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Niños y niñas con dificultades familiares

Escrito por: Rosa Pastor
Noviembre - Diciembre 2011

Desgraciadamente, las amenazas a la infancia son muy numerosas y son muchos los menores de edad que mueren por un sinfín de causas o sufren condiciones de vida que les colocan en situación de grave riesgo familiar y psicosocial.

Cualquier tipo de fracaso en la interacción social que se le debe ofrecer a un menor puede considerarse como una situación de riesgo para éste. La responsabilidad de este fracaso puede ser muy diversa: causas culturales, políticas, socioeconómicas o de los padres.

Sean cuales sean las causas, desde el punto de vista del menor, se puede incluir como niños en riesgo social, por un lado, a todos aquellos que no reciben protección ante los riesgos, y, por otro, a los que no pueden contar con las ayudas adecuadas para su desarrollo. Estas situaciones, cuando sobrepasan ciertos límites, son definidas por los profesionales y por las leyes de protección de la infancia como maltrato.

Entre las situaciones de riesgo cabe citar:

  • Falta de protección y atención psíquica o física del menor por parte de padres, tutores o guardadores. La atención psíquica requiere tanto satisfacer las necesidades mentales del menor, como las emocionales y sociales.
  • Dificultad o carencias de los padres, tutores o guardadores que les impidan, de hecho, ofrecer al menor atención física y psíquica.
  • Uso del castigo físico o emocional con el menor.

Por tanto, la situación de riesgo puede tener origen en determinadas acciones inadecuadas o en la falta de respuesta a las necesidades de la infancia.

Estas situaciones de riesgo pueden darse dentro de la familia o fuera de ella. Las emigraciones son también con frecuencia causa de riesgo psicosocial para los más pequeños, bien por las condiciones de marginación en el nuevo país, bien porque son dejados con otros familiares, mientras sus padres tienen que emigrar. Por último, desde el punto de vista de las novedades científicas, las posibilidades de clonación y elección de sexo por parte de los padres plantean temas nuevos, no siempre exentos de riesgos psicosociales para la infancia: ¿es lícito elegir el sexo de los hijos? ¿es lícito elegirlo no sólo antes de la concepción, sino después de haberse iniciado el embarazo, llegando a poder abortar por este motivo? ¿tiene sentido clonar a un menor, para que sirva de ayuda terapéutica a otra persona? Estas preguntas son sólo algunos ejemplos de nuevas posibilidades y también de nuevos problemas.

El modelo de las necesidades infantiles o del bienestar y los derechos

Este modelo parte del bienestar, como derecho del menor, y define el maltrato como acción, omisión o trato negligente, no accidental, que prive al niño de sus derechos y su bienestar y que amenacen y/o interfieran su ordenado desarrollo físico, psíquico y social. Este modelo parece ser muy útil para el trabajo preventivo y para el diseño de la intervención con los menores maltratados. Se ha dado contenido a este modelo, a partir de la teoría de las necesidades de los menores (López, 1995; López et al., 1995); visión que se completa con una propuesta de factores protectores y de riesgo en relación con cada una de estas necesidades.

Necesidades de carácter físico-biológico: Alimentación, temperatura, higiene, sueño, actividad física (ejercicio y juego), protección de riesgos reales, salud.

Necesidades cognitivas: Estimulación sensorial, exploración física y social, comprensión de la realidad física y social.

Necesidades emocionales y sociales: Seguridad emocional, red de relaciones sociales, participación y autonomía.

Necesidades sexuales: curiosidad, imitación y contacto.

Necesidades con el entorno físico y social: Protección de riesgos imaginarios, interacción lúdica.

De lo que se trata, es de tener en cuenta que todo menor tiene una serie de derechos referidos a la satisfacción de sus necesidades fundamentales. Estas necesidades deben ser la referencia de fondo, que oriente la prevención, la toma de decisiones y la intervención o ayuda. El maltrato debe ser visto, en este contexto, como la superación de ciertos límites por acción (maltrato físico o cualquier forma de maltrato activo) u omisión (negligencia, abandono, etc.), límites que son diferentes según la cultura y el momento histórico. De este modo, las necesidades y los derechos de los niños, son considerados universales. 

Intervención en niños de riesgo social

1. Contexto económico, político y social.

El discurso sobre el bienestar de la infancia es también un discurso económico, político y social. Sin transformaciones sociales que eliminen la pobreza, la opresión y la violencia, no es posible asegurar el bienestar de la infancia. Se necesita un contexto que erradique problemas básicos y que dé posibilidades a las familias, la escuela y los profesionales para cumplir con sus funciones. Incluso en los países opulentos, hay un número importante de marginados que están en condiciones que hacen muy difícil proteger, cuidar y educar a los menores; dejando en la política de la “compasión” frente a la política de la justicia y la igualdad, la atención a las personas con dificultades económicas y sociales.

