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¿Cómo afrontar en el ámbito familiar el uso de drogas ?

Escrito por: José Luis Sancho Acero
Marzo - Abril 2013

Enfrentarnos al fenómeno de las drogas en nuestros hijos e hijas adolescentes es algo que aterroriza a la mayoría de las familias. Nadie tiene claro si es bueno o malo hablar de ello, si llegamos demasiado pronto y, por tanto, despertamos un interés que no existía o si llegamos demasiado tarde y ofrecemos información inútil.

Por suerte para todos, el problema del consumo de drogas no tiene nada que ver con lo que años atrás suponía, pero eso no quiere decir que, aunque haya desaparecido del imaginario social, nos encontremos con un problema menor del que haya que desentenderse, especialmente cuando hablamos de adolescentes y jóvenes. Según datos del Plan Nacional Sobre Drogas en la encuesta Estudes (2010) sobre estudiantes de enseñanzas secundarias de 14 a 18 años, las drogas más consumidas por nuestros adolescentes son en orden de importancia el alcohol (75,1% alguna vez en la vida, 63% en los últimos 30 días), el tabaco (39,8% y 26,2%) y el cannabis (33% y 17,2%). Las edades medias de inicio para el tabaco y el alcohol son entre los 13 y 14 años, y de 14,7 años para el cannabis. Si hablamos en función del sexo de los adolescentes, la proporción de chicos que consumen drogas ilegales es mayor que la de chicas y, en cuanto a las drogas legales y fármacos tranquilizantes la proporción se invierte.

Algunos errores

Las cifras son siempre frías pero si pensamos en una ciudad como Madrid en la que hay alrededor de 300.000 adolescentes, tenemos que en torno a 142.000 han consumido alcohol en el último mes, 31.000 tabaco y 17.000 cannabis. Analizar así las estadísticas nos aclara el tamaño del fenómeno y entendemos por qué algunos afirmamos que no hace falta preguntar si tenemos un problema real con nuestros y nuestras adolescentes y jóvenes que, desde luego, tenemos.

Por otro lado, hemos de destacar que, la mayoría de nuestros menores no consumen drogas y, la etiqueta de que la adolescencia y la juventud de nuestro país es vaga, indolente y problemática, es totalmente infundada e injustificada. Aún así, seríamos irresponsables si no fuésemos conscientes de que existe un consumo de sustancias, más o menos recreativo, en un número importante de los mismos como nos indican los datos más arriba mencionados.

Antes de hablar de qué, cómo y cuánto consumen, primero habría que describir algunos conceptos básicos como qué es una droga, qué es una adicción, el uso y el abuso de sustancias. Droga, según la O.M.S (1974), es definida como: sustancia química, que se incorpora al organismo humano, con capacidad para modificar varias funciones de éste (percepción, conducta, motricidad, etc.). Cuando pensamos en el consumo de drogas por parte de nuestras hijas e hijos adolescentes siempre pensamos en que son adictos, en la mayoría de los casos este es un gran error. La adicción es la última fase de un largo proceso en el que se ha tenido que generar tolerancia (cada vez se necesita más sustancia para percibir los mismos efectos), cambiar el estilo de vida (dedicando la mayor parte del tiempo a realizar actividades que faciliten la consecución de la sustancia) y que se produzca síndrome de abstinencia en el caso de no haber consumido en un periodo de tiempo relativamente corto (horas). Estos tres componentes definen la existencia o no de una adicción.

En casos excepcionales vamos a encontrarnos con una adicción instaurada en un adolescente normalizado, en el peor de los casos encontraremos un uso abusivo (consumo de sustancias en cantidades elevadas, sin llegar a generar una adicción y creando problemas en los ámbitos escolares, familiares y relacionales) y, en muchos, un uso de las sustancias en momentos esporádicos y, generalmente, en contexto recreativos.

¿Qué es lo que consumen los adolescentes que consumen?

El patrón más habitual de consumo de los adolescentes que consumen es tabaco y cannabis durante la semana y los fines de semana añaden alcohol, drogas de síntesis o cocaína en contextos de ocio. Subrayando que este sería el patrón de un adolescente abusador de sustancias ya que el resto se dedicarían a consumir alcohol y tabaco los fines de semana en contextos de ocio (botellón) y quizá, de manera esporádica cannabis y alguna otra sustancia ilegal. Pero lo que más nos ha de preocupar es como el consumo, junto a otras situaciones vitales del/la adolescente, puedan interferir en su normal evolución madurativa.

