16Diciembre2017

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Un año en Suiza. Bien, aunque...

Escrito por: Virginia Fernández Aguinaco
Noviembre - Diciembre 2014

Entrevista con unos "recién emigrados"

Leo en la Wikipedia: Appenzell es una comuna y distrito suizo, capital del cantón de Appenzell Rodas Interiores 

Vale. También admiro un video en la página oficial de la Comuna en el que se despliega el encanto de un ideal pueblecito suizo “con todo”: majestuosos Alpes al fondo, casas limpias y cuidadas, muchas flores, excelentes zonas para el deporte y la vida ciudadana, lagos y bosques…
Además es el lugar de residencia de una familia española formada por un matrimonio y dos niños. Llevan una año
Pregunto por qué están allí.

Mario.- ¿Por qué? Bueno, es largo de explicar. Para empezar, no somos el caso más típico. No hemos llegado sin papeles, no hemos hecho una dura travesía (son dos horas de avión), ni hemos escapado de alguna situación imposible. En fin, no ha sido por una necesidad perentoria. Los dos teníamos empleo, disponíamos de lo necesario y de vez en cuando nos dábamos algún capricho… pero, supongo que como todo el mundo, quisimos mejorar. Sobre todo en lo laboral: tenemos una cierta preparación, creo que superior a lo que estábamos desarrollando en nuestros puestos de trabajo, y en España, en aquel momento, no se daban muchas ofertas para gente de nuestra edad… (se ríen). Digamos que estamos mucho más cerca de los cuarenta que de los treinta.

P.-Entonces ¿Qué hicisteis?
Elena.- Fue todo un poco casual, a mi me surgió una oportunidad de empleo en una buena empresa en Suiza. Casi por tentar la suerte me presenté. Tuve que poner a prueba mi alemán y el inglés, ¡hasta superé una entrevista en francés! Y fui seleccionada… A partir de ahí, pensarlo mucho, informarnos acerca del país, de las leyes, de las condiciones de la economía…, José se puso a estudiar alemán a marchas forzadas… y por fin nos decidimos.
M.- Por supuesto también y en primer lugar, pensamos en los peques. El mayor no había cumplido aún los tres años y el pequeño tenía año y medio. Nos pareció que si queríamos correr la  aventura de salir de España tenía que ser ahora o nunca, los nenes no tendrían que soportar una adaptación difícil o sentir el desarraigo, porque todavía son pequeñitos. Además nos hablaron maravillas de la educación en Suiza. Si pasados doce o quince años regresábamos, ellos estarían en condiciones muy ventajosas, con una buena formación y tres idiomas. Bueno, vimos muchas ventajas, creímos que era el momento y nos lanzamos.

P.- ¿Cómo fue la llegada?
E.- Me incorporé a la empresa en junio. Mario y los niños se quedaron en España. Yo volví a Madrid al final del verano y ya vinimos los padres con todo lo que pudimos empaquetar y cargar en el coche (no cabía ni un alfiler). Mario llegó con un nivel aceptable de alemán y dispuesto a buscar trabajo, pero también nos tuvimos que ocupar de acondicionar la casa y comprar algunos muebles y sobre todo de los trámites de residencia, seguros, impuestos, tasas…

De los niños se cuidaron en España las abuelas hasta que en Navidad fuimos a buscarlos. Fue bastante duro, primero el tiempo que estuve sola, buscando casa, intentando resolver esos asuntos de la instalación y los permisos de residencia y luego, ya con Mario, sin los niños. Cuando pienso en esas madres que emigran porque no les queda más remedio y tardan no meses, sino años en reunirse con sus hijos, a veces muy pequeños, siento una pena enorme. No sé cómo pueden resistirlo… yo los eché tanto de menos…

P.- ¿Y los comienzos, ya reunida la familia? 

M. Bien, Elena y yo ya teníamos localizado todo lo que podía ser necesario, la casa bastante arreglada, y a dónde podríamos llevar a los niños. Vaya que hicimos un poco de turismo por la zona y nos gustó el paisaje, lo seguro que es, la tranquilidad, los muchos espacios para jugar y hasta lo limpia que está la atmósfera. Bueno, pues con los niños ya aquí nos dedicamos a explorar. Yo seguí estudiando alemán en un centro de Zurich un par de veces por semana y enviando curriculos a empresas de las proximidades.

P.- ¿Y qué pasó?
M.- Ahí empieza lo difícil, porque he tardado un año en encontrar trabajo en programación informática que es lo mío. La cosa es que tuve algunas entrevistas y no resultaron un éxito precisamente porque yo intentaba hablar en alemán… y mis entrevistadores me respondían en suizo-alemán, que parece lo mismo pero es muy, muy, diferente.
E.- Imáginate que un sueco, pongamos por caso, estudia un español de academia y consigue entenderlo y hablarlo pero se va a trabajar a, yo qué sé, una aldea de Galicia en la que casi sólo se habla en gallego… No entiende nada, claro. A mí no me ocurrió, salvo algún tropiezo con algún cliente, porque mis compañeros de trabajo, aunque habitualmente usan el suizo alemán, hablan también el llamado alto alemán que es el que yo había aprendido en los años del Erasmus.