2. La promoción de factores protectores.

La potenciación de los factores protectores debe ser considerada prioritaria. Hay cuatro grandes grupos de factores protectores:

a) Numerosas características del menor, como la resistencia o resiliencia, la alta autoestima, la autoeficacia, el lugar de control interno, el autocontrol, la empatía y las habilidades sociales, hacen más improbable el maltrato y aumenta la capacidad de afrontarlo si se llega a sufrir. Por esto, la protección de la infancia no puede ser sólo una respuesta de ayuda exterior a la familia y el entorno, sino que también se debe intentar hacer competente a cada niño para adaptarse y saber afrontar los riesgos.

b) La familia es el segundo gran protector. Estar vinculado a una familia competente proporciona el apoyo emocional y la ayuda ante posibles problemas. Ofrecer a los hijos aceptación incondicional, afecto cálido y autonomía regulada con formas de disciplina inductiva están entre las características fundamentales de la familia. El que los menores tengan varias figuras de apego, que estén bien adaptados socialmente, facilita el adecuado desarrollo de los hijos.

c) La escuela es un factor protector complementario a la familia. Los niños y niñas que se adaptan bien al sistema escolar, asistiendo con regularidad, respondiendo a las demandas académicas y teniendo buenas relaciones con los iguales y con los profesores, es más probable que no asuman riesgos. Esta adaptación escolar es un indicador de buen desarrollo y, a la vez, un factor protector. La importancia de la escuela infantil es especialmente decisiva en los primeros años de vida. De forma que, en el caso de familias desfavorecidas, además del apoyo y las ayudas ofrecidas al sistema familiar, lo mejor es que los niños, desde los primeros meses asistan a centros infantiles donde se garantice la satisfacción de sus necesidades (alimentación y cuidados de salud), se estimule su desarrollo de forma sistemática (programas de estimulación temprana) y se vigilen posibles carencias familiares o formas de maltrato (detección de factores de riesgo y maltrato).

d) Otros sistemas sociales de apoyo, como las ONG, las iglesias, las asociaciones de vecinos y de otros tipos, los servicios comunitarios y sanitarios, etc., son el cuarto factor protector. Tener una buena red de asistencia social, conseguir que todas las personas puedan acceder a ella y hacer lo posible para que todos los ciudadanos conozcan y usen estos servicios es fundamental.

3. La intervención profesional.

La intervención profesional debe basarse en una serie de principios fundamentales que se derivan de la teoría de las necesidades.

  • Los niños tienen derecho a que sus necesidades sean cubiertas y bien atendidas. La satisfacción de estas necesidades es responsabilidad de la familia, la escuela, los servicios sociales y la sociedad en general, porque los menores no pueden protegerse y cuidarse por sí solos.
  • La familia, en sus diferentes formas, es la institución que mejor puede responder a las necesidades básicas, con la ayuda de las instituciones sociales. Una familia la constituye una relación entre un menor y, al menos, un adulto; aunque es más dceseable que el menor se desarrolle dentro de sistemas familiares más amplios. Un vínculo es condición necesaria y suficiente; varios vínculos es mucho más adecuado y menos arriesgado para el menor.
  • La escuela, en cuanto institución social universal, puede y debe tener un rol complementario con el de la familia, ofreciendo los conocimientos y habilidades básicas; pero también garantizando el bienestar de los alumnos, especialmente teniendo la capacidad de detectar situaciones de riesgo y tomar las primeras medidas. Puede tener también un efecto compensador, especialmente la escuela infantil.
  • Cuando los menores sufren carencias y riesgos que amenazan su desarrollo, todas las instituciones sociales deben sentirse responsables. La familia no es la propietaria de los hijos, sino la primera responsable de su adecuado desarrollo. Si esta responsabilidad no es ejercida de forma adecuada, la sociedad debe intervenir ayudando a la familia, si es lo mejor y más eficaz, o tomando la tutela del menor.
  • Los menores sobre los que se tomen medidas de protección tienen derecho a ser escuchados y a que se haga un plan que prioritariamente debe hacer lo posible por mantenerle en la familia (con ayudas pertinentes) o reintegrarlos a ella, después de un tiempo.
  • Las medidas de acogimiento temporal en familias de acogida o su integración en una residencia de menores deberían durar lo menos posible, aunque tienen pleno sentido, cuando la familia va a ser recuperable o no se dispone de alternativas definitivas. Especial cuidado hay que poner en que la familia acogedora no se sienta propietaria del menor, sino responsable, no compita con la familia de origen y tenga claro que es una especie de “familia profesional” que debe facilitar la comunicación y la integración del menor en su propia familia de origen.©

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Amparo GóMEz (2003). “Intervención Temprana. Desarrollo óptimo de 0 a 6 años”. En F. López. Intervención temprana en niños de riesgo social. Madrid: Pirámide.
DÍAZ HUERTA (1997). Manual de maltrato infantil. Madrid: FAMI.
LÓPEZ, F. y CANTERO, Mª.J. (1999). “Intervención en la familia”. En F. López, I. Echebarría, M.J.Ortiz y M.J. Fuentes (Eds.). Desarrollo afectivo y social. Madrid: Pirámide.
LÓPEZ, F. (1995). Necesidades de la infancia y protección infantil. Madrid: Ministerio de Asuntos Sociales.


Rosa Pastor

Psicóloga Clínica - Pedagoga y Logopeda - Psicoterapeuta


 

Los menores en España

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Monográfico dedicado a la situación de los menores en España, desde la perspectiva de diversos especialistas y estudiosos de diferentes campos profesionales, se pone de relieve cuál es la realidad que viven hoy los menores en nuestro país. Con ello esperamos dar protagonismo a aquellos más indefensos en nuestra sociedad y hacer visible la situación precaria en la que se encuentran muchos niños/as y adolescentes que viven en un entorno hostil, tanto educativo, como jurídico, como social.


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