de ocio que le ayuden a mantener su bienestar, no se trata de reducir gastos quedándonos metidos en casa. Podemos salir a cenar a un sitio más barato, ir sólo una vez al cine al mes o buscar actividades de ocio al aire libre, más baratas, y que producen sensaciones de bienestar. Hacer deporte puede ayudar también, los ejercicios que conllevan bajo esfuerzo, favorecen la reducción de la activación fisiológica característica del miedo.
  • No exagerar la amenaza. Las personas que mejor manejan las situaciones críticas son aquellas que logran mantener cierta racionalidad en medio de la tensión y el miedo. Evitar las exageraciones nos ayuda a plantear el problema tal y como es.
  • Crear un plan de acción. El miedo será siempre mayor si no existe un plan para solucionar el problema. Los planes más útiles son los realistas. No hay que confiar en la lotería para salvar nuestra economía.
  • No postergar lo inevitable, es decir, estamos en crisis, es una realidad. Si existe una fuente clara de perturbación lo ideal es actuar para su solución. No dejar las cosas para mañana.
  • Buscar ayuda y comprensión. La tensión se maneja mejor si existe la sensación subjetiva de apoyo y comprensión por parte de las personas significativas de nuestro entorno. Compartir las dificultades ayuda a superarlas mejor.
  • Actuar, los problemas no se resuelven en la imaginación. Actuar de un modo progresivo y sistemático será siempre la mejor manera de ayudarse a sí mismo.

En definitiva, a pesar de que la crisis económica trae consigo cambios en nuestra forma de consumo y de las actividades vinculadas al mismo, debemos recordar que no sólo debemos vigilar nuestro bolsillo, sino que también debemos generar una predisposición psicológica y emocional adecuada para poder afrontarla correctamente, siendo positivos ante la adversidad.

Sería deseable que la nefasta coyuntura económica, que afecta a nivel mundial, traiga consigo una expansión de la conciencia y que llegue a ser un catalizador del crecimiento personal de cada individuo en particular, favoreciendo el vislumbramiento de la escasa permanencia y caducidad de muchos objetos de consumo. La calidad de vida no depende de la cantidad de bienes que podemos adquirir. Los niveles de felicidad de los países así lo confirman.

Si las circunstancias que nos inhiben al exceso de consumo logran establecer un nuevo equilibrio entre la evolución humana y espiritual y el crecimiento de la economía real de todos los países de la tierra, podemos considerar esta crisis como una oportunidad de cambio.


Bases de un consumo ético

  • Nuestra identidad no depende de lo que tenemos. El consumo compulsivo nos hace creer que lo que tenemos nos identifica.
  • La medida del éxito no viene dada por lo que consumimos, por nuestra capacidad de consumo.
  • La autenticidad de vida está más ligada a la integración personal, al tiempo personal disponible, a la salud, a la amistad, a la familia y a otros placeres nada costosos. El consumo compulsivo nos liga a la lógica del exceso de trabajo, a la carga de tensión, a la falta de calma para la convivencia, a la hipoteca del presente.
  • El consumo depende de nuestro dominio personal sobre nuestras adquisiciones y está ligado a nuestras necesidades. El consumo compulsivo depende de la moda, los reclamos publicitarios y es irracional.
  • La austeridad es un estilo de relación con las cosas que las valora por su uso, las cuida, no abusa. El consumo compulsivo es un estilo de relación descuidado con las cosas, de despilfarro, abuso, saturación y mal uso.
  • El cambio de un estilo de vida consumista a un estilo de vida de consumo ético aporta mayor conciencia y solidaridad y hace posible la reducción de la brecha entre nosotros y los países menos desarrollados.
  • La sencillez de vida está al alcance de todo el planeta. El consumo compulsivo es una ofensa ética.
  • El consumo responsable va unido a nuestro tiempo interior, a reconciliarnos con nuestro cuerpo, a desarrollar nuestra capacidad para contemplar. El consumo compulsivo promueve un concepto de felicidad que nos expropia de nuestra humanidad.
  • Cambiar nuestro estilo de consumo es más eficaz para humanizarnos y humanizar nuestro mundo.©

REFERENCIAS

http://online-psicologo.com/2008/10/16/la-crisiseconomica-aumenta-las-consultas-al-psicologo/
http://www.ayuda-psicologica.info/2008/11/depresion-ansiedad-y-crisis-econmica.html
http://www.parasaber.com/salud/psicologia/autoayuda/articulo/psicologia-sintomas-crisis-economicaplan-afrontar-consejos/7647/
http://www.isabel-larraburu.com/articulos/psicologiasocial/243-nuevos-ricos.html?lang=
http://www.elergonomista.com/desempleo.htm
http://gabinetedepsicologia.com/desempleo-aspectospsicologicos-psicologos-madrid-tres-cantos
http://www.yobuscotrabajo.com/padres-desempleados-afecta-hijo
http://larioja.fspugt.es/El_miedo_a_perder_el_trabajo_la_temporalidad_la_precariedad_y_la_presin_laboral_favorecen_el_estrs_4e4441baea7b4.htm

J.G. Fouce y L. Muiño (2011). A fondo. Guía del psicólogo. 3-4


Margarita Olmedo Montes

UNED. Facultad de Psicología. Dpto. de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos

Javier Monje Arenas

Informático. Diputación de Guadalajara


 

 

 

Repaso a nuestros miedos

Repaso a nuestros miedos

¿Qué es el miedo? ¿Cuál es su origen? ¿Son diferentes los miedos de la mujer y del hombre? La construcción social del miedo; El miedo en niños y adolescentes; El miedo desde la perspectiva de la fe; Miedo y pobreza; Miedo y vejez; El cine y el miedo; Miedos cotidianos; El miedo a la muerte, al fin del mundo... En éste monográfico trataremos de dar respuestas a los interrogantes y tratar el miedo desde todas las vertientes.


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