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ONGD: volviendo a los orígenes para construir alternativas

Escrito por: Mercedes Ruiz-Giménez Aguilar
Enero - Febrero 2013

La indignación ciudadana ante una realidad injusta, manifestada a través de movimientos sociales como el 15 M, las mareas: blanca, verde, morada, naranja que han llenado nuestras calles en todas las ciudades del Estado español, ha sido un revulsivo que ha abierto nuevas esperanzas para promover conjuntamente alternativas que den una vuelta al timón y cambien el rumbo de un sistema que genera pobreza, desigualdades crecientes y corrupción a todos los niveles.

Hoy nos toca vivir y trabajar en el marco de una sociedad en cambio, convulsionada por la mal llamada crisis económica que es más bien una estafa económica, un expolio de riqueza, provocada por el modelo neoliberal en el que el capital y los mercados financieros son los que dirigen nuestras existencias y machacan los derechos de las personas, especialmente los de las más vulnerables.

La hegemonía del pensamiento neoliberal hace difícil que se abran paso las propuestas de construcción de un mundo solidario y justo. En su lugar se promueve la caridad mal entendida y el asistencialismo, (preferentemente con fondos privados), como única alternativa a los graves problemas sociales, económicos y políticos en los que estamos inmersos.

En este marco hay personas que se preguntan si es pertinente que sigan existiendo las ONGD y cuál es su misión en estos momentos de drásticos e injustos recortes económicos. Hay quien opina que es normal que se reduzca su número e incluso desaparezcan algunas.

Ante tales dudas, cabe responder que justamente en estos momentos nuestra presencia es más necesaria que nunca siempre que contribuyamos a revertir la actual situación de injusticia en estrecha colaboración con los movimientos sociales. En este sentido, una de nuestras principales tareas tiene que ser la de contribuir a la construcción de una ciudadanía global que promueva la justicia social en todos los contextos donde existe la pobreza, las desi-gualdades sociales y de género, la destrucción de nuestra Madre Tierra.

Un dato a tener en cuenta es la alta valoración que la sociedad española tiene del trabajo de las ONG. El sondeo de diciembre de Metroscopia sitúa a las ONG en 5º lugar de valoración, tan solo después de los científicos, médicos, pequeñas empresas y profesorado público.

El rol de las ONGD en la construcción de sociedades democráticas

La existencia de organizaciones de la sociedad civil (OSC)1 es una característica viva y esencial en la vida democrática de los países a lo largo y ancho del mundo. Las OSC colaboramos con una amplia diversidad de personas y promovemos los derechos humanos2. El rol de las ONG como defensoras y promotoras de una democracia global y participativa es esencial.

En toda sociedad democrática, la sociedad civil debe jugar un papel destacado en la construcción de políticas públicas, en la elaboración de propuestas, en el monitoreo de las mismas, en el control de las estructuras de mercado a través de la observación y denuncia de sus abusos y en el fortalecimiento de las instituciones públicas.

Nuestra apuesta por una sociedad en la que se garantice la dignidad de las personas, el disfrute de los derechos económicos, sociales, culturales y ambiéntales, por el mero hecho de existir, es firme y decidida. En nuestro caso, como organizaciones sociales especializadas en cooperación al desarrollo, nuestro compromiso y responsabilidad es la solidaridad entre los pueblos, la defensa y promoción de las políticas públicas de cooperación para contribuir a un modelo de desarrollo que promueva la justicia social y de género, la sostenibilidad medioambiental, en una lucha contra la pobreza y la exclusión.

Hoy, por el contexto de predominio de los intereses del capital financiero en el que nos encontramos, es más necesario que nunca estar vigilantes para que los derechos ciudadanos no desaparezcan. Vivimos tiempos de concentración de riqueza cada vez mas acusada, de crecientes desigualdades sociales y de género, y de incrementos hasta hace poco impensables de pobreza extrema en muchos contextos, incluido el nuestro. Todo ello nos indica que nuestra misión de transformar las diferentes realidades sociales sigue siendo necesaria aunque para ello debemos actualizar y cambiar nuestras estrategias y estructuras; debemos responder al hoy con una mirada de utopía hacia un futuro en el que la dignidad humana sea el centro de nuestras sociedades.

En estas reflexiones sobre las OSC (Organizaciones de la Sociedad Civil) centro especialmente mi atención en aquellas que denominamos ONGD, organizaciones especializadas en la cooperación al desarrollo internacional, que trabajamos junto a otros actores del tercer sector como son otras organizaciones sociales, fundaciones y plataformas de acción social de nivel local, regional o estatal. Con ellas compartimos la defensa de una vida digna para todos y todas, aquí y a nivel mundial. Y esto pasa por trabajar conjuntamente en la promoción, aplicación y vigilancia de las políticas públicas sociales y de cooperación que contribuyen a hacer posible, en cualquier contexto, el desarrollo de sociedades justas e inclusivas.

