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El derecho canónico ante las nuevas situaciones familiares

Escrito por: Rufino Callejo
Marzo - Abril 2013

En esta breve aportación pretendemos simplemente presentar el tratamiento que desde el derecho canónico se ofrece ante situaciones que para tal disciplina se pueden calificar más bien de irregulares que de nuevas. Las demás vertientes eclesiales desde las que se puedan afrontar estas realidades: pastoral, moral, etc. exceden con mucho los límites de este trabajo. Tampoco pretendemos desde aquí valorar la actual disciplina canónica de la Iglesia en este ámbito familiar, sólo exponerla para que si dicha valoración se hace sea partiendo de la actual regulación eclesial y de su fundamentación.

Vamos a referirnos a cuatro de estas uniones que creemos engloban las principales situaciones familiares que la Iglesia no reconoce como válidas, aunque la fundamentación y consideración de todas ellas no sea para nada uniforme. Serán el matrimonio homosexual, las parejas o uniones de hecho, el matrimonio civil de quien ya contrajo matrimonio válido para la Iglesia y el matrimonio civil de los católicos que no tendrían obstáculo para contraer en forma canónica. Será en este último supuesto en el que más nos detengamos, pues creemos que es él que necesita mayores matizaciones en su valoración y al que la disciplina eclesial da más entidad.

El matrimonio entre personas del mismo sexo

Bien conocido es el rechazo frontal de la doctrina eclesial a que las legislaciones civiles permitan el matrimonio entre personas del mismo sexo, comenzando por condenar la misma denominación de matrimonio a estas situaciones.

No podemos en estos casos hablar siquiera de nulidad matrimonial, ya que no habría lugar ni para entrar a analizar la consistencia jurídica de estas uniones, pues radicalmente serían inexistentes e imposibles de incluir en el concepto mismo de matrimonio como lo concibe la Iglesia. Lo que sí se refleja en la normativa canónica es la base primigenia por la que se rechaza tajantemente la inclusión de dichas uniones dentro del concepto de matrimonio. Dice en tal sentido el c. 1055§1: La alianza matrimonial por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados. Previamente a tal “elevación” a sacramento, el matrimonio es, ante todo, institución natural. En Palabras de Juan Pablo II existe en la economía de la creación, el mismo pacto conyugal instituido por el Creador al principio1. Esa realidad primigenia o alianza divina que preexiste antes de convertirse en sacramento o en matrimonio canónico, es ante todo una unión heterosexual, por lo que querer convertir en matrimonial una unión entre personas del mismo sexo sería socavar la esencia de esa institución creacional y sagrada. El derecho natural, proveniente para la Iglesia de la ley que el creador imprime en la naturaleza humana, se ve gravemente vulnerado en estas ocasiones. Explicada muy brevemente esta sería la base teológico-antropológica de la oposición radical de la Iglesia a esta figura que ya acogen algunos ordenamientos civiles como el español.

Las parejas de hecho

El derecho de la Iglesia no se refiere directamente a tales uniones, la ilegitimidad o irregularidad con las que se les califica provendrá de la doctrina moral. Sin embargo, sí encontramos una referencia codicial que podría indicarnos una cierta relevancia en el ámbito matrimonial de lo que aquí denominamos parejas de hecho. Se trata del impedimento de pública honestidad del c. 1093. Dicho impedimento surge tanto del matrimonio inválido como del concubinato notorio o público e invalida el matrimonio entre los consanguíneos en línea recta en primer grado de cualquiera de las partes de la pareja en relación con el otro miembro de la pareja, o sea, con cualquiera de los progenitores o de los hijos del o de la que ha sido tu pareja. Es impedimento dispensable y no reservado.

Entendemos, aunque la denominación sea muy diferente, que el canon viene referido a lo que en el ámbito civil se califican como uniones de hecho, en las que hay una vocación de continuidad y que en alguna medida presentan un estatus cercano al matrimonial. Y así lo entendería la Iglesia, al menos indirectamente, al establecer que después de instaurada una situación “cuasi” marital, es ilegitimo que se case válidamente uno de los miembros de la pareja con personas a las que ha estado unido anteriormente por una situación de “cuasi” parentesco muy cercana.

