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Derechos humanos ignorados en la crisis capitalista

Escrito por: Luis Acebal Monfort
Enero - Febrero 2013

Hemos celebrado el 64 aniversario de la Declaración Universal. ¿La jubilaremos a los 65?

Crisis internacional y derechos humanos

Estamos en una crisis legal internacional. Hasta ahora el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (DIDH) se dedica a proteger la dignidad de las personas contra los crímenes de lesa humanidad, los ataques a la población civil, el genocidio, la agresión, la tortura, la esclavitud y trata de personas y la delincuencia organizada transnacional. Los delitos más extremos se denuncian a Tribunales internacionales, o a jurisdicción universal. Pero el derecho internacional no está tan adaptado al delito financiero, al paraíso fiscal, etc.

También existen crisis legales nacionales: los derechos humanos se han extendido en los Estados que los han hecho suyos vinculándose a cumplirlos en sus internos ordenamientos jurídicos y políticas públicas. Las instituciones del Sistema de las Naciones Unidas les practican un control relativamente light, una supervisión regular y periódica, recepción de denuncias y formulación de recomendaciones por parte de los Órganos de los Tratados. En los Sistemas Regionales de Derechos Humanos, Europeo, Interamericano y Africano, se condena a los Estados infractores cuando en su jurisdicción interna tal o cual derecho no ha sido protegido. Ocurre que los Estados ejecutan tales sentencias a su modo (para ejemplo de negligencia: España). Pero, además, los Estados tampoco suelen tener legislación interna eficaz frente a los crímenes financieros de la sociedad actual.

¿Por qué tanta laxitud? ¿Cómo nuestros presuntuosos países “avanzados”, orgullosos de su militancia por los derechos humanos, no tienen en cuenta de hecho su vinculación con tales derechos, por cierto indivisibles e interdependientes? Intentemos responder a esta cuestión constatando que lo hacen por algunas de estas razones:

  • Razón retórica: se diría que es una mala costumbre interestatal el que se ratifiquen tratados vinculantes de derechos humanos sin que en el mismo momento de hacerlo el Estado en cuestión tenga intención de aplicar en serio aquello a lo que se vincula. ¡Es la política al uso! ¡Todos lo hacen! Esta “razón” es una frecuente sinrazón.
  • Razón “armada”: un Estado usa un derecho humano (que ratificó y no cumple) contra un país donde ese derecho no existe, ni sobre el papel. Los derechos humanos como “armas” frente a países enemigos o adversarios. El Consejo de Derechos Humanos se aburre de oír inútiles peleas entre USA y Cuba, entre Islámicos y “occidentales”, etc. Se defienden formalmente unos derechos para esgrimirlos contra alguien.
  • Razón interesada: se legitiman como derechos humanos acciones que les son ajenas. Preservación de áreas de influencia política en zonas ex, o neo-coloniales. Promoción de intereses económicos y fomento de inversiones propias, mezcla cínica de derechos con intereses. Todo vestido de cooperación al desarrollo: generosa aspirina ética.
  • Razón ignorante: ¿qué son los derechos humanos? Ni sabe ni contesta: Ejemplo España.

España: aparente ignorancia general de las obligaciones de derechos humanos

No voy a copiar los artículos 27.2 y 10.2 de la Constitución Española, ni tampoco el 96.1 que dice que el DIDH (Derecho Internacional de los Derechos Humanos) está vigente aquí. Quien no tenga a mano la Constitución, tómela de Internet y lea los textos, que obligan a ofrecer educación dirigida al desarrollo de la personalidad, interpretada según los tratados de derechos humanos ratificados por España. Y téngase en cuenta que el derecho a la educación no es privativo de los “niños”, sino de “todos”, cosa especialmente urgente para los adultos en un país que ha recorrido 40 años de dictadura primero y luego 37 de supuesta democracia, donde ningún Gobierno ha establecido una educación en Derechos Humanos en cuanto tal.