Las ONGD, somos actores fundamentales de desarrollo3 y nuestro rol es y ha sido desde los inicios el de colaborar e incidir en la transformación social de nuestros contextos, a nivel local, nacional e internacional. La lucha contra la pobreza y las desigualdades, y sus causas estructurales nos han hecho conscientes del rol político que tenemos en la construcción de sociedades democráticas, justas, inclusivas, con equidad de género y equidad social. Creemos por ello que es imprescindible visibilizar mejor ante la ciudadanía la misión que tenemos, difundir las buenas prácticas de lo que hacemos, la experiencia acumulada para que se apropie de ella y sea también parte de nuestras aspiraciones y participe en la construcción de la gobernanza global desde la equidad y la justicia.

Haciendo memoria y autocrítica

Las ONGD españolas, en su mayor parte, exceptuando aquellas pocas que ya existían4, nacimos a mediados de los 80 y crecimos en torno al movimiento 0,7% y la defensa de una política pública de cooperación internacional. En 1986 nace la Coordinadora de Organizaciones no Gubernamentales de Cooperación al Desarrollo que hoy día articula a 17 Coordinadoras Autonómicas y agrupa a unas 400 organizaciones de ámbito estatal, autonómico y local.

Después de más de tres décadas de existencia es tiempo de autocrítica y de valorar cuál es nuestro “valor añadido”. Reconocemos que la última década nos “hemos acomodado”, “burocratizado” y profesionalizado hasta tal punto que en algunos casos nos hemos “desnaturalizado”5. Deberíamos servirnos de la profesionalidad adquirida y aplicarla a crear la capacidad de transformación social que hoy día necesitamos. Desde hace varios años el sector de las ONGD se plantea su revisión, su redefinición, su puesta al día para llevar a cabo sus roles y los nuevos desafíos.

Estamos llamadas a RECREARNOS, a RENACER a REPOTENCIAR NUESTRA IDENTIDAD ORIGINARIA. Como todo en la vida lo que no se renueva, cambia y se adapta a los diferentes contextos, desaparece o muere.

Nuestras respuestas se enmarcan en dos escenarios de cambio:

Los cambios y avances en el contexto institucional, en las agendas de desarrollo y en las demandas de las poblaciones con las que colaboramos nos llevan a una dinámica de constante adaptación.

Cambios estructurales necesarios para adaptarnos a los avances que se han dado en los países con los que colaboramos: surgen nuevas demandas y propuestas por parte de los diferentes países socios con los que colaboramos, muchos de los cuales en 10 años han conocido un fortalecimiento democrático con un alto crecimiento económico acompañado de un incremento de las desigualdades. Países emergentes en la cooperación, cooperación sur/sur, cooperación más horizontal, con respuestas más próximas culturalmente y de transferencia de conocimientos e innovación desde los aprendizajes mutuos. Todo esto supone cambios profundos en el modelo de cooperación de las ONGD, que implican recordar que cooperar supone un movimiento de ida y vuelta, operar conjuntamente, crear relaciones y alianzas más horizontales y estratégicas, tal y como nos lo señalan nuestras socias de América Latina e ir más allá de las condicionantes y límites de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD).

Otros están originados por los cambios económicos del contexto internacional y la imposición de un modelo neoliberal en el que el capital y los mercados financieros son los que dirigen nuestras existencias. En muchos contextos europeos, como en España la coyuntura económica y política ha priorizado los ajustes fiscales y los recortes en todas las políticas sociales, incluida la de cooperación al desarrollo y su intento de recentralizar esta competencia a nivel estatal, subordinándola totalmente a la política exterior del Gobierno. Se trata de un cambio de modelo hacia la instrumentalización de la cooperación al desarrollo en aras de la acción exterior de España y de la internacionalización de la nuestras empresas. Esto supone, ha supuesto, respuestas inmediatas y cambios en nuestras formas de defender la Ayuda Oficial al Desarrollo, de defender los compromisos internacionales del Estado español de destinar el 0,7% de su RNB a la lucha contra la pobreza a nivel mundial. Hemos pasado del 0,46% del 2009, a un 0,20% en los presupuestos del 2013, poniendo en alto riesgo la continuidad de la política pública de cooperación al desarrollo y el mantenimiento de la contribución a la financiación de las actividades de las ONGD para el cumplimiento de su misión. Defendemos que la cooperación para el desarrollo no es sólo una cuestión de solidaridad, enmarcada en el ámbito privado; es una cuestión de justicia que se sitúa en la esfera pública y se construye con la participación de la ciudadanía.

¿Ante esos escenarios qué alternativas tenemos?