¿Por qué consumen?

Principalmente porque lo que les ofrecen las sustancias les gusta, les gusta reírse y divertirse con sus iguales, les hace sentirse importantes dentro del grupo y tienen sensaciones que en condiciones normales son muy difíciles de conseguir o incluso imposibles. Las drogas siempre dan premio, frente a las conductas saludables que no siempre lo hacen (uno puede estudiar mucho pero la recompensa está a nueve meses, o hacer mucho deporte y no llegar a ser nada en el mundo deportivo).

Hasta aquí hemos estado describiendo de forma genérica y somera cuál es la situación del consumo de sustancias en los y las adolescentes, cómo casi siempre nos hace preocuparnos pero no responde a la pregunta que surge ante el problema de las drogas: ¿Qué hacemos ante el posible consumo de drogas de nuestros hijos e hijas? Depende, no puede haber una respuesta general ya que no va a haber situaciones iguales. Depende de si ha habido o no consumo. Si lo habido, de qué dimensión y cómo pueda estar interfiriendo en la vida cotidiana de los muchachos.

Antes de que aparezca el problema

El trabajo en prevención nos ha hecho llegar a la conclusión de que muchas veces llegamos tarde para prevenir los primeros consumos de sustancias legales y alguna ilegal. Solemos esperar a que los chicos y chicas estén en secundaria sin caer en la cuenta que muchos de nuestros menores entran en contacto con las sustancias en el mismo momento en el que estamos haciendo la prevención. Lo adecuado sería informarles al final de la primaria sobre sustancias como el alcohol, el tabaco y el cannabis. Pero a la vez hemos de inculcarles desde muy pequeños hábitos de vida saludables y fomentar una maduración adecuada a su etapa evolutiva con un autoconcepto y una autoestima ajustadas y positivas.

En el fondo hemos de hablar con ellos dando información clara y ajustada sobre las sustancias, pero sobre todo hemos de hablar con ellos y ellas de sí mismos. También hemos de pedir que en los centros escolares se apliquen programas de prevención que hayan demostrado su eficacia, que estén basados en la evidencia (no todo lo que dice ser prevención previene realmente) y que, normalmente van a implicar a toda la comunidad educativa: profesores, padres y madres y alumnos.

Cuando existen primeros acercamientos

La primera recomendación es mantener la calma, de nada nos sirve convertirnos en “hidras” descontroladas o dejarnos llevar por el pánico. Antes de nada hay que establecer unas normas y límites claros que incluyan, entre otras conductas, el posible consumo de sustancias (desde nuestro punto de vista no existe ningún consumo inocuo y menos en estas edades).

Antes de que se incumplan las normas, de nuevo, hay que hablar con ellas y ellos de ellos y, también, de las sustancias con información clara y objetiva, no conviene exagerar el efecto de las sustancias ya que la experiencia personal y/o de sus amigos no van a corroborar esta información de manera habitual. Es recomendable conocer a sus amigos y estar informados de sus actividades. Saber si tienen novio o novia, saber que les gusta… escucharles.

Cuando se incumplan estas normas sancionar de manera proporcional e inmediata. La inmediatez no significa hacerlo todo cuando el chico o la chica llegan bebidos o fumados (en ese momento es cuando menos receptivos están y cuando menos autocontrol pueden manifestar), esperemos al día siguiente, que hayan dormido los efectos de la sustancia, y ahí es cuando tenemos que intervenir. Es importante no perder los papeles y ser capaces de transmitir tranquilidad, ser coherentes con lo que hemos decidido y aplicarlo. También es vital que los adultos involucrados en la vida de un adolescente, ya sean padres, madres, estén juntos o separados, ante las situaciones problema, presenten una única forma de afrontarlas. Los adultos tienen que estar en la misma sintonía educativa, tienen que tocar la misma música, para poder ayudar al o la adolescente.

Otro aspecto a destacar es la coherencia de ambos padres. Es muy difícil transmitir preocupación por el consumo de sustancias legales cuando uno de los dos o los dos progenitores consumen esas mismas sustancias. También será muy importante no relativizar. Muchos de los que ahora son padres o madres de adolescentes, vivieron su juventud con la movida madrileña o en los noventa, muchos conocen gente que han consumido drogas o, incluso, ellos mismos han tenido algún acercamiento a las mismas. Trasmitir la idea de que existen “drogas blandas” y “drogas duras”, exponer la propia experiencia o relativizar determinados consumos, envía un mensaje ambiguo al adolescente. Un mensaje que puede dar permiso y justificar el uso y el abuso de las sustancias.

