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Mujeres en el deporte, iconos invisibles

Escrito por: Cristina Gallo
Marzo - Abril 2012

El deporte femenino español está plagado de figuras en las diferentes modalidades deportivas, tanto a nivel nacional como fuera de nuestras fronteras. Por desgracia, la escasa cobertura que reciben nos impide identificarlas y relacionar de forma inmediata una mujer con un deporte concreto, salvo contadas excepciones.

Para explicar dichas excepciones debemos recordar una situación que marcó la evolución de la mujer española en el deporte. Durante los años de posguerra y hasta bien avanzados los años 60, la presencia femenina fue escasa y dependiente de las actividades promovidas por estamentos políticos como la Sección Femenina, actividades que debían adecuarse al papel asignado a la mujer, el de madre y esposa. El atletismo femenino fue simplemente prohibido hasta 1960 porque “hacía que las mujeres parecieran hombres”. El fútbol era un divertimento en los días de fiestas patronales con partidos amistosos entre equipos de “señoritas”, nombre utilizado también para referirse a las tenistas, deporte arraigado entre la alta sociedad. Sin embargo, deportes como el baloncesto o el hockey eran practicados en las escuelas, no sin severas normativas que obligaban al uso de pantalones bombachos o faldas, haciendo prevalecer siempre la estética sobre el rendimiento.

Excepciones a la invisibilidad

Si preguntásemos a cualquier persona por una figura femenina del deporte español, la respuesta inmediata sería Arantxa Sánchez Vicario. Sin duda continúa siendo la imagen de la mujer deportista en nuestro país, el espejo en el que muchas niñas pudieron mirarse, tras décadas sin figuras que mostrasen a la población femenina que ellas también podían triunfar, mostrar en público su agonía o una determinación sin límites. Sánchez Vicario no fue la primera, pero sí la más visible, junto a Conchita Martínez. Veinte años después el imaginario colectivo apenas tiene cuatro o cinco nombres más que recuerden sin esfuerzo. En este tiempo las mujeres que trabajan en el ámbito deportivo han conquistado todos los títulos posibles y han llegado a puestos que no estaban a su alcance. Son entrenadoras, árbitras, gerentes, directoras deportivas, presidentas. Pero seguimos sin conocerlas.

Marta Domínguez es una de esas contadas excepciones a la invisibilidad. Ella es el icono por excelencia del atletismo español. Su imagen va ligada a la de una cinta rosa, símbolo de una mujer que nunca se rinde, para la que no hay imposibles. En los últimos tiempos su imagen ha sido la de una mujer acusada de dopaje y tráfico de sustancias prohibidas. Las mismas voces que, paralelamente, salían en defensa del positivo del ciclista Contador, se empeñaban en llamar “mentira”, “traficante” y “mito caído” a la más grande de nuestras deportistas. Afortunadamente, ella demostró durante ese tiempo la misma templanza y obstinación que durante años la han llevado a la cima del deporte mundial. Probó su inocencia y fue absuelta de todos los cargos. Ahora entrena cada día para recuperar el nivel que tenía antes del terremoto mediático, pero compartiendo su tiempo con su pequeño hijo Javier y el cargo de senadora obtenido en las últimas elecciones.

Otra senadora, Miriam Blasco, fue la primera mujer española que se alzaba con el oro en unos Juegos Olímpicos. Se cumplen ahora 20 años de su inolvidable victoria en Barcelona’ 92 y, pese a que ya no compite, es un referente para todas las mujeres que practican deporte y su más firme defensora. Como senadora consiguió que, por unanimidad, se aprobase una moción que instaba a adoptar las medidas necesarias para incentivar y promocionar el deporte femenino y los resultados obtenidos por las deportistas. Del Senado ha pasado a ser la portavoz de deportes del PP en el Congreso de los Diputados, aunque siempre ha seguido vinculada al judo.