En estos dos escenarios, y sobre todo en el segundo contexto de la mal llamada crisis o desfalco que estamos padeciendo, las ONGD debemos empoderarnos nuevamente (supone creer en nuestras capacidades y potencialidades) y poner pasión en nuestro principal rol que es la transformación de nuestras sociedades. El primer paso que hemos dado es defender nuestro derecho a existir y a contar con un entorno propicio que permita espacios de participación y diálogo transparente y una financiación suficiente que garantice el ejercicio de nuestros diferentes roles y nos permita ejercerlos con calidad y eficacia. Siendo esto aún más necesario en contextos en los que existe una amenaza y una hostilidad por parte de los gobiernos y de los políticos que ha llevado a confrontaciones y descalificaciones públicas con la connivencia de algunos medios de comunicación.

Creemos por ello que es imprescindible visibilizar el valor agregado de las ONGD y reconocer su papel. Reivindicar el reconocimiento de su experiencia acumulada y sus buenas prácticas. Reivindicar nuestro rol como actores para la democracia, la equidad y la justicia.

En segundo lugar debemos mirar a nuestra identidad y nuestros orígenes que nos exigen que nos “repoliticemos”, que recuperemos ese concepto noble de la “política” que nos viene desde Aristóteles y que la ve como puente natural entre comunidad y sociedad y entre ser y deber ser. Lo que debería suponer una clara voluntad de llegar a ello por parte de las personas responsables de nuestras organizaciones.

Esto implica ir más allá del rol de gestoras de proyectos y de acciones de desarrollo. En muchos casos se trataría de volver a nuestros orígenes de mayor militancia, de mayor compromiso político y revisar nuestra capacidad de transformación del actual modelo que nos rige. Así nacimos muchas, no sólo a la sombra de los recursos económicos para ejecutar proyectos, sino para estrechar lazos con organizaciones y plataformas de otros contextos en defensa de los derechos humanos, para luchar contra las dictaduras, para fortalecer la gobernanza, para colaborar con los movimientos feministas o los movimientos indígenas.

Y como entonces, ahora tenemos que aprender a comunicar lo que hacemos con el lenguaje de la gente de la calle, a recuperar la empatía, las bases sociales, la militancia. No se trata de esas campañas en las que nos ponemos un delantal de la ONGD XX para captar socios. Va mucho más allá, implica educar en ciudadanía global, educar para la interdependencia y la Paz. Tenemos el reto de empoderar a la ciudadanía para que asuma la cooperación como algo suyo, para que la ciudadanía se embarque en nuestras acciones, no como espectadora o donante sino como participante, socia fundamental en los procesos de cooperación.

Recordar que nuestro rol fundamental es y ha sido el de colaborar e incidir en la transformación social de nuestros contextos, a nivel local, nacional e internacional. Esto es “repolitizarnos”. Contribuir al cambio con aquellos movimientos que creen que “otro mundo es posible.

Repolitizarnos supone también repensar nuestras estrategias de diálogo político no como francotiradoras sino conjuntamente fortaleciendo las estructuras que nos hemos dado, a través de las diferentes Coordinadoras y Plataformas.

Desde la Coordinadora de ONGD promovemos la urgencia de responder con estrategias y acciones articuladas, más comprometidas, mejor orientadas y con planteamientos más estratégicos hacia nuestro objetivo. Somos actoras de movilización y transformación social y nuestra principal motivación es la consecución de un mundo más justo y equitativo.

Las ONGD debemos avanzar hacia un modelo estratégico de alianzas para el desarrollo. Esto nos hace ver en la importancia de reorientar nuestro trabajo hacia el cambio político y social, lo que pasa por la reactivación de sus conexiones con la sociedad civil, de re- crear las relaciones con otros actores sociales. Necesitamos construir poder colectivo para construir alternativas en colaboración con los movimientos sociales. Ello pasa también por fortalecer las relaciones entre nosotras, al interior de la propia Coordinadora de ONGD y con otros actores.

El fortalecimiento de redes y coaliciones de las OSC a nivel local, regional y global, es uno de los factores más relevantes en la construcción de una sociedad civil global, informada, participativa, crítica y organizada. Permite el fortalecimiento de los lazos de unión y solidaridad entre sociedades y organizaciones, facilita el diálogo hacia una visión compartida del desarrollo y posibilita la participación en la discusión de temas globales, aumentando nuestra capacidad de influencia en los ámbitos internacionales de decisión.

