16Noviembre2018

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Los miedos y preocupaciones de las personas mayores

Escrito por: María Dolores López Bravo
Enero - Febrero 2012

Que la población mayor está bien ajustada emocionalmente es algo bien constatado en la investigación gerontológica. Este dato, puesto en relación con otros, genera una curiosa consecuencia: la denominada “Paradoja del bienestar en la vejez”. Con la edad, junto al aumento de circunstancias relativas a pérdidas (de parientes, amigos, funcionamiento físico y roles sociales) se da una estabilidad en las puntuaciones de diversos indicadores de bienestar psicológico (expresión de emociones positivas, prevalencia de trastornos depresivos o de ansiedad). Los aspectos explicativos que se esgrimen para despejar esta paradoja son, entre otros, la mejora de mecanismos de autorregulación emocional y el carácter gradual y normativo de dichas pérdidas (Márquez-González, 2008 y Fernández-Ballesteros, 2009).

El informe Social del IMSERSO del 2008 recoge algunos datos en esta línea. Por ejemplo, muestra que, entre los sentimientos experimentados por las personas mayores, los positivos presentan puntuaciones más altas, en frecuencia y porcentaje. Destacan el sentimiento de felicidad (un 25% declara sentirse feliz todo o casi todo el tiempo y un 40,7% informa que buena parte del tiempo) y de tranquilidad (un 18,1% dice sentirse relajado todo o casi todo el tiempo y un 45,2% buena parte del tiempo). Entre los sentimientos negativos los expresados con menor frecuencia son, por orden, la ansiedad, la soledad, el aburrimiento y la depresión. Casi siete de cada diez mayores dice no sentir nunca o casi nunca ansiedad, un 63,4% soledad, un 55,5% aburrimiento y un 53,6% dice no sentirse nunca o casi nunca deprimido. Estos datos positivos nos permiten denominar la experiencia afectiva de la población mayor como “saludable”. Una vez que hemos dejado aclarado este punto, en este artículo, nos centraremos, no obstante, en revisar el peso que tienen los miedos y las preocupaciones en la población de personas mayores. Reflexionaremos sobre la prevención y el manejo de estos síntomas cuando interfieren de forma negativa en el adecuado afrontamiento de las situaciones y, desde una perspectiva más amplia, en el proceso de un envejecimiento activo (OMS, 2002).

Más concretamente, abordaremos las siguientes cuestiones: qué diferencia existe entre la preocupación normal y la patológica, qué preocupaciones y miedos son más frecuentes en el colectivo de personas mayores, qué efectos tienen ambos sobre la salud general, y qué tipo de recursos personales se asocian con una baja frecuencia de preocupaciones o control de las mismas cuando son persistentes.

Estudio de los miedos: normalidad versus patología

Las preocupaciones, además de formar parte de los cuadros patológicos de ansiedad (sobre todo de la ansiedad generalizada), son comportamientos comunes en la vida diaria de todas las personas. Alrededor del 38% de población mayor no clínica se preocupa al menos
una vez al día (Nuevo y cols. 2004).

La investigación conceptualiza la preocupación como un continuo entre dos polos: “patología”-“no patología”. El polo patológico se asociaría a ansiedad elevada, malestar emocional y baja efectividad en resolver problemas de la vida cotidiana; en su polo no-patológico la preocupación favorecería la previsión de amenazas potenciales y la preparación para su afrontamiento. Centrémonos en este apartado en el terreno patológico. ¿Qué prevalencia presentan los trastornos de ansiedad en la población mayor? ¿Qué fobias específicas se perfilan como las más frecuentes?.

Con respecto a la prevalencia de los trastornos de ansiedad los datos se sitúan en torno al 6%. Los cuadros más frecuentes en esta población son relativos a la ansiedad generalizada y a las fobias específicas. Los datos epidemiológicos muestran que los trastornos de ansiedad no son más prevalentes entre las personas mayores, que en otros grupos de edad. No obstante, este dato no resta importancia a un problema de salud pública que compromete la calidad de vida y, en el colectivo de mayores, incide de forma directa en la autonomía personal. Profundizar sobre estos cuadros es un reto importante de la investigación gerontológica básica y aplicada.