Los matrimonios civiles con impedimento de vínculo para la Iglesia

Una parte importante de los matrimonios civiles de los católicos, inválidos para la Iglesia, se deben a que al menos una de las partes estuvo antes casada válidamente ante la Iglesia y tras un divorcio civil el matrimonio canónico no ha sido declarado nulo ni disuelto. El impedimento que existe en estas ocasiones para contraer válidamente ante la Iglesia es el de vínculo, c. 1085§1: Atenta inválidamente el matrimonio quien está ligado por el vínculo de un matrimonio anterior, aunque no haya sido consumado. Dicho impedimento es considerado por la Iglesia fundamentado en el derecho divino positivo y, por la tanto, no será dispensable. Por lo tanto, ese impedimento sólo cesaría con la muerte del cónyuge del primer enlace, por declaración de nulidad del primer matrimonio o por concesión de la disolución si no hubiera sido rato y consumado.

Sin embargo, hay un aspecto sobre el que abundaremos en el siguiente supuesto, pero que ya en éste queremos poner de manifiesto: el consentimiento matrimonial emitido civilmente por católicos incursos en un impedimento de vínculo, puede ser sanado en raíz por parte de la Sede Apostólica sin necesidad de que dicho consentimiento sea renovado (CC. 1161§1 y 1165§2) y habiendo cesado el impedimento de derecho divino positivo. Por tanto, dicho consentimiento inválido no sólo en cuanto a la forma de emisión, como ahora veremos, sino, sobre todo, por incurrir en un impedimento de derecho divino, puede tener efecto ante la Iglesia, y no porque se haya vuelto a emitir, sino porque es sanado el primitivamente expresado una vez desaparecido el impedimento. No se podrá decir que ante la Iglesia estos supuestos sean los de matrimonio nunca existente, ya que potencialmente el consentimiento inválidamente emitido puede ser la base de un matrimonio válido y sacramental ante la Iglesia. En el siguiente supuesto desarrollaremos más este aspecto.

El matrimonio civil de los católicos

La disciplina canónica vigente establece que todos los bautizados en la Iglesia católica o recibidos en ella están sujetos al requisito de la forma canónica para contraer válidamente matrimonio (c. 1117)2. Dicho requisito ad validitatemse impone a partir de Trento mediante el decreto Tametsi3, fundamentalmente por razones de seguridad jurídica. Es evidente que la forma canónica no es un elemento constitutivo del matrimonio, ya que aparece en un momento histórico determinado y ostenta una naturaleza claramente jurídico-positiva, mientras que la causa eficiente del matrimonio en la doctrina y el derecho de la Iglesia católica es el consentimiento de las partes (c. 1057§1).

Pero de la invalidez positiva deduce un importante sector doctrinal que dicha unión civil de los católicos sería “objetiva y ontológicamente no matrimonio”, o sea inexistente, al carecer de esos requisitos formales que la ley canónica exige4.

Nuestra postura es divergente con tal opinión. Invalidez e incluso falta de eficacia jurídica no significa inexistencia, y en esta realidad que ahora analizamos claramente se puede comprobar. Que esa unión sea inválida e incluso ilegítima, no tiene que suponer que no contraigan objetivamente.

Hay numerosas pruebas de que la Iglesia no considera inexistentes tales matrimonios. Piénsese en los múltiples efectos que lleva consigo según el derecho de la Iglesia contraer matrimonio civil, aunque sea inválido, diferentes de los que conlleva una mera unión de hecho, por ejemplo, en relación con el orden sagrado o con la vida consagrada (CC.1394§1 y 694§1), dónde el sólo intento de celebrar dicho matrimonio puede suponer la expulsión ipso facto del instituto religioso o la pérdida del estado clerical. De una realidad inexistente no se derivan consecuencias tan importantes en esas situaciones especiales.

Más relevante en este sentido es que el magisterio papal reconozca que la situación de los católicos que contraen matrimonio civil, debiendo y pudiéndolo contraer canónico “no puede compararse a los que conviven sin vínculo alguno”, ya que “hay en ellos al menos un cierto compromiso a un estado de vida concreto y quizás estable” y al buscar “el reconocimiento público del vínculo por parte del estado, tales parejas demuestran una disposición a asumir, junto con las ventajas, también las obligaciones”5.

