21Noviembre2017

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Entrevista con Paloma Escudero, directora de UNICEF España

Escrito por: Virginia Fernández Aguinaco
Noviembre - Diciembre 2011

Derechos del Niño, para todos los niños y en todos los países

UNICEF España ocupa un local bastante amplio en Mauricio Legendre, a espaldas de la estación de Chamartín y a poca distancia de la Plaza de Castilla en la capital madrileña. Un local que luce, dentro y fuera, el característico azul de la organización. Se respira, en esta sede, un ambiente de intenso trabajo… entusiasmante. Da la impresión de que quienes están en la tarea lo hacen con ilusión, con ganas. La calidez de la acogida y el clima de confianza facilitan una entrevista muy cordial y amigable. Paloma Escudero es quien dirige estos laboriosos equipos. Una mujer joven y animosa, que llegó a UNICEF tras una larga trayectoria de éxito profesional pero también de aventuras como voluntaria alrededor del mundo…

Me pregunto, sin embargo, si realmente estas organizaciones son eficaces en países, como España, en los que la infancia no padece malnutrición y parece estar bien atendida en todos los aspectos. Es lo primero que planteo…

–Cuando se leen informes de la UNICEF, en países de África, de Hispanoamérica, Asia… se ven cosas prácticas reales y concretas que lleva a cabo la organización, pero en España, donde parece que los niños están bien atendidos ¿Cuál es vuestra misión? ¿Qué eficacia tiene UNICEF España?

–UNICEF está trabajando en ciento cincuenta y nueve países en desarrollo con programas que podríamos llamar de supervivencia infantil: de agua, saneamiento, nutrición, salud, educación y también de protección contra el abuso sexual, la explotación laboral… y a todos los niveles: desde el acuerdo de políticas con los gobiernos hasta el apoyo a la última ONG que está en el ámbito rural. Eso es un trabajo de campo, de terreno. UNICEF además está en lo que antes eran los países ricos, los países desarrollados. Ahí cuenta con treinta y ocho comités nacionales sin programas de ejecución directa porque eso lo lleva a cabo, bien el Estado, bien otras organizaciones. Pero tenemos un mandato muy claro que es el de garantizar el cumplimiento de la Convención de los Derechos del Niño. No trabajamos, por ejemplo, en una barriada con niños excluidos. Lo que sí hacemos es garantizar que las políticas públicas, tanto a nivel nacional, como autonómico, como municipal tengan la información necesaria y apliquen las medidas adecuadas para atender a esta población.

No deja de ser un dilema en las organizaciones ¿Debemos atender a la ejecución o debemos atenernos a lo que es investigación y definición de políticas y a su seguimiento?  En este momento en España hay muchas organizaciones que están trabajando “sobre el terreno” y nosotros lo que hacemos es apoyarlas en lo que posiblemente no están tan especializadas. UNICEF colabora con otras muchas organizaciones como Cáritas, Foessa, Cruz Roja, etc. Por poner un ejemplo: estamos con la Federación Española de Municipios en el programa “Ciudades amigas de la infancia”; con esa perspectiva, se plantean parlamentos infantiles para que los niños participen en todo lo que pasa en su municipio o se abren espacios en los que cualquier decisión que se tome en Educación tenga en cuenta el impacto en la Infancia. Nuestro rol no es organizar grupos de voluntariado de jóvenes, es más bien incentivar para que esos grupos de voluntarios jóvenes puedan participar en la vida municipal. Lo importante de esto es que somos uno más, trabajamos siempre en red con otras organizaciones .

–Has hablado de garantizar que se actúe de acuerdo con la Convención de los Derechos del Niño. Pero ¿Qué capacidad real tenéis de garantizar, es decir de hacer que se cumpla el convenio?

–Hasta cierto punto. No tenemos ningún poder coactivo sobre los gobiernos. Pero se puede hacer. Desde la Declaración de los Derechos del Niño, se creó, auspiciado por la ONU, un Comité de los Derechos del Niño constituido por dieciocho expertos que evalúan a una serie de gobiernos sobre el cumplimiento de la Convención. España fue evaluada el año pasado. Tuvo que presentar todos sus avances en sus políticas de Infancia. En este caso, UNICEF tiene el derecho de comparecer con sus estudio propio. Presentamos un estudio exhaustivo sobre el seguimiento de los Derechos del niño en España, en todos los aspectos: Educación, Salud, Protección, Justicia… Muchos de los temas que sacó a la luz UNICEF fueron sometidos a estudio y evaluación por el comité e incorporadas a sus observaciones. Ahora, UNICEF no tiene ninguna capacidad coercitiva, pero sí puede influir y de hecho influye de forma relevante. Por ejemplo, a raíz de ese informe, se nos encargó un seguimiento no sólo del Gobierno Central, sino de las Comunidades Autónomas de cómo se estaban llevando a cabo las recomendaciones del Comité de la Convención o cómo se podrían poner en marcha, etc. Hay una mayor conciencia y este hecho lo prueba. Ahí es donde alcanza nuestra capacidad de “garantizar”.