Esta ignorancia es mayúscula y generalizada. Expongo un caso a los lectores como muestra. Cuando el Gobierno de España ha concedido dos indultos a policías condenados por tortura, frente a la previa oposición judicial y del fiscal del caso, infringe gravemente la Convención Internacional contra la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, ratificada por parte de España y publicada en el BOE 268 de 09-11-1987. No hay excusa posible para tal delito si no suponemos que el Gobierno de España no tiene conocimiento presente de esta normativa, es decir, ignora práctica y eficazmente un tratado muy importante de derechos humanos que le vincula. Deberíamos imaginar que ha sido sólo ignorante de una obligación frente a la que no se puede invocar ni una disposición de rango nacional (Tratado de Viena), ni circunstancias excepcionales, ni supuestas órdenes o autorizaciones de un funcionario superior (Convención citada).

Ignoramos qué razones “pragmáticas” (no expresadas) movieron al Gobierno a tanta equivocación. Pero sólo podemos suponer que se trata de ignorancia muy grave, única alternativa a la prevaricación. Puesto que así podría definirse la violación consciente de una ley internacional que vincula a España en la medida en que este derecho prima sobre el nacional, cuánto más si la Ley del Indulto es más de un siglo anterior a la Convención. La Ratificación de un tratado internacional debe conducir a la modificación de aquella legislación nacional previa que contradiga al tratado. España por este principio llegó una vez hasta a modificar la Constitución de 19781.

En verdad es forzoso suponer que un miembro del Gobierno (como cualquier adulto español), salvo sus posibles legítimos y honrosos intereses personales de aprendizaje particular, dada la situación de la educación en derechos humanos en España:

No ha recibido educación en derechos humanos durante sus currículos de enseñanza primaria o secundaria.

Ni durante sus estudios de bachillerato.

Ni en su universidad, sabiendo que incluso en muchas Facultades de Derecho aún no se tratan los derechos humanos o sólo de pasada, sin detenida atención.

Puede pensarse que, entre los centenares de tesis de oposición a algún alto cuerpo de la Administración, algún actual miembro del Gobierno haya guardado memoria fehaciente de estos temas. De ser así supondremos que, en la correspondiente deliberación, habrá expresado su desacuerdo con estos indultos. La Historia se lo premiará.

Por favor, entiéndanme bien. No critico a este Gobierno de España. Es más grave. Sólo muestro hasta dónde se puede llegar, a propósito de un caso reciente del que hemos sido informados. Y la altura institucional del ejemplo revela la magnitud del problema. El mal paso de un Gobierno es testimonio de cómo falta una educación en derechos humanos en España. Todos los gobiernos han fallado aquí por omisión desde 1978. El actual está en rodaje y puede tropezar más veces. Por lo demás, contamos con anécdotas de la misma ignorancia entre miembros de la judicatura, altos cargos, catedráticos universitarios y demás ciudadanos escogidos. ¿Qué decir del resto de la gente de a pie?

La pasada asignatura de “educación para la ciudadanía” asumió la coletilla “y los derechos humanos” no por iniciativa del Gobierno de turno, sino por la aceptación por amplia mayoría de una adición propuesta por CiU. Por lo demás, un porcentaje de la ciudadanía celtíbera, políticos y autoridades católicas, aderezado con salsa mediática, consiguieron crear un clima que ha terminando con tal asignatura, incluidos los ignorados derechos humanos.


