23Octubre2017

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El nuevo universo de formas familiares

Escrito por: Ana Berástegui Pedro-Viejo
Marzo - Abril 2013

A lo largo de la historia y de las diferentes culturas podemos observar cómo la organización en familias es prácticamente universal, aunque sean diferentes las normas, los valores, los tipos de vínculos y las estructuras sociales que la sustenten. Podríamos definir a la familia como un grupo de personas vinculadas entre sí que se estructura como un sistema sociocultural abierto, es decir, como un sistema relacional más o menos pautado y estable gracias al equilibrio que mantiene entre la tendencia a la continuidad y la constante transformación a la que le somete el cambio de alguno de sus miembros o del contexto en el que se inserta, y que cumple con una serie de funciones fundamentales para la supervivencia de sus miembros y de la sociedad de la que cada familia forma parte.

Uno de los cambios más relevantes que ha vivido la familia nuclear en nuestros tiempos proviene del auge de la psicología como eje transversal de nuestra cultura y fundamento de muchos de sus anhelos principales. El deseo de realización personal, el individualismo y la progresiva subjetivización del ámbito relacional han convertido a la familia, institución rígida y bien pautada en otros tiempos, en una realidad fundamentalmente psicológica desde el punto de vista de los que vivimos en ellas.

Familia es, desde esta perspectiva, la unión de personas que comparten un proyecto vital de existencia en común que se quiere duradero en el que se generan fuertes sentimientos de pertenencia a dicho grupo, existe un compromiso personal entre sus miembros y se establecen intensas relaciones de intimidad, reciprocidad y dependencia tal y como definían Jesús Palacios y Maria José Rodrigo en su ya clásico manual “Familia y Desarrollo Humano”1.

Esta definición ha ido calando poco a poco en el sistema social, en los hábitos y en las leyes. Así podemos encontrar que la adaptación fundamental que han realizado los sistemas familiares en los últimos tiempos proviene del tipo de vínculos que los definen.

  • No es imprescindible lo “sanguíneo” ni lo reproductivo, de manera que son familias reconocibles y reconocidas las parejas con hijos adoptivos, las familias de acogida, los hijos que no está relacionados genéticamente con uno o con ninguno de sus padres.
  • No es imprescindible ya lo legal, el aumento de las parejas no matrimoniales ha crecido exponencialmente en los últimos años y los hijos que nacen de padres no casados son ya más de un tercio de los nacidos. También son frecuentes las familias en las que uno de los adultos cuida a los hijos del cónyuge con los que no tiene vínculos de filiación por lo que, a pesar de la lucha por el reconocimiento legal de algunos modos de familia, muchos otros dejan de interesarse por esta regulación.
  • No es imprescindible lo económico: los hijos hace ya tiempo que dejaron de ser un seguro de vida en nuestras sociedades, no existe la necesidad de continuidad patrimonial por lo que los vínculos económicos entre padres e hijos son más frágiles y menos duraderos que antaño. Por otra parte, el acceso de la mujer al mundo del trabajo remunerado la ha liberado de depender de un esposo para su subsistencia y la gestión económica de sus bienes.
  • No se consideran tampoco imprescindibles las diferencias sexuales, ni para acceder legalmente al matrimonio, ni para asumir la adopción ni para acceder al reconocimiento de la paternidad o maternidad del cónyuge. Además se asume la existencia de familias sin pareja, derivadas de la monoparentalidad o la ruptura de la misma. También van desapareciendo las diferencias de género en el interior de las familias heteroparentales al haberse roto, al menos en teoría, la división sexual del trabajo.

 El nuevo universo de formas familiares 04

Todos queremos vivir en familia

Entendemos pues, que los vínculos que configuran fundamentalmente la estructura familiar son vínculos de afecto y de convivencia, vínculos psicológicos, ya que la familia se ha convertido en un ámbito privado de realización personal, y no tanto en una tarjeta de presentación social o en un requisito para formar parte integrada de la vida pública. La vinculación económica, legal y reproductiva sigue entrando en juego en la mayoría de las familias pero al servicio de lo afectivo y de un modo no normativo, de manera que estos vínculos siguen estando presentes pero deja de considerarse imprescindible que se den para considerar que estamos frente a una familia.

Así, a la pregunta “¿a qué llamamos familia hoy?”, podríamos responder que hoy se considera familia a lo que cada uno considere que es su familia. La diversidad es muy amplia: familias matrimoniales y no matrimoniales, intactas y reconstituídas, de hijo único y numerosas, de doble renta y de renta única; monoparentales y biparentales; homosexuales y heterosexuales; biológicas, acogedoras y adoptivas y las posibles combinaciones de todos estos factores. Lo que sigue pareciendo claro es que la mayoría de la gente quiere vivir en familia y que su núcleo de convivencia sea reconocido y apoyado como tal.

Para ser sinceros, la liberalización de los modelos rígidos de familia no ha generado una multiplicación de las estructuras familiares. Las familias monoparentales, las familias reconstituidas, las familias encabezadas sólo por mujeres, con o sin vínculos de pareja, o las familias en las que la pareja se ha separado, han existido siempre, pero han sido entendidas desde la perspectiva de la patología o del déficit. Esta perspectiva, hija del estructuralismo parsoniano, consideraba que la familia nuclear era un patrón social cuyo grado de especialización la hacía superior a otros modos de familia, más estable y más capaz de cumplir sus funciones para con los miembros de la familia y la sociedad en su conjunto. Desde este marco, los estudios clásicos sobre diversidad familiar han abordado a priori la situación como problemática (familia incompleta, rota, problemática o anormal), buscando detectar los problemas sin controlar las variables extrañas y el propio hecho de la exclusión social del modelo de familia como generador de dificultades. Se entraba así en un círculo vicioso en el que rechazábamos por problemáticas familias que, en una gran proporción, tenían problemas por el rechazo al que eran sometidas.