Ante consumo y comportamientos problemáticos

No se trata de preocuparnos tanto como de ocuparnos. Mantengamos la calma, analicemos la situación sin dulcificarla (pero si es una niña, cómo va a ser posible…) pero sin exagerarla (es un toxicómano, vamos a ingresarle en una comunidad terapéutica…). El pánico no nos va a ayudar a ayudar a nuestro hijo o hija adolescente. Tampoco buscar culpables nos va permitir buscar salidas objetivas. Es muy común culpar a las compañías sin recordar el refranero tradicional “Dios los cría y ellos se juntan”; responsabilizarnos por no haber sabido ser buenos padres sin tener en cuenta que por muy malos padres que hayamos sido no les hemos puesto un porro en la boca; o, como última opción, responsabilizar exclusivamente a nuestro hijo como mala persona o psicopatologizándolo. En este tipo de situaciones problemáticas no existe un único componente, son situaciones con origen multicausal.

De nuevo el primer paso será dialogar con nuestro adolescente, preguntándole qué le sucede de manera sincera. Hemos de ayudarle a ver que tiene un problema y que entre todos hemos de dar una solución.

Hemos de pensar que, aunque el primer contacto con las sustancias está muy relacionado con la presión de grupo y el ocio, el mantenimiento y el abuso de las mismas, normalmente va estar relacionado con otra serie de problemas personales y familiares. El abuso de sustancias en adolescentes suele ser síntoma de un proceso de maduración inadecuado y manifiesta la necesidad, por parte del adolescente, de recibir ayuda aunque aparentemente manifieste lo opuesto.

En última instancia, hemos de buscar ayuda profesional que nos ayude como familia con un hijo abusador de sustancias. No esperemos milagros inmediatos y fiémonos de los profesionales que puedan ayudarnos. Existen muchas organizaciones con una trayectoria de resultados positivos en el trabajo con adolescentes y jóvenes que nos pueden ayudar a afrontar de manera adecuada el problema.

Para concluir, lo más importante va a ser la prevención basada en la creación de hábitos saludables, pero más aún que esto va a ser la comunicación y preocupación sincera por la persona que es el adolescente con el que convivimos. En medio de su proceso evolutivo que nos transmite caos, necesita figuras de referencia que le ofrezcan estabilidad y seguridad aunque aparentemente ni la pida, ni la desee. Cómo decía una padre en una de las múltiples escuelas de padres que hemos realizado; cuando entran en la adolescencia parece que alguien ha raptado a tu niño o niña querido y, en su lugar, te han dejado un extraño enfadado y ofuscado que sólo es agradable para otros, pero al finalizar la adolescencia, vuelve tu hijo o hija querida más maduro. Es en ese período de impasse dónde se hace más necesaria nuestra madurez y paciencia para ayudarles a evitar problemas mayores cómo pueda ser la adicción a una sustancia.©

ALGUNOS LINKS DE INTERÉS

  • Web de RecURRA-Ginso: www.recurra.com En ella podrán solicitar información y ayuda sobre cómo intervenir con hijos e hijas en conflicto con sus familias.
  • Escuela de familias de la Asociación Proyecto Hombre: www.escueladefamiliasph.org Es una escuela de familias que puede ofertarles la experiencia de prevención en el consumo de sustancias de la Asociación Proyecto Hombre.
  • Web de la Fundación de ayuda a la drogadicción: www.fad.es Web con numerosos recursos educativos y familiares para prevenir el consumo de drogas y fomentar conductas saludables.
  • Web del Plan Nacional sobre Drogas: www.pnsd.msc.es/ En ella podrán encontrar información actualizada sobre el fenómeno de las drogodependencias en nuestro país y gran cantidad de material para padres, profesores y profesionales.
  • National Institute on Drug Abuse (NIDA) en Español: http://drugabuse.gov/nidaespanol.html .

José Luis Sancho Acero

Director Técnico Programa Recurra


 

Retrato de familia

Retrato de familia

En este número, Crítica lleva a cabo una radiografía sobre la familia en nuestro país, aunque los nuevos modelos y unidades familiares ocuparán el grueso de nuestro monográfico se da una visión amplia de todos aquellos problemas y conflictos que se dan dentro del seno familiar, como siempre aportando una visión multidisciplinar apoyada y respaldada por prestigiosas firmas especializadas en el tema.


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