Tipología de miedos específicos más frecuentes en la población mayor

Analicemos algunos datos sobre los miedos específicos más frecuentes sobre los que informa la población mayor:

  • Miedo a las caídas: Los estudios de prevalencia muestran datos muy variables por dos motivos. En primer lugar, esto es debido a la diversidad de criterio utilizado para cuantificar el miedo (de leve a intenso); en segundo lugar, a las diferencias en la población de referencia (comunidad, residencias, presencia de historia previa de caídas, etc.) Partiendo de esta circunstancia, la mayoría de estudios arrojan datos de entre el 20 y el 85% (Alcalde, 2010). Sería deseable homogeneizar los criterios de medida para cuantificar mejor el problema, y valorar qué tipo de necesidades son más acuciantes en esta población. Ello permitiría valorar mejor las consecuencias negativas sobre la salud, en indicadores como: percepción de auto-eficacia, sensación subjetiva de bienestar, capacidad funcional y posibilidad de caerse en un futuro. Aspectos, todos, relacionados con este cuadro de ansiedad.

Un dato muy interesante es que el 50% de las personas que informa de miedo a las caídas no ha tenido nunca una caída previa. Este resultado puede deberse a la percepción de un aumento progresivo de merma física con la edad y también a las conductas de sobreprotección y alarma por parte de los familiares más jóvenes que rodean a la persona mayor. Valorar, por lo tanto, el peso que los estereotipos negativos sobre la edad pueden tener, en la presencia de esta sintomatología, es otro de los retos de este ámbito de investigación.

Otro dato relevante es el hecho de que, aproximadamente, una tercera parte de la población bien subestima o sobreestima su riesgo de caerse. La trasmisión de información ajustada a la realidad sobre el proceso de envejecimiento, tanto relativa a los factores de riesgo de las caídas como a los potenciales y capacidades para compensar los mismos favorecería percepciones más adecuadas en este terreno.

  • Miedo a la soledad: Atenderemos aquí a los datos del Informe IMSERSO 2008. 

Los estudios cada vez muestran datos más elevados acerca del deseo de las personas mayores de permanecer en su domicilio tras la muerte del cónyuge. Las connotaciones sociales negativas derivadas del hecho de vivir solo están dando paso a otras más positivas, pues resulta cada vez más valorada socialmente la autonomía personal que esta opción supone. Aún así, entre el colectivo de personas mayores que viven solas algunos estudios han resaltado una mayor frecuencia en los sentimientos de ansiedad, y, también, desde un punto de vista cualitativo, resaltan un aumento del miedo a sufrir un accidente o enfermedad repentina y a la muerte en soledad (Iglesias, 2001).

  • Miedo a agresiones y robos: En datos del informe social del IMSERSO del 2008, las personas mayores en España manifiestan un mayor sentimiento de inseguridad que la población de menos edad, pese a que son víctimas de agresiones o robos con menor frecuencia que ésta última. Este dato se ha interpretado como uno de los efectos que podría tener “el progresivo repliegue al espacio doméstico”; una menor percepción de control del espacio externo al hogar conlleva que éste se perciba como potencialmente más peligroso.

Estudios sobre las preocupaciones en las personas mayores

La variación en la cualidad y cantidad de preocupaciones en función de la edad todavía no está suficientemente contrastada. A partir de los pocos datos con los que se cuenta, se puede concluir que las personas mayores no presentan mayores niveles de preocupación que otros grupos de edad. En lo relativo a la temática motivo de preocupación, diversos estudios convienen en que los aspectos socio-evaluativos e interpersonales son los contenidos más frecuentemente expresados por la población menor de 65 años, frente a los relativos a la salud y autonomía personal en el colectivo de mayores de 65 años (Nuevo y cols., 2003). Matizando, no obstante, la tipología de preocupaciones en la población mayor destacamos, por orden de importancia, los temas de: salud, familiares, personales, económicas y sociales.

En cualquier caso, los resultados de otras investigaciones muestran que las personas mayores no perciben las preocupaciones como excesivas, negativas o incontrolables. Es muy interesante observar, no obstante, que las personas con puntuaciones altas en preocupaciónrasgo muestran, con respecto a las personas con los valores más bajos en esta variable, puntuaciones más elevadas en número de preocupaciones, interferencia de la preocupación de la vida cotidiana y tiempo empleado, y menor controlabilidad percibida, entre otras variables.