P.- Y ahora que trabajáis los dos y tenéis alguna rutina, ¿Cómo os sentís? ¿Creeis que os estáis adaptando, que tenéis ya algún nivel de integración?
M y E.- (Hablan casi a la vez) ¡Nooo! M.- Eso llevará más tiempo… si es que llega a producirse.
E.- Esperamos que los niños sí se adapten a este nuevo país cuando comiencen su escolarización, pero nosotros, no sé.
M.- A ver, depende de lo que se entienda por integración. Digamos que pretendemos no molestar demasiado a “los vecinos”, comportarnos civilizadamente y aceptar sus reglas, que es lo normal, pero sentirnos parte del país… eso es otra cosa y aún es muy pronto.

P.- ¿Difícil?
E.- Bastante, creo. Y una vez que estás aquí, te das cuenta de hasta qué punto. Desde España, venir a Suiza parecía casi como cambiar de provincia, ir de Sevilla a Santander o cosa así. Se trata de una nación europea, nada exótica ni sumamente diferente en apariencia… La gente se viste igual, utiliza los mismos medios de transporte, los mismos electrodomésticos, compra los mismos productos, tiene las mismas costumbres de limpieza y sólo algo diferentes en la alimentación, pero nada extravagante como comer gusanos o insectos. Pero para sentirse “parte” uno tiene que poder decir con naturalidad “nosotros” y que en ese nosotros estén comprendidos los nativos. En fin, cuando yo digo nosotros me refiero a nosotros cuatro y ¡todos los demás son ellos!

P.- ¿Creéis que os discriminan, que hay prejuicios contra los inmigrantes por parte de la población suiza?
M.- No sé qué decir. A veces me siento incómodo y creo que a Elena le pasa lo mismo, pero no hablaría de prejuicios ni de discriminación exagerada. En general es gente muy educada. Pero desde luego te hacen sentir que eres extranjero… y que te hacen un favor permitiéndote vivir en su país que consideran el mejor del mundo.

E.- De temperamento y de mentalidad. Hay muchos criterios y formas de ver la vida que sorprenden porque presentan diferencias muy profundas. A mí me hace reflexionar mucho sobre lo que es importante en la vida. Aquí parece que lo tienen todo. Miras a tu alrededor, paseando por el pueblo y ves abundancia, bienestar, prosperidad y… (lo digo en voz baja para que no se enfaden los “vecinos”) un poco de aburrimiento. Una cosa que me causa asombro es que las guarderías son carísimas y que la inmensa mayoría de las mujeres casadas no trabaja fuera de casa y hasta se mira con algún recelo a la que estima importante una dedicación profesional… Creo que en España es todo lo contrario: hay un cierto menosprecio hacia la mujer que es sólo ama de casa. Aquí, goza de toda la consideración, pero se encuentra normal que sus estudios y formación intelectual estén por debajo de los de los varones. En esta comuna las mujeres no pudieron votar hasta 1990…
M.- Otra diferencia que hemos notado bastante es la escasa capacidad para improvisar, (se ríe), a lo mejor es lo propio del país de los relojes… En serio, es que llama la atención que para tomar un cafe con un conocido, (porque hasta ahora sólo tenemos conocidos más o menos amistosos, pero aún no son amigos) necesiten programarse con dos semanas de anticipación. Bueno, a lo mejor exagero, pero eso de encontrase por la calle y entrar en el primer bar de la esquina a tomar un café o una cervecita, aquí no se estila. Hay que pedir “cita previa”. Eso sí, si la pides, la puntualidad está bastante asegurada…

P.- ¿Os arrepentís de haber salido de España?
M.- Hay momentos de depresión, claro, cuando en alguna situación notas que no significas nada, que no eres nadie para los habitantes del país. Bueno, me ha salido un poco dramático, dejémoslo en que sientes que no importas mucho… Pero eso, de algún modo, formaba parte del paquete. Cuando se toma la decisión de salir del entorno y casi del barrio de toda la vida, sería iluso pensar que no va a haber momentos malos, ni dificultades. Queda mucho por conocer y comprender del país anfitrión y seguramente nos esperan cosas muy buenas.
E.- Yo creo lo mismo. Las cosas han ido razonablemente bien y esperamos que lo mejor esté por venir. Entre los inmigrantes del mundo, nosotros, seguramente, somos de los más privilegiados.©


Virginia Fernández Aguinaco

Colaboradora de la revista Crítica - Entrevista -.


 

Las migraciones en un mundo globalizado

Las migraciones en un mundo globalizado

El monográfico trata sobre los movimientos de población en la actualidad, la inmigración y emigración más cercana, tras nuestras fronteras, también más allá de ellas, la realidad que se corresponde al mundo globalizado en el que vivimos. ¿Cuáles son los datos más actuales sobre la inmigración y la emigración?, ¿Qué perspectiva se espera en un futuro cercano?, ¿Cuál es la situación en España?, ¿Cómo es la situación de los refugiados en nuestro país?, ¿Qué hay detrás de las mafias que trafican con personas?, ¿Conocemos cuál es la realidad de la infancia que emigra?, ¿Qué suponen las devoluciones en caliente y en qué punto se encuentra éste planteamiento?... Muchas preguntas que atenazan una situación en el que las diferencias son cada vez más acuciadas entre aquellos que lo tienen todo y los que no tienen nada. En un mundo globalizado toda circunstancia nos atañe a todos ya que éstas no entienden de líneas fronterizas.


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