Pero la relevancia y existencia jurídica del matrimonio civil de los católicos, del consentimiento emitido inválidamente ante la Iglesia, se pone de manifiesto especialmente a través del instituto jurídico de la sanación en raíz recogida en los CC. 1161-1165. A través de esta figura, a la que ya hemos aludido, cuando en el matrimonio civil celebrado existe un verdadero consentimiento, única causa eficiente del matrimonio, un acto de voluntad sincero por el cual los que contraen se entregan y reciben mutuamente como marido y mujer en un proyecto permanente de vida, en determinados casos la autoridad eclesiástica les puede dispensar de la forma canónica y, sanándolo, convertir ese matrimonio meramente civil en canónicamente válido e incluso sacramental, sin necesidad de volver a celebrarlo. Esto sería jurídica y teológicamente imposible si el matrimonio civil de los católicos fuera inexistente, ya que lo que no existe no puede ser sanado; en el consentimiento primero, aunque fuera desde una juridicidad positiva ineficaz para la Iglesia, encontramos la raíz de un auténtico matrimonio. Sin la existencia, ningún matrimonio puede ser subsanado en raíz, ya que la sanación habla de una realidad esencial que se encuentra impedida en su eficacia o reconocimiento jurídico, pero que en otros planos más sustanciales existía desde un primer momento.

De todo ello deducimos que cuando existe voluntad sincera y firme de vincularse conyugalmente ante el estado y la sociedad y el consentimiento matrimonial es sincero y entre personas capaces para ello, creemos que no es cierto que esa unión no tenga relevancia existencial para la Iglesia porque no se dé una forma jurídica eficaz. No se trata de cuestionar la clara invalidez canónica de esa unión, sino de distinguirla de la inexistencia, que es un concepto mucho más profundo, personal y que entronca con un nivel profundamente más jurídico que el meramente positivo. Creemos con el profesor Díaz Moreno que la identidad invalidez- inexistencia empobrece de una manera simplista una realidad antropológica y teológica tan profundamente rica como el matrimonio6

NOTAS

1.Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, n. 68.
2.Hasta recientemente este requisito no obligaba a los que hubieran abandonado la Iglesia por acto formal. El Motu proprio Omnium in mentem, de 26 de octubre de 2009 eliminó esta excepción introducida en el CIC 83 y generalizó esta obligación a todo católico. Anteriormente habíamos expresado nuestras reticencias acerca de dicha excepción, sobre todo en relación con la seguridad jurídica, R. Callejo de Paz, Una regulación confusa y sugerencias de iure condendo. Anotaciones sobre los cánones 1071§1,4; 1086, 1117 y 1124, en Estudios Eclesiásticos 83 (2008) 605-630, y posteriormente valoramos positivamente la reforma en R. Callejo de Paz, Ventajas y algún cuestionamiento a la reforma matrimonial introducida por el M.P. Omnium in mentem, en Estudios Eclesiásticos 85 (2010) 855-862.
3.Puede verse la evolución la evolución histórica y las controversias en este sentido en R. Callejo de Paz, Sacramentalidad y forma jurídica-canónica del matrimonio. Sugerencias, en Estudios Eclesiásticos, 79 (2004) 673-699.
4.Cf, T. Rincón-Pérez, El matrimonio cristiano. Sacramento de la creación y de la redención, Pamplona 1997, e Implicaciones doctrinales del matrimonio civil de los católicos, en Ius Canonicum 38 (1979) 77-158.
5.Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, n. 82.
6.Cf, El matrimonio civil de los católicos, en Razón y fe, febrero 2004, 158.


Rufino Callejo

Facultad de Drecho Canónico de la Universidad Pontificia Comillas


 

Retrato de familia

Retrato de familia

En este número, Crítica lleva a cabo una radiografía sobre la familia en nuestro país, aunque los nuevos modelos y unidades familiares ocuparán el grueso de nuestro monográfico se da una visión amplia de todos aquellos problemas y conflictos que se dan dentro del seno familiar, como siempre aportando una visión multidisciplinar apoyada y respaldada por prestigiosas firmas especializadas en el tema.


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