A la búsqueda de nuevos rostros

Londres nos permitirá conocer nuevos rostros de mujer. Por alguna extraña razón sólo en las citas olímpicas se nos muestra casi por igual a ellas y a ellos. Nadie ha olvidado las incontrolables lágrimas de Tania Lamarca y sus compañeras del conjunto de rítmica cuando recibían el oro en Atlanta’96. Ni el rostro curtido por el mar de Theresa Zabell, irradiando felicidad con su segundo oro olímpico al cuello. Sin olvidarnos de paralímpicas como la atleta Purificación Santamarta, leyenda del atletismo para ciegos con 16 medallas de oro en 6 Juegos Paralímpicos. Las mismas que acumula la nadadora Teresa Perales aunque en distintos metales, 5 oros, 3 platas y 8 bronces, cantidad que podría aumentar en la próxima edición paralímpica de Londres 2012.

Los últimos Juegos en Beijing colocaron en el primer plano a una figura que ya lo había demostrado todo en otras competiciones y cuya imagen siempre estará ligada al agua. Gemma Mengual es la deportista española más laureada y una leyenda viva de la natación sincronizada. Sus 39 medallas entre mundiales, europeos y Juegos Olímpicos son fruto de más de veinte años en la piscina. Su salto a los titulares tras los Juegos la convirtió en imagen de anuncios navideños, tarjetas de crédito y, como no podía ser de otro modo, bañadores. El anuncio de su retirada no ha dejado huérfana esta disciplina porque su “visibilidad” ha servido para que muchas niñas acudan a las piscinas para aprender a “bailar en el agua” como su ídolo.

Otro de los pocos iconos “visibles” es Amaya Valdemoro, aunque sólo se nos muestre el baloncesto femenino en las grandes ocasiones. Podría ser definida en una sola palabra: victoria. Ha jugado en Estados Unidos, Rusia, Brasil y los principales equipos de España. Su lista de triunfos es casi tan alta como ella (1,82m) y alguno los tiene por triplicado: tres anillos de la WNBA, tres bronces en el Eurobasket y tres mundiales de clubes. Aunque para ella tiene un sabor a victoria el bronce del Mundial en 2010 y sus dos participaciones olímpicas. También es un ejemplo de superación. A sus 35 años, jugando el primer partido de la Euroliga 2011, Valdemoro sufrió una mala caída sobre sus manos rompiéndose las dos muñecas, pero en poco más de tres meses volvía a las canchas, porque no entiende la vida sin baloncesto.

Edurne Pasaban, en cambio, no entiende la vida sin la montaña. Por méritos propios es la imagen del alpinismo español y se ha ganado el reconocimiento internacional disputando una particular carrera por convertirse en la primera mujer que coronase los 14 ochomiles. Expediciones al límite de fuerzas, ascensiones en las que estuvo a punto de morir o cordadas en las que perdió a compañeros no impidieron que consiguiese su objetivo y el primer lugar de tan peculiar carrera. Su impacto mediático ha silenciado, sin intención, los logros de otras escaladoras como Cecilia Buil o Rosa Fernández, que han realizado proezas en cascadas heladas o haciendo cumbre tras haber superado un cáncer. Mención aparte merece Josune Bereziartu, la mejor escaladora en roca del mundo. Ella es la única que consiguió igualar un récord deportivo masculino encadenando un 9a/9a+, la máxima dificultad en esta especialidad. Su nombre es sólo reconocido en el mundo de la escalada, aunque eso a ella le baste.

No hay un deporte en el que no tengamos una campeona de Europa o Mundial: judo, karate, taekwondo, halterofilia, hockey hierba o patines, balonmano, baloncesto, fútbol sala, rugby e incluso motociclismo. A nivel de club o de selección, las mujeres lo han ganado prácticamente todo en los terrenos de juego. Todo menos la visibilidad, especialmente en modalidades consideradas como exclusivamente masculinas. El fútbol es el más claro de los ejemplos. Pocas personas saben que las mujeres han practicado el llamado deporte rey desde sus inicios y, que en 2012 todavía se trabaja por aprobar una licencia profesional femenina y un convenio colectivo que regularice su situación laboral.