–Parece que los Gobiernos son sensibles…

–Cuando se ponen los datos y la información encima de la mesa y son investigaciones e información realizadas por un conjunto de organizaciones creíbles, escuchan. Además nuestros informes pueden ir avalados con datos de la Unión Europea… Hemos sacado a debate el impacto de la crisis. Se está teniendo en cuenta, gracias a Dios, que es más grave en discapacidad, en tercera edad, en mujer y en niños. Hasta ahora no se había puesto encima de la mesa lo que supone para los niños. Ahora habrá que pasar de las palabras a los hechos. Será la labor de la siguiente fase. En países como España especialmente hemos de velar por los niños “más invisibles”.

–De todo lo que conoces, ¿cuáles son los problemas que más te inquietan?

–Muchas cosas… Tal vez, lo más doloroso es constatar que hay niños en riesgo de pobreza que son invisibles. El modelo familiar ha cambiado muchísimo en los últimos años. Antes, cualquier niño por muchos problemas económicos o de disfunciones de su entorno, tenía una familia extensa, no estaba “abandonado”. Estaban los abuelos, los tíos… Normalmente contaba con dos progenitores que cuidaban de él. Ahora el modelo de familia con mayor riesgo de pobreza es el de una mujer, con frecuencia inmigrante, con empleo precario o en paro que tiene que sacar adelante ella sola a dos tres niños y que no tiene ningún soporte: ni familiar, ni vecinal, ni social. Y con escasos apoyos desde la Administración. Este fenómeno de pobreza infantil está creciendo y las políticas sociales no se han adaptado suficientemente a estos nuevos modelos de familia. En este aspecto de riesgo y pobreza infantil estamos muy por encima de la media de la Unión Europea y sin embargo contamos con una inversión social muy inferior.

Otro tema es el de los trastornos de conducta, que es un aspecto muy desatendido. Cada vez más se dan casos de niños –adolescentes, la mayoría– que necesitan apoyo por trastornos de conducta. No es que tengan asuntos con la justicia, pero a veces sus familias no pueden dar respuesta a esos problemas de conducta y no hay un sistema que resuelva estas situaciones. Estos niños acaban en centros que no están diseñados para eso. Se juntan con otros cuyos problemas son más de delincuencia, tienen más que ver con la justicia. Muchas comunidades autónomas quieren dar respuesta pero no disponen de centros especializados ni de personal suficiente. Funcionan muy bien los del País Vasco, y son un ejemplo para otras comunidades autónomas. Muchas comunidades nos preguntan ¿cómo hacemos? y nos encontramos con que se multiplica el número de niños que deberían –y quieren– ser adoptados por los centros y no tenemos medios. Y otro tema es el del fracaso escolar. En secundaria el nivel de abandono escolar es inaceptable. Cifras altísimas, en algunas comunidades hasta 3l ó 35 %… Adolescentes que terminan una educación y no tienen preparación personal ni profesional. Salen no preparados ni motivados.

–¿Y hay problemas de discriminación relativos a la población infantil de origen inmigrante?

–Según nuestro conocimiento en las aulas no. Los niños que tienen compañeros de otras razas o de otros países, no son racistas, no hacen discriminación por estos conceptos. Si, existe algún racismo en la sociedad. Es decir, que los niños inmigrantes no encuentran rechazo en las aulas pero sí en alguna medida en otros contextos. Hay que estar muy atentos a que realmente trabajemos en una cultura de integración y no de discriminación.

–Bueno, me hablas de situaciones especiales, pero en general ¿Cuál es la situación en España?

–Es notable que en España en general los niños se sienten muy felices. En las encuestas de bienestar infantil los niños españoles se sienten muy arropados. Se percibe un tipo de sociedad que quiere a sus niños. Pero a veces las medias estadísticas –que son muy positivas– nos hacen olvidar que hay sectores con situaciones especiales y que necesitan una especial protección.

–He leído hace poco unos datos increíbles sobre el abuso de menores. Me refiero al abuso sexual. ¡Cuatro de cada diez niños! ¿Es posible?

–Es posible que sea real. Tal vez la punta del iceberg. Os animo a hablar con la Sociedad Española de Pediatría Social. Tiene unas datos contrastados que asustan. Este tema en lo personal es el que más me toca y, unido, el de tráfico de menores.

–¿Tráfico relacionado con la prostitución?

–En efecto. El prototipo de menor con quien se trafica es una rumana de diecisiete años, una niña que viene con engaños y cuando llega a España pierde absolutamente sus derechos fundamentales y pasa a ser propiedad de mafias y proxenetas.