CRISIS POLÍTICA, ECONÓMICA, SOCIAL, CULTURAL, MORAL, LEGAL

  • Crisis política: los Estados pierden poder, los que se han vinculado solemnemente a la defensa y promoción de los derechos humanos ya no saben qué hacer, han perdido el norte.
  • Crisis económica: la economía reducida a finanzas movidas electrónicamente de uno a otro lugar. El acreedor ya no da palizas mafiosas y nocturnas al deudor, pero exhibe contratos tramposos mal leídos, según leyes obsoletas, para llevarse la deuda y la garantía. Si el deudor es público o privado se le somete igual. El Estado da beneficio, ¿por qué no privatizar también el Estado?
  • Crisis social: los pobres crecen y se multiplican y los ricos lo son aún más. La acumulación es el fenómeno. Y en países como el nuestro la gente tiene más que perder. “Que lo pierdan, y me lo llevo, que yo lo he financiado”. Sociedades empobrecidas, derechos sociales en crisis. Malestar. “Invertiremos, dice la finanza, cuando ya todo sea nuestro”.
  • Crisis cultural: el dinero es lo importante, el valor por excelencia. El dinero crudo, por sí mismo, arrancado con violencia sofisticada, envuelta en apariencia legal. Reparto de ignorancia: entretenimiento de masas, multiplicación de secretos, todo es espectáculo, todo apariencia y simulacro, contenidos sin crítica; que se entretengan sin saber economía, ni política, ni leyes; que aprendan cosas técnicas y se ahoguen en un mar de informaciones contradictorias. Picarán como pardillos, mientras adoran el éxito y a los exitosos. Se identificarán con ellos sin preguntar cómo lo han conseguido. Propietarios de medios de comunicación, simulando libertad de expresión. Populismo dorado.
  • Crisis moral: enfermó la ética. Que las religiones adoren también al oro del becerro. ¡Ah! Y que los partidos políticos aparezcan también en la misma clara lista de deudores; se les marcarán líneas rojas; y si se salen de madre, se les ejecuta cada préstamo.
  • Crisis legal: nuestros sistemas no estaban preparados para esto. Hay cosas previstas en leyes arcaicas. Y muchas otras directamente imprevistas. Y cosas ocultas, obscenidades de las que está prohibido hablar. No se debe plantear un impuesto a movimientos de capital; ni persecución y muerte de los paraísos fiscales; tampoco es sano denunciar el tráfico de armas y consiguiente explotación financiera de la guerra y de la muerte; ni hay que revolver en el derecho de libre competencia contra pactos reales cuando, conjurados “mercados” e “inversores”, invocan “convergencias casuales” de intereses. Tantas vergüenzas es mejor callarlas.

En fin, esta es una crisis financiera internacional: “Millonarios (y simpatizantes) de todos los países, uníos”. Y, una vez suficientemente unidos, se lo irán repartiendo. Es la “globalización” financiera, distinta de una supuesta mundialización de la economía real y menos aún de los derechos comunes a toda la humanidad, es decir, de los derechos humanos.


¿Se puede salir de esto?

Sí, sin duda. El cuándo es un misterio. Para que en esta crisis se recomponga el respeto a la dignidad humana que exigen los Derechos Humanos tiene que cambiar el clima ético y cultural de toda la sociedad, lo que quizá aparezca cuando toquemos más fondo. Tras celebrar los 64 años de la Declaración Universal se diría que se prepara su jubilación, todavía a los 65. Como colectivo humano en el mundo es claro que hemos de vivir nosotros algo peor para que el planeta sea capaz de alimentar y educar decentemente a su población. Pero la cuestión no está sólo en el grado de riqueza económica. Se puede vivir sin tanto trasto inútil, con más justicia, salud (física y mental) y felicidad. Para ello hemos de lograr crecientes grados de sentido crítico colectivo, capacidad de aprendizaje, abierta visión del mundo y de nuestro lugar en él, todo en un obligado respeto de la persona.

Esta verdadera conversión se alcanza, para empezar, cambiando nosotros, usted y yo, y los que puedan alrededor. De momento, parece que mandan los intereses más mediocres. Así nos va. Pero no perdamos el humor, que es nuestro y no nos lo quitarán.©

1. La presunta ignorancia se agrava con un antecedente. El Comité de las NN UU contra la Tortura había censurado a España en 2005 (Doc.CAT/C/34/D/212/2002) por haber indultado el Gobierno en 1999 a tres guardias civiles condenados por torturas en sentencia de la Audiencia Provincial de Vizcaya (1997). El Comité afirmó que al proceder al indulto se habían violado los artículos 2, 4 y 14 de la Convención.


Luis Acebal Monfort

Asociación Pro Derechos Humanos de España


 

¿Hay alternativas a la crisis?

¿Hay alternativas a la crisis?

La compleja situación actual de crisis y las posibles alternativas para superarla ocupará el monográfico de nuestro número 983, en el que habrá importantes firmas que tratarán este tema desde distintas perspectivas. A parte de un análisis de la situación, se recoge una mirada hacia el futuro.


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