Mujeres futbolistas

Conchi Sánchez representa uno de los iconos invisibles del fútbol femenino. Considerada como una de las mejores jugadoras del mundo en su época, esta madrileña a la que apodaban “la Amancio” emigró con 15 años a Italia en la década de los 70, después de haber jugado en España de forma “ilegal” porque el fútbol femenino no estaba reconocido. Fuera de nuestras fronteras existían equipos y una incipiente liga en la que podía practicar el deporte para el que había nacido. Conquistó diez títulos del “scudetto” y cinco copas de Italia, con una media de 43 goles por temporada.Tras ella emigraron otras buscando poder dedicarse a un deporte sin tener que elegir entre estudios, familia o entrenamientos. Angeles Parejo eligió también Italia, donde jugó durante 23 años (1988- 2011) al máximo nivel. El año de su marcha, la Federación Española creaba la primera liga femenina con nueve clubes (temporada 88- 89) y, poco después, la selección femenina era una realidad, con la asturiana Inma Castañón como primera capitana. A Castañón le pusieron el sobrenombre de “la Maradona” (sólo había referentes masculinos) y fue, con Parejo, la estrella del equipo que consiguió el bronce en la única Eurocopa que, hasta hoy, ha disputado nuestro combinado nacional femenino.

Cuarenta años después, nuestras jugadoras siguen emigrando para poder evolucionar y dedicarse profesionalmente al fútbol. Laura del Río y Verónica Boquete son la imagen actual de nuestro fútbol a nivel internacional. La capacidad goleadora de Laura del Río es su mejor tarjeta de presentación, como lo es su determinación.

Sus 40 goles en 39 partidos con el combinado nacional atrajeron la atención de las mejores ligas del mundo. Del Río fue la primera española en jugar la Liga profesional femenina de Estados Unidos (WPS) consiguiendo el subcampeonato en 2011 con el Independence de Filadelfia. Boquete la siguió hasta allí y causó una tremenda impresión entre las profesionales americanas, siendo elegida mejor jugadora del año de la WPS.

Mujeres y ciclismo

Algo similar le ocurre al ciclismo, el otro deporte rey en nuestro país. En nuestro país había 43 hombres por cada ciclista federada cuando, a pesar de tan bajo número, surgieron tres campeonas del mundo en pista, carretera y montaña: Dori Ruano, Joane Somarriba yMarga Fullana. Dori Ruano empezó a competir en carretera porque le resultaba muy fácil pedalear, no se cansaba y su fuerte personalidad soportó todas las pruebas a las que fue sometida, tanto físicas como psicológicas. Ruano no abandonó, cambió la carretera por la pista y en su primer año fue subcampeona del mundo en pista. Sólo necesitó un año más para ser el primer oro del ciclismo femenino. Tras ella apareció una figura que, de haber sido hombre, estaría en los altares del ciclismo: Joane Somarriba. Tres Tours, dos Giros y un Mundial contrarreloj no fueron suficientes para convertirse en un referente del deporte español. Y en la montaña, una de las modalidades que más atrae en la actualidad a la mujer, Marga Fullana. fue la gran dominadora con cinco títulos mundiales, uno europeo y un bronce olímpico.

Ha quedado evidenciado que España goza de un magnífico nivel entre las mujeres que practican deporte. Nos hemos dejado muchas en el tintero porque haría falta un libro entero para contar sus hazañas. Laia Sanz, Gisela Pulido, y Azahara Muñoz, son las más jóvenes de esa lista. Lo cierto es que, si nos los diesen a conocer, podríamos encontrar iconos en todos los terrenos. Iconos invisibles para el gran público, pero imprescindibles para la evolución del deporte español en su conjunto.©


Cristina Gallo

Periodista y escritora


 

 

Iconos femeninos de nuestro tiempo

Iconos femeninos de nuestro tiempo

El artículo marco de este monográfico es “El feminismo hoy”, punto de partida para ahondar en el conocimiento de la mujeres que han destacado en el campo del saber y de la cultura. Haciendo un repaso de todos aquellos iconos femeninos de la literatura, la ciencia y la investigación, en el cine y la publicidad, mujeres en el poder, la educación, el deporte, la poesía y la religión.


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