–Algo he leído en el informe… Alguna acción –perdona si me equivoco– pero me parece muy limitado, una cuestión sanitaria de emergencia: repartir preservativos o poco más.

-¡No, no! No puede estar en nuestros informes porque no hacemos nada de eso. Se trata, quizá, de alguna organización como Médicos Mundi que actúa directamente. Lo que hacemos nosotros es intentar sacar a la luz el problema y que tanto ley de extranjería y las leyes de protección a los menores se apliquen. Y que se pueda crear un entorno de lucha contra estas mafias. Aquí hay que trabajar muy de cerca con la policía y con aquellas instituciones que pueden sacar a las niñas de esto. Hay brigadas especiales que trabajan muy bien con personal extraordinariamente bien preparado y de gran calidad humana. Otro tema gravísimo es Internet. Hay una brigada maravillosa de la Policía –la BIT, que ha sido premiada por UNICEF– que combate la pornografía infantil, la pederastia en la red, el ciberbulling. Pero la legislación española está muy por detrás de la legislación europea. Los casos de ciberabuso tienen penas realmente irrisorias. En estos aspectos ahora hay muchísmo que hacer. Estamos trabajando con compañías de comunicaciones –Google, Orange, Telefónica, etc.– y en la información a los menores, a los colegios, a los padres, de un fenómeno que afecta cada vez a más adolescentes.

–¿Cómo has llegado a este puesto? ¿Cuál ha sido tu trayectoria?

–Todo en la vida te marca. Soy la quinta de siete hermanos. Mis padres eran unas personas muy creyentes y muy comprometidas socialmente y yo he vivido desde bien pequeña el voluntariado y el compromiso social. Hay un compromiso social que vives desde pequeña y te va acompañando. Luego estudié empresariales en ICADE. Con una beca Erasmus fui a estudiar a París. Me especialicé en marketing y entré a trabajar en Procter and Gamble. Una empresa que me permitió compaginar una vida profesional muy intensa con aquella inquietud social. Me permitieron ir de voluntaria a Perú, a Chachapoyas durante seis años. Participé también en la asociación Norte joven. Luego fui voluntaria de Intermon Oxfam… En un momento de la vida, mi marido y yo decidimos dar la vuelta al mundo. Cogimos un año sabático. Y así llegamos como cooperantes a Guatemala, en Quiché. Allí hicimos de escudos humanos. Era el fin del conflicto y el regreso de indígenas a sus hogares… Después Intermón Oxfam me ofreció abrir su departamento de políticas públicas, pero no acepté, de momento. Lo hice después en el año 2000. Fui a trabajar a Bruselas con Oxfam internacional. Hace cuatro años, la presidenta de UNICEF me ofreció la posibilidad de liderar el cambio de UNICEF España y ya con el tercer hijo, nos volvimos de Bruselas.

–¿En qué consistió el cambio?

–UNICEF tuvo una idea maravillosa que fue la de las tarjetas de Navidad. Una fuente de ingresos extraordinaria que se ha mantenido durante años. Pero eran necesidades diferentes. Hoy casi nadie felicita con tarjetas. Había, por lo tanto, que buscar otras fuentes de financiación. De modo que empezamos a buscar socios. Hemos llegado a 275.000 personas que mes a mes aportan. Las tarjetas se mantienen pero se ha reducido la tirada y además por esa vía se obtienen ingresos sólo dos meses al año…

–¿La crisis os ha afectado?

–Algo, pero no de un modo notable. La gente es fiel, las suscripciones se mantienen; en algún caso se ha reducido la cuantía, pero no se ha retirado. Cuesta más hacer nuevos socios, claro. Otra cosa que intentamos es no depender de administraciones públicas.

–¿Y cómo te las arreglas para conciliar la vida laboral y la familiar?

–Para empezar, tengo un marido maravilloso. Ya es más fácil. Según en qué casos, siendo mujer, la gente comprende muy bien. Y más en esta organización. Aquí las reuniones son entre diez y cuatro de la tarde. Llevo los niños al cole y luego los recojo. Esta es la condición. Prefiero estar en casa luego y con la blackberry y un móvil se trabaja muy bien. Y luego hay que saber delegar y delegar.

En fin, sería un contrasentido trabajar para la infancia y no atender a mis hijos: 12, 8 y 5 años, ¿no crees?©


Virginia Fernández Aguinaco

Colaboradora de la revista Crítica - Primeras personas -


 

Los menores en España

Los menores en España

Monográfico dedicado a la situación de los menores en España, desde la perspectiva de diversos especialistas y estudiosos de diferentes campos profesionales, se pone de relieve cuál es la realidad que viven hoy los menores en nuestro país. Con ello esperamos dar protagonismo a aquellos más indefensos en nuestra sociedad y hacer visible la situación precaria en la que se encuentran muchos niños/as y adolescentes que viven en un entorno hostil, tanto educativo, como jurídico, como social.


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