Diversidades menos aisladas

La progresiva relajación de la sanción social a las desviaciones de la familia tradicional ha iniciado un cambio hacia unas familias tan diversas como las de antes pero más conscientes de sí mismas, menos aisladas y más autoorganizadas en algunas ocasiones. Esto ha propiciado que la mirada actual no vaya tanto a buscar sus defectos como sus retos y necesidades diferenciales. Estudios por ejemplo de los diversos tipos de familia como contextos de desarrollo infantil tienden a mostrar que no son tanto las variables de estructura como las dinámicas relacionales en el interior de la familia las que determinan el éxito de una familia en su función de crianza2.

Pero no es la diversidad de estructuras la que más está cambiando el perfil de las familias en los últimos años: la incorporación generalizada de las mujeres al mercado de trabajo y el alargamiento de la esperanza de vida han cambiado la configuración interna de las familias y sus relaciones. El mayor cambio que ha vivido la familia, bajo mi punto de vista, no es tanto la multiplicación de estructuras de familia, de tipos de familia, sino la atomización de los modos de ser familia, de los planes de familia posibles, y de los modos de organizarse como familia, dentro incluso de la familia biparental heteronormativa.

Hoy por hoy podemos pensar que hay más diferencias ad intra de los distintas estructuras familiares que entre un tipo de familia y otro. Por ejemplo, encontramos más diferencias entre los distintos modos de ser familia heteroparental que entre las familias heteroparentales y las homoparentales como grupo. También es probable que el parecido entre familias no esté tanto en las estructuras, como en los retos o en los momentos evolutivos que atraviesan, de manera que encontremos más parecido entre dos familias, una monoparental y otra biparental que tienen un hijo con discapacidad o que han adoptado un niño en Rusia o que están viviendo el cáncer de la abuela, que entre dos familias biparentales entre sí.

Así, la diversidad no radica tanto en las formas como en los itinerarios de ser familia. Lo que se ha multiplicado, en realidad, es el número de decisiones que han de tomarse cada día para construir la propia familia, decisiones que no vienen ya programadas de antemano, que hay que tomar en el día a día y que hay que abrazar en común. Anteriormente el matrimonio suponía un pacto tácito global, que implicaba un modelo sobre qué tipo de decisiones podían tomarse y quién se encargaba de qué área de decisiones. La disolución de este modelo de referencia, al menos de una forma explícita, supone un aumento exponencial de las situaciones de toma de decisiones compartidas. La falta de guiones sobre cómo hay que tomar estas decisiones y los posibles patrones diferenciales de comunicación, elevan mucho la conflictividad y la inestabilidad de las familias que tienen por vocación, casi por definición, ser refugio y suelo estable en los desarrollos vitales de sus miembros.

Un proyecto vital de existencia en común

El trabajo con las familias debería tratar de estructurar esta toma de decisiones alrededor de un proyecto de familia en lugar de intentar que las familias respondan a un prototipo único. Un proyecto vital de existencia en común, como en la definición de Palacios y Rodrigo, que sea explícito y reconocible, que sirva de guía y que mantenga a cada familia estable en lo esencial a través de los vaivenes del ciclo vital y de las exigencias del entorno. Un proyecto de familia que objetive los valores, las metas, los modos de comunicación y resolución de problemas, la jerarquía y también los límites de la familia3. En este sentido, la capacidad de la familia de recuperarse y seguir creciendo a pesar de las dificultades de la vida, la resilencia familiar, se fundamenta más en la elaboración de un proyecto familiar único, flexible y compartido por todos los miembros de la misma, que en la asunción de una estructura rígida de familia. Un proyecto ideosincrático en el que, sin embargo, no todo vale, rompiendo con el relativismo del que podría ser tachada esta perspectiva: la violencia, la desprotección, el abuso, el individualismo deberían quedar desterradas del universo de lo familiar a pesar de que están presentes, hoy por hoy, en muy diversos modos de familia.

El gran poder de construcción y también de destrucción que tiene la familia nos habla de su innegable importancia en el devenir humano. La familia es una realidad compleja, diversa, sí, a veces violenta y a veces golpeada pero generadora la mayoría de las veces de vida, de crecimiento y de construcción de un mundo en el que, ojalá, a nadie que la quiera, le falte.©

1. Palacios, J. y Rodrigo, M.J. (1998). Familia y Desarrollo Humano. Madrid: Alianza Editorial. pp. 33
2. Arranz, E. y Oliva, A. (2010). Desarrollo psicológico en las nuevas estructuras familiares. Madrid: Pirámide.
3. Por ejemplo, desde una perspectiva confesional, CVX España propone una metodología para definir el propio proyecto de familia Crear + familia (http://web.cvx-e.es). También desde Encuentro Matrimonial se pretende facilitar la comunicación para formular un proyecto de pareja que sea germen de uno de familia (http://www.encuentromatrimonial.comcom). Otras propuestas podrían abordar estas cuestiones desde lo aconfesional.


Ana Berástegui Pedro-Viejo
Doctora en Psicología.
Investigadora propia en el Instituto Universitario de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas

 

Retrato de familia

Retrato de familia

En este número, Crítica lleva a cabo una radiografía sobre la familia en nuestro país, aunque los nuevos modelos y unidades familiares ocuparán el grueso de nuestro monográfico se da una visión amplia de todos aquellos problemas y conflictos que se dan dentro del seno familiar, como siempre aportando una visión multidisciplinar apoyada y respaldada por prestigiosas firmas especializadas en el tema.


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