Antídotos contra el miedo

No sorprenderá a nadie constatar que se han encontrado correlaciones negativas entre el grado de preocupación y el conocimiento sobre la vejez (Nuevo y cols., 2006). El conocimiento ajustado y realista de las propias capacidades favorece un aumento del control percibido y una disminución de la incertidumbre ante la vejez. Esto tiene importantes implicaciones prácticas y hace necesario seguir apostando por la formación sobre el proceso de envejecimiento.

En este sentido, son cada vez más los programas educativos que se perfilan con el objeto de mejorar y/o potenciar las habilidades emocionales en la población de mayor (Márquez y cols., 2010).

Conclusiones

Hemos analizado los miedos y preocupaciones de las personas mayores sobre la base de una visión holística de los sentimientos expresados por el colectivo de personas mayores. Con ello, nuestro objetivo es mostrar una visión más positiva de la vejez, que rompa estereotipos sociales negativos y que enfatice sus recursos y potenciales. Este objetivo no es incompatible con el de poner en relieve la existencia de cuadros clínicos y sintomatología sub-clínica de ansiedad sobre los que hay que actuar, tanto por medio de protocolos que favorezcan su detección desde los servicios de atención primaria, como por el diseño de programas de intervención más globales. Sobre este segundo aspecto hemos enfatizado la importancia de la educación referida tanto al propio proceso de envejecimiento como al aumento de habilidades emocionales.©

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Alcalde, P. (2010): Miedo a caerse. Revista Española de Geriatría y Gerontología; vol.45 núm 01; 45:38-44.
Fernández-Ballesteros, R. (2009): Envejecimiento Activo. Contribuciones de la Psicología. Madrid, Pirámide.
Iglesias, J. (2001): Soledad en las personas mayores. Influencias Personales, Familiares y Sociales. Análisis Cualitativo. Observatorio de Personas Mayores. Instituto de Migraciones y Servicios Sociales.
Instituto de Mayores y Servicios Sociales –IMSERSO (2008): Informe 2008. Las personas mayores en España. IMSERSO. [Fecha de publicación: 2009] http://www.imserso.es/InterPresent1/groups/imserso/documents/binario/infppmm2008.pdf
Márquez-González, M. (2008): “Emociones y envejecimiento”. Madrid, Portal Mayores, Informes Portal Mayores, nº 84. Lecciones de Gerontología, XVI [Fecha de publicación: 14/05/2008]. http://www.imsersomayores.csic.es/documentos/documentos/marquezemociones-01.pdf
Márquez, M., Fernández, I., López, B. (2010): Programas de desarrollo emocional, en L. Bermejo; Envejecimiento Activo y Actividades Socioeducativas con Personas Mayores. Madrid, Panamericana.
Nuevo, R., Montorio, I., Cabrera, I. (2006): Influencia del conocimiento sobre la vejez en la gravedad de la preocupación en personas mayores. Revista Española de Geriatría y Gerontología. Vol.41 núm 02; 41: 111-6.
Nuevo, R., Montorio, I. Márquez, M., Izal, M., Losada, A. (2004): Análisis del fenómeno de la preocupación en personas mayores. International Journal of Clinical and Health Psychology. Vol. 4, Nº 2, pp. 337-355.
Organización Mundial de la Salud – OMS (2002): Active Aging. Ginebra: WHO.


María Dolores López Bravo

Centro Superior de Estudios Universitarios La Salle (Madrid)


 

 

Repaso a nuestros miedos

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¿Qué es el miedo? ¿Cuál es su origen? ¿Son diferentes los miedos de la mujer y del hombre? La construcción social del miedo; El miedo en niños y adolescentes; El miedo desde la perspectiva de la fe; Miedo y pobreza; Miedo y vejez; El cine y el miedo; Miedos cotidianos; El miedo a la muerte, al fin del mundo... En éste monográfico trataremos de dar respuestas a los interrogantes y tratar el miedo desde todas las vertientes.


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