Es tiempo de crear nuevas relaciones y alianzas. En primer lugar con redes y plataformas de los diferentes Continentes con los que colaboramos, pero también con otros actores de la cooperación, empresa social, sindicatos, universidades, con los movimientos sociales, y con las propias administraciones públicas siempre que esto sea posible. Alianzas estratégicas para promover, vigilar, monitorear y exigir la coherencia de políticas a nivel nacional e internacional, como principio que asegure que los efectos de las políticas económicas, financieras, agrícolas, energéticas, comerciales, empresariales, de las industrias extractivas, no afecten de forma negativa a los objetivos de desarrollo. No podemos olvidar que la Cooperación y la AOD, es sólo una pequeñísima parte del gran entramado económico, político y social que tiene un impacto mucho mayor en el desarrollo de los pueblos y de las personas. Tenemos que reclamar el derecho a participar en todas las políticas que afecten al desarrollo de los pueblos.

Las ONGD compartimos con otras organizaciones, movimientos sociales y con la mayoría de la ciudadanía una gran preocupación ante los recortes de derechos fundamentales y ante los ajustes presupuestarios centrados en las políticas sociales que sirven exclusivamente para asegurar el pago de la deuda y sus intereses. Consideramos que esta política no es la consecuencia inevitable de la crisis económica, sino que estamos ante un cambio de modelo político que pone la defensa de los derechos humanos y el bienestar de las personas y de los pueblos en un segundo plano.

Creemos que se puede seguir otro camino y para ello hemos hecho propuestas y continuaremos realizándolas hasta que logremos que se pongan en práctica. Sí hay dinero para mantener las políticas sociales en España y además y contribuir a nuestros compromisos internacionales de cooperación al desarrollo. Y esto es así porque no se trata de reducir gastos, sino de aumentar ingresos.

El fraude fiscal en nuestro país se sitúa en torno al 20-15% del PIB español; si se persiguiera firme y eficazmente, ¿cuándo dinero podría recaudarse? Si se redujera la economía sumergida podrían recaudarse 38.577 millones de euros; si se impusiera una tasa a las tran- sacciones financieras de un 0,05%, España podría recaudar 5.000 millones. ¿Y qué ocurriría si se prohibieran los paraísos fiscales? ¿Cuántos fondos supondría para las arcas del Estado?

Aplicando medidas como estas podría obtenerse la recaudación suficiente para garantizar las políticas públicas que el gobierno está dinamitando: educación, sanidad, justicia, dependencia, cooperación, igualdad, etc.

Pero no sólo es un problema de recursos, también hemos realizado propuestas relacionadas con la orientación de la política de cooperación hacia la erradicación de la pobreza y reforzando la trascendencia de la Coherencia de Políticas, es decir que el resto de las políticas (comerciales, energéticas, migratorias, de defensa, etc.) no tengan un impacto negativo en el desarrollo de las personas. Actualmente ya no es suficiente hablar de brecha Norte/Sur, los nortes están en todos los contextos y los sures con sus millones de pobres se encuentran en todo lugar. Las desigualdades, la acumulación de la riqueza, la injusticia, la violación de derechos, la exclusión social tienen presencia global. Quienes especulan con las hipotecas de alto riesgo son exactamente los mismos que lo hacen con los alimentos, provocando crisis económicas en unos lugares y hambrunas, en otros. Como sociedad civil que somos, estamos junto a otros ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo en un mismo barco, navegando a contracorriente y con un mismo objetivo. Los retos que tenemos por delante son muchos, las oportunidades de construir de manera conjunta y generar cambios, lo son también.©

 NOTAS 

1. Sin agotar otras definiciones, la Coordinadora de ONGD entiende que el concepto de OSC comprende a las ONGD, grupos comunitarios, organizaciones de mujeres, movimientos medioambientales, organizaciones religiosas, asociaciones de derechos humanos, asociaciones profesionales, sindicatos, movimientos sociales o cualquier agrupación de personas que se organizan para actuar en el campo de lo público en busca del bien común, y no buscan ni el lucro personal ni el poder político
2. Tal y como se reconoce en los Principios de Estambul. Asamblea General del Foro Abierto en Estambul. Septiembre 2010
3. Tal y como se reconoce en Plan de Acción de Accra (2008) Busan (2011) Constitución Española 1978
4. Cáritas Española en 1942, Misión y Desarrollo en 1956 (posteriormente Intermon y en la actualidad Intermon-Oxfam), Iepala en 1958, Manos Unidas en 1960, Médicus Mundi en 1962, señalan el inicio de la participación de las ONG de Cooperación Internacional, en un momento en el que nuestro país era todavía receptor de ayuda.
5. Renovando el Papel de las ONGD. Hacia la transformación social. Editorial 2015 y más. 2011


Mercedes Ruiz-Giménez Aguilar

Presidenta de la Coordinadora de ONGD


 

¿Hay alternativas a la crisis?

¿Hay alternativas a la crisis?

La compleja situación actual de crisis y las posibles alternativas para superarla ocupará el monográfico de nuestro número 983, en el que habrá importantes firmas que tratarán este tema desde distintas perspectivas. A parte de un análisis de la situación, se recoge una mirada hacia el futuro.


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